ISABEL & SANTIAGO (5)
| September 12, 2009 |
¿Qué le podría decir que no fuera común? Salir de los estándares era un fin que Santiago buscaba con dedicación cuando de Isabel se trataba, pero era un desastre. Mientras más se esforzaba más típico todo. Santiago buscaba entonces romper con el maleficio haciendo esa llamada. Tenía un equipo de música al lado, varios discos de Calamaro, un papel con algo que había escrito, una carta con un intento de poema debajo. Una Coca Cola helada, un whisky y una cajetilla de Marlboro rojo con tres cigarrillos dentro. Para ser la primera llamada que le iba a hacer no estaba nada mal todo lo que había logrado juntar. Había muchas cosas que decían mucho sin declarar nada, por lo que le costó un poco juntar lo único que le faltaba. Valor.
Hay algo que siempre sacaba de cuadro a Santiago. Familias ajenas. Era espantoso, Santiago tenía una fobia que no tenía nombre. Nunca soportó conocer a los padres de las chicas con las que salía. La tensión era insoportable, la falsa educación, hablar sobre su vida, planes, sueños e incluso sobre su apellido con perfectos desconocidos. Sentir las miradas que evaluaban cada movimiento, cada gesto. Por más buenas personas que fueran, ponerse en esa situación era para Santiago como ponerse frente a un detector de mentiras siendo el culpable de algún asesinato.
¿Quién contestaría? ¿Su mamá? ¿Su papá? No su papá no, sus padres estaban separados. Su hermano, la puta madre, nada más jodido que los hermanos, son una raza putrefacta. Eran las diez de la noche ¿estaría molestando? ¿sería muy tarde? No podía llamarla al día siguiente, ya no sería lo mismo. Santiago encendió un cigarro y se sirvió un whiskola. Cuando terminó de dar vueltas y cuestionarse eran las diez y media, no había logrado resolver nada. Su celular no tenía saldo y si así fuera ¿qué le diría? ¿Te estoy llamando a tu casa contesta? Qué cojudo. En fin.
Eran las once. Santiago marcó. Tres, cuarenta y nueve, ocho, seis, dieciséis. El telefóno sonó y sonó, pero nadie al otro lado. Santiago colgó. La cagada. Sintió el bocado de los nervios llegar a su estómago ¿no contestaba nadie porque estaban dormidos? ¿Los habría despertado? Tal vez no había nadie, pero Isabel dijo que iba a su casa. Podría haber sido el cumpleaños de un pariente. Tal vez una emergencia. ¿Isabel estaría bien? No vio la placa del taxi, pudo haber sido un miserable. Santiago volvió a marcar con la valentía de la preocupación.
Sí, esteee, buenas noches, señora ¿se encuentra Isabel? Gracias, ejem, Santiago, ejem, disculpe por la hora ¿aló? ¿aló?
Santiago quedó escuchando los sonidos de la casa que se filtraban por el auricular. El televisor estaba en un noticiero, el tiempo que pasaba le parecía una eternidad. De pronto contestaron. Pero Isabel tenía voz de hombre. Aló, Aló. Santiago estaba petrificado. ¡Han dejado el teléfono descolgado! Silencio.
Hijo de las mil putas. Santiago perdió el control, no sólo porque el hermano de Isabel haya contestado, más por la cobardía que lo dejó como un mimo. Menudo problema ¿volver a llamar? No. Sí. Total Isabel ya sabía que él había llamado, ella tendría que contestar. Santiago se sirvió un whisky sin cola. Tres, cuarenta y nueve, ocho, seis, dieciséis. Aló, aló, ALÓ. Santiago debía reaccionar o quedaría como un imbécil. Aló sí, hola, con Isabel por favor. Trató de sonar hombre, macho y rudo ante la voz del hermano. ¿Tú habías llamado antes? ¿Yo? No, no. Acabo de marcar. Aaah. Bueno. Isabel te llama ese Santiago que llamó antes, dijo el hermano soltando una carcajada sonora. Deja de joder, Santiago escuchó la voz de Isabel increpando a su hermano. ¿Aló Santiago? Disculpa me demoré porque estaba con un amigo afuera. Santiago ya no sólo se sentía cojudo sino también minimizado. Estábamos escuchando música en su carro. Peor, el tipo ese tenía carro. Santiago era una pulga en un chanchito en un mundo de hormigas asesinas. Ya no tenía ganas de hablar. Ah si, bueno Isabel si estás ocupada hablamos mañana, ya nos vemos en la universidad. No, pero ya me despedí, respondió Isabel al instante, podemos hablar lo que quieras. No, no te preocupes.
Isabel sintió como si la voz de Santiago saliera de una caverna. Algo se le estremeció en el sentimiento. Trató de salvar el asunto. No le hagas caso a mi hermano, es un tarado. Peor, era como echarle sal a una herida abierta. No, Isabel, no te preocupes, tu hermano me tiene sin cuidado. Sonó tan tarado, tan mentiroso, tan poco macho y rudo que Isabel sonrió. Saber que ella lo ponía así, al tipo juerguero, sarcástico y mordaz que veía casi a diario en la universidad, por alguna razón le inspiraba una ternura enorme ¿se estaría enamorando? A pesar de que colgaron un minuto después a Isabel la embargaba una alegría infinita. Su corazón latía y ella podía sentirlo mientras observaba el techo echada en su cama, imaginando más a Santiago que a su enamorado, esa noche soñó con él y fue feliz.
Santiago estaba devastado. Había quedado como un tarado, cero carta, cero calamaro, cero todo. Estuvo despierto hasta la madrugada. Escribiendo. Una carta nueva para Isabel. Faltaba poco para dársela.
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Comentarios
3 Comentarios para “ISABEL & SANTIAGO (5)”
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September 13th, 2009 @ 11:54
Esa primera llamada hombre, jajajaja que descripción eh?, solo te faltó el estómago revoloteando como colibrí y el corazón amarrado a la garganta como si la nuez de adán y el bobo fueran una sola cosa. Me quedo con esta frase:”…ella podía sentirlo mientras observaba el techo echada en su cama, imaginando más a Santiago que a su enamorado, esa noche soñó con él y fue feliz.” Mujeres, cuántas hacen y siguen haciéndonos lo mismo no? plop!. Congratulations le subiste los puntos al relato.
September 13th, 2009 @ 18:00
Típico lo de la llamada y muy gracioso el comentario del hermano. Suena algo raro y contradictorio que mientras uno se siente un “tarado” la otra persona se sienta felíz.
September 25th, 2009 @ 10:52
Muy bueno en verdad… típica y entrañable situación que a todos nos ha pasado, absolutamente universal pero capaz de despertar un recuerdo íntimo. Me ha hecho recordar a aquella Guiselle con la que hablaba por fono en mi adolescencia, casi un recuerdo perdido.