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	<title>Cómo no escribir una novela</title>
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	<description>Just another Aldeaw.rpp.com.pe Blogs weblog</description>
	<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 16:44:44 +0000</pubDate>
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		<title>BACK TO BLACK</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 03:31:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[Inclasificable]]></category>

		<category><![CDATA[llámenme gente de RPP que quiero reunirme]]></category>

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Bueno, para los que tienen el valor de leerme de cuando en vez, les anuncio que me aburrí de escribir la historia de Isabel y Santiago, en resumen, Isabel está con Santiago durante tres años y luego debido al egoísmo de él y la cobardía de ella, se terminan separando, Santiago quiere ser su amigo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/10/cashandbob1.jpg"><img class="size-medium wp-image-285 alignleft" style="border: 0pt none;margin: 5px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/10/cashandbob1-300x235.jpg" alt="" width="300" height="235" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Bueno, para los que tienen el valor de leerme de cuando en vez, les anuncio que me aburrí de escribir la historia de Isabel y Santiago, en resumen, Isabel está con Santiago durante tres años y luego debido al egoísmo de él y la cobardía de ella, se terminan separando, Santiago quiere ser su amigo, pero ella lo trata como a un judío en la segunda guerra.</p>
<p style="text-align: justify">Otra cosa que he descubierto es que es imposible, IM-PO-SI-BLE, escribir una novela a través de un blog por varias razones, entre ellas que se esté comparando un post con el anterior cuando todos son parte de la misma cosa. <span id="more-283"></span>Es como decir que Kill Bill Vol. 1 fue mejor que el Vol. 2, cuando no pueden compararse porque son parte de un todo. Así lo veo yo. Una novela se escribe alejado de todos hasta el momento de su publicación (si es que) cuando es más o menos que uno ya se pone frente al paredón del público, ojo, los críticos no cuentan porque son personas que tratan de ser alguien y como no pueden no ven mejor forma de serlo que diciendo taradeces.</p>
<p style="text-align: justify">Quiero cambiar por completo la cara de este blog tan venido a menos, tengo mejores ideas que una novelita imposible (<em>my mistake</em>). Espero que la gente de RPP que para aceptando comentarios sin mi permiso (los 3 o 4 que siempre hay por ahí) lea este párrafo y se pongan en contacto conmigo, porque tratar de quedar en algo con ellos es como ponerse en contacto con la NASA.</p>
<p style="text-align: justify">Aprecio a los lectores fieles y a todos aquellos -que según las estadísticas son unos mil y tantos, cosa que no me trago, deben ser treinta y dos, contando a mi madre- que entran a leer, pero no va más esta historia ¿por qué? Porque básicamente hago lo que me gusta y esto ya no me está gustando. Estoy seguro que seguiran leyendo si las cosas cambian un poco, especialmente mi madre, gracias vieja.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Como no escribir una novela</strong> al final terminó siendo una verdad. Señores novela o mini novela que se escribe a través de un blog es un desastre. Lean a Renato Cisneros y me darán la razón.</p>
<p style="text-align: justify">Saludos.</p>
<p style="text-align: justify">D.</p>
<p style="text-align: justify">[There is a video that cannot be displayed in this feed. <a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/2009/10/10/back-to-black/">Visit the blog entry to see the video.]</a></p>
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		<title>FLIP A COIN</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Sep 2009 00:08:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

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Lucía, los pocos besos que nos dimos me demostraron que somos dos caras de una moneda.
Yo vivo en las nubes, hablando sin pensar. Tú vives en la tierra, pensando antes de hablar. Yo te levanto, te saco del mundo. Tú me jalas, me bajas a tierra. Cuando tú lloras, yo río, cuando yo lloro, tú [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/09/196130707_d2b6dc63b4.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-280" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/09/196130707_d2b6dc63b4-218x300.jpg" alt="" width="218" height="300" /></a></p>
<p><span style="font-family: Arial">Lucía, los pocos besos que nos dimos me demostraron que somos dos caras de una moneda.</span><span id="more-279"></span></p>
<p><span style="font-family: Arial">Yo vivo en las nubes, hablando sin pensar. Tú vives en la tierra, pensando antes de hablar. Yo te levanto, te saco del mundo. Tú me jalas, me bajas a tierra. Cuando tú lloras, yo río, cuando yo lloro, tú ríes. ¿Has visto <em>When Harry Met Sally</em> Lucía? Bueno, si yo digo <em>tomeito</em> tú dices <em>tomato</em>. Con nosotros lo que parece no ser, siempre es. Somos dos lados opuestos que se encuentran en un mismo lugar.</span></p>
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<pre><span><span style="font-size: 14px">Cuando viniste a mi, cerré la puerta pero abrí, asesíname..
Por darte lo que dí, me transformé en un souvenir,
asesíname, asesíname..

Dejé tu imagen en el cajón, guardé tu alma en el mellotron,
no quiero más que me dés con cuentagotas tu amor.

Es sólo rock and roll, pero ya es mucho para vos,
asesímane, asesíname..

No quiero más que me dés con cuentagotas tu amor.

Yo me quiero morir, no aguanto más estar aqui.
Asesíname, asesíname..
Asesíname..asesíname..

