En la selva ladrones de madera tienen “cara de palo”

| November 24, 2009 |

Efe)

(Foto: Efe)

Ha caído la noche. Las luces del vehículo iluminan chacras, platanales, y también, vemos reflejada la vida en las aguas del Huallaga. Teniendo como cómplice una luna nueva, tal vez molesto por aquellos rayos de luz emitidos por los focos del rugido del vehículo, que se mete en lo sembríos, algún ave se asusta y vuela sin destino. Nosotros tenemos un destino: Saposoa, uno de los seis distritos de la Provincia del Huallaga, en el Departamento de San Martin.

El nombre Saposoa es un recuerdo ligado al hoy desaparecido Festival de la Canción de Trujillo. Un día los cantantes Raúl Vásquez –iquiteño-, el de llorona Plañidera”, discutía con Edwin Alvarado, también cantante radicado actualmente en los Estados Unidos, nacido en Saposoa, sobre la importancia de ambas tierras. Vásquez aseguró que Saposoa no estaba en el mapa recurriendo a su eterna ironía. Alvarado apostó que sí y se fueron al mapa. En el mapa del hotel no figuraba la “Ciudad de las Colinas”. Perdió el futuro médico. Ese fue mi primer contacto con la ciudad del río Sapo, como la designan algunos.

Cuando los del lugar hablan de su zona y su historia, los recuerdos en su cultura no pueden olvidar sus construcciones elevadas en las laderas de los cerros donde lo verde de la selva eterna y la neblina, hacen una sociedad… La vegetación la esconde pero siguen allí, pese a los años, mostrando un pasado. El Gran Saposoa, por los conductores de la cultura nacional, está casi olvidado.

Junto a esos orgullos, los “saposinos” rinden un eterno recuerdo al escritor Francisco Izquierdo Ríos, quien en uno de sus libros, dedicados a niños, contó la historia de un bagre muy joven que, trasladándose por los ríos de la zona, llegó hasta el mar. Los nombres de Sixto Saurín Pua con sus creaciones en una corteza de árbol, o Fernando Gripa, son orgullo de la zona y en la charla no están jamás ausentes.

En la actualidad, la tranquilidad del pueblo se altera solo por el fútbol local que se vive apasionadamente y la música, todo es ritmo en los habitantes de la región. Solo eso les hace olvidar la terrible deforestación aplicada por los ladrones de la madera escondidos detrás de cada árbol de pie en sus tierras. Los ladrones de madera tienen cara de palo: dura. Niegan todo pero, la selva se queda sin su belleza natural. Leyes que ayudan y protejen a la amazonía. La falta de agua en sus ríos también es una preocupación. “Antes –nos dijo alguien– había respeto por el agua. La tierra y el agua son nuestra vida”.

Solo ellos saben su vida. Hay que tomarlos muy en cuenta. Reciben órdenes y leyes de Lima. En el plan de estudios, por ejemplo, les enseñan los colores del semáforo a los niños. En la selva no hay semáforo en las zonas rurales donde las etnias hacen su vida.

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  • Miguel Humberto Aguirre

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    No vendería helados en el desierto o café hirviendo en la Antártica. No tengo habilidades de vendedor. No tengo casa propia, pero junto a mis compañeros nos conseguimos más de una en campañas. Para otros se las consigo. Tengo un viejo carro que nunca manejé, porque no se conducir. Me gusta leer (me empapo de mucha literatura latinoamericana). He leído más de diez veces "El Naufrago" de García Márquez. Es una clase de relato. Me gusta escribir. Quiero aprender a hacerlo bien Soy enemigo de los homenajes personales. Me dan verguenza. Me encantan la rosas y los ojos verdes de las mujeres. Tengo hijos superinteligentes: ninguno fue periodista. Mi más grande fracaso, no haber sido actor. Veo casi la mayoría de los obras pagando mi entrada, porque han de saber ustedes que la gente en el país, es fanática por entrar gratis a los espectáculos. Soy abuelo de dos nietos. Uno de ellos es un apasionado por el fútbol. Su padre es un convencido que el fútbol se juega en motoneta o a caballo. Soy un periodista común, muy agradecido de esta tierra y mucha de su gente.
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