All you need is love..love..love..
love..love..love..</span></span></pre>
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		<title>LOS CÍRCULOS LOS DIBUJO EN LA VEREDA. LAS VUELTAS LAS DOY EN TU CORAZÓN.</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Sep 2009 05:04:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Inclasificable]]></category>

		<category><![CDATA[here i am]]></category>

		<category><![CDATA[here i'll stay]]></category>

		<category><![CDATA[smiling]]></category>

		<category><![CDATA[tiempo al tiempo]]></category>

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		<description><![CDATA[
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_273" class="wp-caption alignnone" style="width: 310px"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/09/jejeje.jpg"><img class="size-medium wp-image-273" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/09/jejeje-300x198.jpg" alt="Photo de Hugh Hill" width="300" height="198" /></a><p class="wp-caption-text">Foto de Hugh Hill</p></div>
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		<title>ISABEL &#38; SANTIAGO (5)</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 18:20:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
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¿Qué le podría decir que no fuera común? Salir de los estándares era un fin que Santiago buscaba con dedicación cuando de Isabel se trataba, pero era un desastre. Mientras más se esforzaba más típico todo. Santiago buscaba entonces romper con el maleficio haciendo esa llamada. Tenía un equipo de música al lado, varios discos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/09/phone_244749.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-266" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/09/phone_244749-190x300.jpg" alt="" width="190" height="300" /></a></p>
<p>¿Qué le podría decir que no fuera común? Salir de los estándares era un fin que Santiago buscaba con dedicación cuando de Isabel se trataba, pero era un desastre. Mientras más se esforzaba más típico todo. Santiago buscaba entonces romper con el maleficio haciendo esa llamada. Tenía un equipo de música al lado, varios discos de Calamaro, un papel con algo que había escrito, una carta con un intento de poema debajo. Una Coca Cola helada, un whisky y una cajetilla de Marlboro rojo con tres cigarrillos dentro. Para ser la primera llamada que le iba a hacer no estaba nada mal todo lo que había logrado juntar. Había muchas cosas que decían mucho sin declarar nada, por lo que le costó un poco juntar lo único que le faltaba. Valor.</p>
<p><span id="more-265"></span></p>
<p>Hay algo que siempre sacaba de cuadro a Santiago. Familias ajenas. Era espantoso, Santiago tenía una fobia que no tenía nombre. Nunca soportó conocer a los padres de las chicas con las que salía. La tensión era insoportable, la falsa educación, hablar sobre su vida, planes, sueños e incluso sobre su apellido con perfectos desconocidos. Sentir las miradas que evaluaban cada movimiento, cada gesto. Por más buenas personas que fueran, ponerse en esa situación era para Santiago como ponerse frente a un detector de mentiras siendo el culpable de algún asesinato.</p>
<p>¿Quién contestaría? ¿Su mamá? ¿Su papá? No su papá no, sus padres estaban separados. Su hermano, la puta madre, nada más jodido que los hermanos, son una raza putrefacta. Eran las diez de la noche ¿estaría molestando? ¿sería muy tarde? No podía llamarla al día siguiente, ya no sería lo mismo. Santiago encendió un cigarro y se sirvió un whiskola. Cuando terminó de dar vueltas y cuestionarse eran las diez y media, no había logrado resolver nada. Su celular no tenía saldo y si así fuera ¿qué le diría? ¿Te estoy llamando a tu casa contesta? Qué cojudo. En fin.</p>
<p>Eran las once. Santiago marcó. Tres, cuarenta y nueve, ocho, seis, dieciséis. El telefóno sonó y sonó, pero nadie al otro lado. Santiago colgó. La cagada. Sintió el bocado de los nervios llegar a su estómago ¿no contestaba nadie porque estaban dormidos? ¿Los habría despertado? Tal vez no había nadie, pero Isabel dijo que iba a su casa. Podría haber sido el cumpleaños de un pariente. Tal vez una emergencia. ¿Isabel estaría bien? No vio la placa del taxi, pudo haber sido un miserable. Santiago volvió a marcar con la valentía de la preocupación.</p>
<p>Sí, esteee, buenas noches, señora ¿se encuentra Isabel? Gracias, ejem, Santiago, ejem, disculpe por la hora ¿aló? ¿aló?</p>
<p>Santiago quedó escuchando los sonidos de la casa que se filtraban por el auricular. El televisor estaba en un noticiero, el tiempo que pasaba le parecía una eternidad. De pronto contestaron. Pero Isabel tenía voz de hombre. Aló, Aló. Santiago estaba petrificado. ¡Han dejado el teléfono descolgado! Silencio.</p>
<p>Hijo de las mil putas. Santiago perdió el control, no sólo porque el hermano de Isabel haya contestado, más por la cobardía que lo dejó como un mimo. Menudo problema ¿volver a llamar? No. Sí. Total Isabel ya sabía que él había llamado, ella tendría que contestar. Santiago se sirvió un whisky sin cola. Tres, cuarenta y nueve, ocho, seis, dieciséis. Aló, aló, ALÓ. Santiago debía reaccionar o quedaría como un imbécil. Aló sí, hola, con Isabel por favor. Trató de sonar hombre, macho y rudo ante la voz del hermano. ¿Tú habías llamado antes? ¿Yo? No, no. Acabo de marcar. Aaah. Bueno. Isabel te llama ese Santiago que llamó antes, dijo el hermano soltando una carcajada sonora. Deja de joder, Santiago escuchó la voz de Isabel increpando a su hermano. ¿Aló Santiago? Disculpa me demoré porque estaba con un amigo afuera. Santiago ya no sólo se sentía cojudo sino también minimizado. Estábamos escuchando música en su carro. Peor, el tipo ese tenía carro. Santiago era una pulga en un chanchito en un mundo de hormigas asesinas. Ya no tenía ganas de hablar. Ah si, bueno Isabel si estás ocupada hablamos mañana, ya nos vemos en la universidad. No, pero ya me despedí, respondió Isabel al instante, podemos hablar lo que quieras. No, no te preocupes.</p>
<p>Isabel sintió como si la voz de Santiago saliera de una caverna. Algo se le estremeció en el sentimiento. Trató de salvar el asunto. No le hagas caso a mi hermano, es un tarado. Peor, era como echarle sal a una herida abierta. No, Isabel, no te preocupes, tu hermano me tiene sin cuidado. Sonó tan tarado, tan mentiroso, tan poco macho y rudo que Isabel sonrió. Saber que ella lo ponía así, al tipo juerguero, sarcástico y mordaz que veía casi a diario en la universidad, por alguna razón le inspiraba una ternura enorme ¿se estaría enamorando? A pesar de que colgaron un minuto después a Isabel la embargaba una alegría infinita. Su corazón latía y ella podía sentirlo mientras observaba el techo echada en su cama, imaginando más a Santiago que a su enamorado, esa noche soñó con él y fue feliz.</p>
<p>Santiago estaba devastado. Había quedado como un tarado, cero carta, cero calamaro, cero todo. Estuvo despierto hasta la madrugada. Escribiendo. Una carta nueva para Isabel. Faltaba poco para dársela.</p>
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		<title>ISABEL &#38; SANTIAGO (4)</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/2009/08/22/isabel-santiago-4/</link>
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		<pubDate>Sun, 23 Aug 2009 03:29:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
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II
Los días de clase pasaban y Santiago no pasaba por ellos. Se había dejado llevar por las sensaciones que la universidad le ponía enfrente, las que no tienen nada que ver con los estudios o con el futuro, sino aquellas que son absorbidas por el alma y bombeadas por el corazón; es más, para Santiago [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/08/3433289581_fcb7befb62_o.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-240" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/08/3433289581_fcb7befb62_o-300x198.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a></p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>Los días de clase pasaban y Santiago no pasaba por ellos. Se había dejado llevar por las sensaciones que la universidad le ponía enfrente, las que no tienen nada que ver con los estudios o con el futuro, sino aquellas que son absorbidas por el alma y bombeadas por el corazón; es más, para Santiago no había ningún futuro a la vista, se pasaba los días disfrutando de un presente continuo e inacabable. Si no estaba fuera de clase fumando un cigarrillo y tomándose una Coca Cola, observando la vida universitaria pasar, estaba fuera de la universidad fumando y viendo la vida pasar a través de incontables vasos de cerveza. Apenas ingresó, por alguna razón empezó a fumar y beber profesionalmente. La primera vez que probó un cigarro fue en el colegio, cuando tenía trece y luego una vez más a los diecisiete, frente al faro de Miraflores.<span id="more-238"></span> La primera vez se limitó a posar como Humphrey Bogart, botando el humo al instante. No le encontró lo divertido o eso que le encontraban los de quinto de secundaria, lo que sí encontró fue una llamada a su madre de parte de la directora por andar fumando en la kermesse al lado de la tómbola. La segunda vez le enseñaron a golpear y ahí como que agarró el arte pero no el gusto. En la universidad las dos experiencias se amalgamaron y fueron aplicadas con satisfacción. Por otra parte, las borracheras ya las había tenido pero no lo estimulaban como ahora. Durante el colegio las bombas sólo sirvieron para sacar anécdotas como las del chino Calderón, que juraba amor eterno bebiéndose media botella de macerado de pistacho para luego quedar al borde de la muerte. Divertido, pero nada más. Ahora Santiago pensaba con el alcohol, le había encontrado uno nuevo uso, el de la reflexión, sumado claro, al de los acontecimientos.</p>
<p>Isabel veía la universidad como un proceso más dentro de la escalada de procesos por los que uno tiene que pasar. Aunque también se encontraba disfrutando de la experiencia, ella sí estudiaba, no como quien quiere tener una beca, pero sí como quien espera salir de ahí algún día no tan lejano. Con un año menos, separado por meses, ella estaba mucho más adelantada que Santiago en lo que respecta a las experiencias que uno va recogiendo en la adolescencia, antes de ingresar a la universidad. Mientras Santiago probaba como se debía un cigarro, ella ya estaba fumando marihuana. Cuando Santiago veía al chino Calderón ahogarse con su propio vómito, Isabel estaba en Alemania adelantándose a cualquier joven peruano de clase media que se juraba el rey del mundo por llegar a casa una hora después de las doce. Además, Isabel era inteligentísima, pero algo atolondrada, la mayor parte del tiempo sabía muy bien lo que estaba haciendo, pero a veces se dejaba llevar por impulsos que no la llevaban a ninguna parte, que hacían una tormenta de un vaso con agua, cosa que ocurría cuando las circuntancias la superaban, cuando debía hacer frente a lo impredecible.</p>
<p>Santiago era impredecible.</p>
<p>Tenía la capacidad de adelantarse a las cosas como llevado por una experiencia traída de otras vidas. Parecía saberlo todo. Por alguna razón inexplicable Santiago tenía la habilidad de saber más de la vida que cualquiera y sin haber vivido más que nadie. No era ningún semidiós, era tan imperfecto como tú o yo, pero era muy sensible a la naturaleza de las cosas que lo rodeaban, a lo que le ocurría, a las personas, a sus vibraciones, a sus gestos, a sus palabras. A veces podía estar de muy buen humor y de repente, de la nada, estallar por cualquier cosa. Podía ser muy bueno o podía ser muy cruel y siempre dar en el clavo, o te hacía muy feliz o te hacía llorar. Sin embargo, también perdía el control, al punto de volverse increíblemente torpe y muy vulnerable, sobre todo cuando enfrentaba sus debilidades.</p>
<p>Isabel era su debilidad.</p>
<p>Una noche, después de la clase de Historia de la Civilización, Santiago le contaba a una chica de su clase una anécdota importante sobre su viaje a Rumania, le hablaba del <em>Mărţişorul, </em>la fiesta en la que por allá se celebra la llegada de la primavera. Le contaba sobre Mihaela Popescu -una chica producto de su imaginación, al igual que el viaje- a la que le regaló un <em>Mărţişor</em> -un objeto decorativo atado con un hilo blanco y rojo que por costumbre se le entrega a las mujeres ese día-. Mihaela había sido una chica a la cual amó con amor imposible, ya que pasaba por ahí de turista con sus padres. Santiago mezclaba hábilmente enciclopedia Encarta con película ochentosa de Chevy Chase para sonar creíble. Departía tranquilo hasta que el Pastrulo lo sacó de su invento para decirle que María Cecilia lo había texteado diciéndole que bajen al bar de al lado para tomar unas chelas, que estaba con Isabel, a Santiago le brillaron los ojos. Oe huevas, le dijo mientras caminaban ¿tú jamás has estado en Rumania no?. En mi vida, respondió Santiago. Los dos rieron.</p>
<p>En el bar -una sucesión de mesas cuadradas con bancas como de parque en las que entraban tres personas, cuatro muy apretadas- Isabel y María Cecilia rodeaban a un chico robusto que sonreía feliz frente a otro más  pequeño, más gordo que robusto y de pelo marrón muy ondulado. Los dos eran muy blancos. Santiago los veía reír preguntándose de dónde salieron. Tenían cuatro <em>margaros</em> sobre la mesa, los cuatro vacíos. A Santiago y al Pastrulo, María Cecilia los había llamado para poner más cerveza. Ni cagando le voy a poner la chela a esos dos aparecidos, dijo Santiago parado frente a la doble puerta de vidrio del bar. Cuando Isabel lo vio ahí parado, se llenó de una efervescencia incontrolable. Como programada por el universo y no por las circunstancias soltó una carcajada sonora que sorprendió a todos sus acompañantes, luego volteó y miró a Santiago directamente, como si lo hubiera visto por primera vez  gritó su nombre dos veces, vengan, vengan, siguió. Entre los cuatro hombres hubo algo de territorial en las presentaciones, esas chicas les pertenecían más a Santiago y al Pastrulo que a esos advenedizos. Por el lado de los advenedizos, Santiago y el Pastrulo llegaban a aguarles el supuesto flirteo en el que se encontraban. La verdad era que estaban siendo utilizados como se utiliza a un niño tailandés para hacer zapatillas. Ellas no habían puesto un sol por las cervezas. Santiago sabía sin embargo que no tenía caso arruinar una oportunidad de estar junto a Isabel llenando el ambiente de molestia y sarcasmo cruel. Con una sonrisa planeada tendió su mano a los dos desconocidos para saber sus nombres. Miguel Madkat <em>a.k.a.</em> Madkat y Gabriel Lazzio <em>a.k.a.</em> Lazzio.</p>
<p>¡Ya chicos pónganse unas chelas!, soltó María Cecilia con una sonrisa estúpida tallada en el rostro. No tengo un centavo, respondió Santiago mirando a todos directamente a los ojos, golpeando la mesa y levantando los brazos. Además no tenía planeado tomar hoy, te lo juro, justito me estaba yendo cuando el Pastrulo me pasó la voz. El Pastrulo por su parte sacó cinco soles; dos son para mis pasajes, dijo. Fue en ese preciso instante que las chicas, una sentada a cada lado de Madkat, empezaron a darle besitos en el cachete, ya pues, le decían, unas más pues, no seas malito. Le acariciaban el pecho acercando sus senos a su cuerpo robusto al mismo tiempo que le sonreían con coquetería. A Santiago la sangre empezó a hervirle, empezó a sentirse impotente, ese solo gesto estúpido de Isabel hacia Madkat le había transformado el estómago en una gran roca. Quería besarla y al mismo tiempo la estaba odiando, no le gustaba en lo más mínimo lo que estaba haciendo, pero deseaba que lo hiciera con él. Para su suerte todo terminó pronto porque Madkat no era un tipo que pudiera resistirse mucho a los encantos de las dos muchachas y sacó su tarjeta, levantándola hacia el techo mientras todos celebraban, incluso el Pastrulo que empezó a aplaudir como mico. Santiago sólo atinó a decir &#8220;buena loco&#8221; para demostrar buena onda y como saliendo de un trance se dedicó a olvidar el asunto.</p>
<p>Las dos horas que estuvieron ahí fueron sorpresivamente agradables. Madkat y Lazzio resultaron ser grandes tipos. Santiago les invitaba cigarros cuando Isabel anunció que debía irse. Te acompaño, le dijo Madkat. Bueno gracias, respondió ella al mismo tiempo que miraba a Santiago a los ojos mientras se levantaba. Espera, dijo él, necesito hablar contigo de lo de la vez pasada ¿recuerdas?. ¿De lo de la vez pasada?, respondió ella divertida, sí pues la vez pasada que me dijiste que querías hablar conmigo y yo te dije justo, mira tú las cosas de la vida yo también necesito hablar contigo. Mmmm&#8230; no me acuerdo, respondió ella mirando hacia arriba, llevando un dedo índice a su barbilla y arrugando la boca hacia un costado. A Santiago se le rompían los dientes de tanto apretarlos tratando de mantener una sonrisa absurda. Bueno, dijo ella al fin, vamos, disculpa Madkat parece que es importante. Sí loco, le dijo Santiago de pasada, con la soberbia del que gana una batalla tácita de testosterona.</p>
<p>En la calle, frente a la puerta de la universidad, mientras Isabel esperaba algún taxi, ella preguntó ¿sobre qué querías hablarme?. No tengo idea, respondió Santiago, supongo que sólo quería acompañarte, conversar, ver que llegaras bien, digo, Madkat es un buen tipo pero no puedo estarle confiando la seguridad de una amiga mía sin conocerlo bien, además parece que quiere contigo. Yo no quiero nada con él, para empezar lo acabo de conocer en un bar. Además tengo enamorado. Isabel dijo eso como recordando algo que había olvidado por completo. Sólo estábamos tomando unas chelas, pasando un buen rato. Sí, sí, es verdad, estás en lo cierto, dijo Santiago rascándose la nuca y mirando al frente con cara de cojudo. Isabel paró un taxi. Bueno esteeee, ya te vas. Tratando de hablar con la misma soltura con la que hablaba del <em>Mărţişorul, </em>Santiago le pidió su número de teléfono. Isabel oye ¿me querrás dar tu teléfono para hablar, así?. ¿Si te lo doy cómo vamos a hablar?, respondió ella. Santiago miró al suelo riendo, viendo descubierto su nerviosismo. A Isabel la mirada se le llenó de ternura. Cuando Santiago levantó el rostro otra vez, ella volteó rápidamente, como sacudiéndose algo de la cabeza y le dijo al taxista que esperara un momento.</p>
<p>Tres, cuatro, nueve, ocho, seis, dieciséis.</p>
<p><strong>El soundtrack de este post. </strong></p>
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<p><strong>Con respecto al post anterior, respondiendo comentarios. Aún sigo preguntándome por qué lo escribí. Sí, fue para alguien. Sí, Ella lo supo (era bastante obvio). No, no creo que ocurra nada. Mi intención no fue declarar algo, nunca existieron señales de ningún tipo. Nada más que a veces me dejo llevar por cosas que no entiendo y hago cosas como esa. Igual me gustó escribirle, a ella le gustó lo escrito y no creo que deje de hacerlo.</strong></p>
<p><strong>Saludos.                                                                                                                                                                D.</strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Give me your Cat Power</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2009 01:26:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
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Me gustaría tenerte. No como se tiene un perro o un televisor, sino tenerte agarrada de mi mano. Aunque todavía nosé qué eres en mi vida, quiero que estés a mi lado para enterarme. Un tiempo nada más. Una semana, dos, un mes, dos. Un café, dos.

¿Dónde estás cuando no estás conmigo? ¿Qué haces cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/08/couple.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-233" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/08/couple-212x300.jpg" alt="" width="212" height="300" /></a></p>
<p>Me gustaría tenerte. No como se tiene un perro o un televisor, sino tenerte agarrada de mi mano. Aunque todavía nosé qué eres en mi vida, quiero que estés a mi lado para enterarme. Un tiempo nada más. Una semana, dos, un mes, dos. Un café, dos.</p>
<p><span id="more-232"></span></p>
<p>¿Dónde estás cuando no estás conmigo? ¿Qué haces cuando nosé qué haces?</p>
<p>A veces quiero conocerte más y saber por qué te gustan tanto las películas de Wong Kar-wai. Descubrir que cosa ves en ellas que yo no veo, sentir eso que sientes que yo no siento. A veces, también pienso que me gustaría escuchar el ritmo de tus palpitaciones para saber que banda sonora componerte. Aunque más o menos, más menos que más, conozco el pequeñísimo soundtrack nuestro, que al final es más tuyo que mío. Lo sé porque es probable que ni pienses en eso, así como no piensas en mí tampoco, porque de una forma u otra, no sabes bien quién soy, mucho menos quiénes somos.</p>
<p>Te puedo decir que no soy Oliveira y que no eres La Maga. No soy Rímini y no eres Sofía. No soy Alvy Singer y no eres Annie Hall. No soy Clark Kent y no eres Lois Lane. No soy Homero Simpson y no eres Marge Bouvier. No soy Jeremy y no eres Elizabeth. No soy Santiago y no eres Isabel.</p>
<p>Me atraes, pero te veo tan lejana que pensar en acercarme me aleja todavía más. Es un largo camino. En ellos uno termina agotado y la mayor parte de veces perdido en muchos al mismo tiempo.</p>
<p>A donde voy no llego. No te escribo, no te hablo, no te llamo, no te invito. Me adelanto a los hechos como siempre y así creo que estoy tranquilo.</p>
<p>Los dos ya estuvimos en el mismo lugar. No lo queremos olvidar, así como tampoco nos queremos curar. Vamos por ahí sintiendo con quienes creemos que queremos sentir, buscando la gente totalmente opuesta o en todo caso muy parecida a la enfermedad más dulce que nos come por dentro.</p>
<p>No es necesario que digas nada, soy tan complejo como un Cubo de Rubik. Si vas a responderme debes saber que hay que tener mucha dedicación para poner cada color en su sitio y es muy probable que todo lo que he escrito hoy no lo piense mañana. El sentimiento queda pero la aproximación no será la misma, nunca estoy pensando igual, soy siempre gente diferente.</p>
<p>D.</p>
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		<title>ISABEL &#38; SANTIAGO (3)</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2009 05:34:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
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Dos días después la chica fue identificada. Mayra García, de diecisiete años de edad. Recién ingresada a la universidad. Sus padres, Carmen Del Solar y Federico García, se encontraban de viaje en Brasil. El día del crimen conversaron por teléfono con ella y no supieron nada de ninguna fiesta. No regresaron. Los abuelos paternos corrieron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_223" class="wp-caption alignnone" style="width: 245px"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/08/juego-online-ecologico-interrogatorio-accion-natura-los-crimenes-de-lucindo-deforestacion-brasil.jpg"><img class="size-medium wp-image-223" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/08/juego-online-ecologico-interrogatorio-accion-natura-los-crimenes-de-lucindo-deforestacion-brasil-235x300.jpg" alt="¿Mano Negra?" width="235" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">¿Mano Negra?</p></div>
<p>Dos días después la chica fue identificada. Mayra García, de diecisiete años de edad. Recién ingresada a la universidad. Sus padres, Carmen Del Solar y Federico García, se encontraban de viaje en Brasil. El día del crimen conversaron por teléfono con ella y no supieron nada de ninguna fiesta. No regresaron. Los abuelos paternos corrieron con todo el escándalo. Según una declaración soltada en la prensa, la abuela sufrío un derrame al momento de identificar el cuerpo de su nieta, luego la noticia fue desmentida por el abuelo que dijo que de derrames nada, un fuerte mareo nomás. A la mujer nadie la volvió a ver.</p>
<p><span id="more-219"></span></p>
<p>Se detuvo a tres sospechosos. Guillermo de Rossi, Fabían del Aguila y Wershell Fernández. Los dos primeros encontraron el cuerpo y dieron aviso a las autoridades. Como estaban ebrios y drogados el oficial dio la orden de que mejor los agarrasen por si las moscas. El tercero andaba merodeando la playa cuando llegó la policía, también ebrio, difícil distinguir si estaba drogado o no. Lo encontraron llorando y repitiendo que ninguna chica le hacía caso en su vida, entre otros patetismos. El oficial supuso que la mujer se negó a tener relaciones con él, por lo que el sospechoso -con serios problemas de autoestima- reaccionó de manera violenta.</p>
<p>Casi al final, después de realizada la autopsia, las pruebas, y las interrogaciones pertinentes, la policía concluyó con que ninguno de los tres sospechosos era el asesino de Mayra García. En sus declaraciones, Guillermo Rossi y Fabián del Aguila dijeron haber visto a alguien correr hacía la discoteca, tal vez al verlos o tal vez porque ya había terminado lo que empezó. Aunque era muy difícil distinguir algo, los dos muchachos pudieron afirmar que era alto, lo que a la policía no le servía para nada.</p>
<p>Sin embargo, pocos días después, una llamada anónima -con la voz escondida detrás de un dispositivo para cambiarla- metió nuevos personajes a la trama y le dio más trabajo a los oficiales.</p>
<p>SaRRnRRtiaRRgo BoRRlaRRñoRR, ¿qué?, SaRRnRRtiaRRgo BoRRlaRRñoRR, ¡¿Aló?! Después de varios segundos de intentos inútiles, el informante decidió mandar a la mierda su dispositivo porque el oficial no entendía un carajo. Santiago Bolaño, dieciocho años de edad, con residencia en Miraflores. La prensa señaló que según el informante -<em>a.k.a.</em> Mano Negra- la noche del crimen el muchacho llegó agitado al estacionamiento de la discoteca diciendo que había visto un cadáver, cuando se le dijo para ir a verlo, él se negó rotundamente diciendo que no quería tener nada que ver con el tema, luego se retiró con un extraño de pelo largo y aspecto <em>heavy metal</em> al que le decían Pastrulo. Las horas dadas por el informante coincidieron con las dadas por Guillermo Rossi y Fabián del Aguila. Se procedió a la captura de los sospechosos, una vez atrapado Santiago Bolaño, él mismo brindó a la policía la dirección del Pastrulo.</p>
<p>Estuvieron encerrados en la carceleta de la comisaría todo lo que duró el proceso, que no fue mucho. Durante los interrogatorios, a pesar de las indicaciones que le dio su tío (abogado) de no abrir la boca hasta que salieran los resultados de las pruebas de ADN, Santiago contó todo. Dijo que había salido a tomar aire, lejos de la discoteca, para reflexionar. Dijo que creía estarse enamorando y que por ese motivo había terminado sentado en la playa, pensando en esa chica de lo más linda que se llamaba Isabel, a la cual no conocía mucho y quería conocer más, sólo que no sabía cómo. Es que cuando la veo siento nervios jefe, un hueco en el estómago, pero al mismo tiempo se me forma una sonrisa automática y enorme en la cara. Eso puede ser muy obvio ¿sabe?, o sea, como que grita a los cuatro vientos &#8220;hey flaca, estoy enamorado de ti&#8221;. Por ahí que mejor le pido su teléfono o el <em>messenger</em>. El oficial le dijo que vaya al grano. Santiago resumió. Estaba pensando, miré un bulto, me acerqué y era la muerta. Justamente no dije nada para ahorrarme todo este lío en el que estoy metido. No soy ningún criminal, sólo un ciudadano desconsiderado. Finito.</p>
<p>El Pastrulo declaró que él no sabía nada de nada.</p>
<p>Finalmente, después de las pruebas de ADN, tanto Santiago como el Pastrulo regresaron a sus existencias, libres de toda culpa.</p>
<p>La noticia de Mayra García desapareció tan rápido como apareció. Nunca se encontró al culpable del crimen.</p>
<p>De todas maneras algo inquietaba a Santiago. La noche del quilombo, cuando estuvo en el estacionamiento, se encontraban solamente el Pastrulo, María Cecilia -que apareció como aparecen las personas que uno pierde en las discotecas- la gorda -con Judith- y su amiga la aguafiestas, el chino Chang y él.</p>
<p><em><strong>Un par de avisos mis amigos:</strong></em></p>
<p><em><strong>1. Aviso de servicio propio: pueden votar por este, su humilde blog, para que gane en el concurso los 20blogs de Telefónica o Páginas Amarillas, que es lo mismo así que en fin. Le dan clic a votar, la categoría es 02. blog personal, lo demás es simple (más abajo el link).</strong></em></p>
<p><em><strong>2. He ingresado a Twitterlandia. Los que tienen Twitter pueden buscarme como dbgroppo o Daniel Biasevich G. Eso sí, no esperen que les cuente lo rico que está mi pan o lo que hace mi perro.<br />
</strong></em></p>
<p><em><strong>El soundtrack correspondiente:</strong></em></p>
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<p><em><strong>No se olviden de votar.</strong></em></p>
<p><em><strong>Thanks!</strong></em></p>
<p><em><strong>D.</strong></em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Santiago Y Talita (algunos años antes)</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jul 2009 16:42:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

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Talita iba a la misma la playa a la que Santiago solía ir los veranos con su familia: la isla frente a Pucusana. Un lugar que él consideraba espantoso. No sólo por la ubicación –había que llegar con todas las maletas en un vía crucis flotante desde Pucusana hasta la isla, cruzando un sinfín [...]]]></description>
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<p class="MsoNormal"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/07/2773619613_d83c91fb02_o.jpg"><img class="size-medium wp-image-211 alignleft" style="border: 0pt none;margin: 0px 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/07/2773619613_d83c91fb02_o-293x300.jpg" alt="" width="293" height="300" /></a></p>
<p>Talita iba a la misma la playa a la que Santiago solía ir los veranos con su familia: la isla frente a Pucusana. Un lugar que él consideraba espantoso. No sólo por la ubicación –había que llegar con todas las maletas en un vía crucis flotante desde Pucusana hasta la isla, cruzando un sinfín de bolicheras y botecitos de pescador hacinados que contaminaban el agua empozada, que más que mar parecía una laguna- sino también por la gente que tenía un aire terriblemente falso a Jet-Set.</p>
<p>La isla -que en realidad es un islote- estaba dividida en dos playas con nombres bastante obvios, playa grande y playa chica. La primera era la principal, con dos muelles pequeños, uno en cada extremo de un malecón de piso blanco que recorría todo el frente de la isla y separaba las casas de la playa. Todas las casas de la isla miraban hacia Pucusana y estaban ubicadas con el mismo desorden que en el pueblo, pero construidas con más dinero.</p>
<p><span id="more-209"></span></p>
<p>Terminando playa grande, pasando una capilla, un pasadizo pequeño conectaba con playa chica. En playa chica nuevamente aparece un malecón pero más corto. Ahí nadie solía tomar el sol ni nada, pero era mucho más acogedora que playa grande, en donde se concentraba la mayor cantidad de gente, sobre todo los fines de semana. Si uno seguía avanzando se encontraba nuevamente con un pasadizo -con una pared de roca natural a un lado y la parte trasera de algunas casas con frente al mar del otro- que iba hasta el final de ese lado de la isla, no porque la isla se acabara ahí sino porque una agradable señora que cocina tuvo el capricho de construir una casa enorme de estilacho mexicano o mediterráneo o lo que fuere, bloqueándole el paso a todo el mundo.</p>
<p>La casa en la que Santiago veraneaba se encontraba en playa grande, tenía un amplio frente de arcos de color blanco. En lugar de puerta había un ventanal corredizo que permitía ver desde afuera el comedor y la escalera del fondo que conducía hacia algunos cuartos y a una terraza con parrilla. La casa de Talita estaba a tres casas de distancia, no hacia playa chica, sino hacia el otro extremo de playa grande, que terminaba en uno de los muelles.</p>
<p>Talita era linda, mucho más que cualquier chica con la que Santiago hubiese jugado botella borracha. Tenía la mirada y el cabello de color marrón muy oscuro, pero con un brillo constante que le daba un efecto como de bronce pulido. Resaltaba sobre todo su rostro divertido, divertido porque era expresivo, porque cada frase que decía tenía una cara distinta para ser dicha. Cuando su sonrisa aparecía amplia y juguetona, su nariz se contraía y sus ojos se achinaban, provocando en Santiago una sonrisa inmediata como respuesta.</p>
<p>Pequeña y de cuerpo llenito, pero bien formado por el atletismo, Talita también era diferente. Era ella la que siempre estaba rondando la casa de Santiago. Por las tardes se sentaba en el malecón frente a la casa y esperaba a que él apareciera o algo, a veces acompañada por alguien, otras veces sola. Más que intrigado por ese curioso comportamiento, Santiago estaba nervioso, notaba claramente que Talita tenía un interés bastante obvio en él, pero tener que acercarse a ella significaba acercarse a una prole de jóvenes que él no tenía la menor intención de conocer. La isla estaba  llena de chicos y chicas que andaban juntos muchos veranos antes, tenían sus códigos y costumbres, a él no le gustaba la idea de ser el chico nuevo que no entiende nada. No soportaba la idea de no ser el centro de atención, no le gustaba nada pensar que él tendría que adaptarse a ellos y no al revés.</p>
<p>Santiago bajaba a la playa un par de horas en la mañana y luego volvía a meterse en la casa. Si Talita merodeaba por ahí, él estaba tan solo al alcance de su mirada. A veces, cuando sabía que Talita estaba sentada en el malecón, Santiago hacía apariciones fugaces, siempre mirándola de reojo. Pasaba del comedor al cuarto, del cuarto al comedor, del comedor a la cocina y nuevamente al cuarto pasando por el comedor. Paseos cargados de emoción en los cuáles caminaba derecho, mirando al frente, mostrando estar muy ocupado, sumergido en algo muy importante. La escena era más bien patética, pero el interés de Talita por Santiago no parecía disminuir. Ella continuaba paseando y sentándose frente a la casa de playa con admirable persistencia.</p>
<p>Fue en el último día de un verano que decidió acercarse a ella. Como suricato asustado por la amenaza constante del águila marcial, Santiago salió de su búnker asomando la cabeza primero, observando si no había peligro, si el camino hacia Talita -que se encontraba en la terraza de una casa vacía casi al final del malecón- estaba libre. Todo parecía estar tranquilo, el camino estaba completamente vacío. La mayoría de personas probablemente se encontraba ya rumbo a Lima. Armado solamente de valor, Santiago cerró los puños y caminó directamente hacia ella, sin mirar a los costados, como un muñeco de madera sin articulaciones, dando pasos cortos y rápidos hasta que llegó a su lado.</p>
<p>- Hola… ¿Cómo te llamas? –dijo con el corazón latiéndole en la garganta.</p>
<p>Talita levantó la mirada asustada porque ni lo había visto venir. Estaba concentrada leyendo un libro. Cuando lo vio ahí parado, todo tieso, el susto cambió a una sonrisa automática.</p>
<p>Era una sonrisa como las de las películas, cuando el protagonista sobrevive a la segunda guerra, a la de Vietnam o a cualquier guerra y se aparece un día sorpresivamente tocando la puerta de su casa y la novia abre y le sonríe, así como le estaba sonriendo Talita en ese momento.</p>
<p>- Me llamo Talita ¿y tú?</p>
<p>- Santiago.</p>
<p>Ese verano terminó con el inicio de una peculiar amistad que duraría dos veranos más, puesto que el siguiente inició con el final de la amistad.</p>
<p>Propiamente presentados el verano anterior, Talita buscaba a Santiago todas las tardes. Paseaban por el malecón de un extremo al otro, ida y vuelta, sin hablar con nadie. Eran solamente ellos dos –lo cual Santiago agradecía infinitamente- paseando hasta muy avanzada la noche. Hablaban de ellos mismos, de todo lo que fueron –que era bastante poco- y de todo lo que querían ser y hacer, que<br />
era mucho más por parte de Talita y que no estaba del todo claro por parte de Santiago.</p>
<p>Una noche, cansados de caminar, se detuvieron al final del pasadizo que terminaba en la casa mexicana o mediterránea. Se sentaron en un escalón que había ahí, poco y mal iluminados por un poste de luz, muy juntos, sus muslos se rozaban. Hablaban y hablaban pero no se miraban a los ojos. Santiago miraba el suelo mientras Talita miraba el cielo.</p>
<p>Santiago se encontraba divagando sobre algún tema, hablando de esto y aquello. Siguió así por un tiempo hasta que se le secaron las ideas y no recibió ninguna respuesta. Cuando levantó la cabeza para ver si Talita no se había aburrido y se encontraba hablando solo, su mirada chocó directamente con dos ojos marrones que habían dejado de ver las estrellas para observarlo a él.</p>
<p>- ¿Y si me besas? –la voz de Talita sonó algo ronca, como si no saliera de su garganta sino de un lugar más profundo. Santiago bajó la mirada a la velocidad del rayo, se quedó con los ojos clavados<br />
en el piso como si se hubiese quedado ciego. Durante siete segundos se escuchó únicamente el sonido de olas reventando a lo lejos. Durante siete segundos, Santiago sintió como la mirada de Talita lo obligaba a verla pero al mismo tiempo lo tenía paralizado. Durante siete segundos su corazón pudo<br />
bombear sangre a quince personas. Una sensación muy fuerte proveniente de la boca de su estómago, donde se había abierto un agujero muy profundo - podría decirse que infinito- lo hizo voltear luego de los siete segundos más largos de su vida.</p>
<p>Se miraban a los ojos, claramente Talita esperaba que Santiago la besara. A pesar de haber dado el primer paso ella quería algo de romanticismo. Santiago la vio ya no linda sino hermosa, que es lo que suele ocurrir cuando uno se encuentra en situaciones como esa. Su cabello brillaba sin luz, sus ojos brillaban sin luz, sus labios brillaban sin luz, toda ella brillaba sin ninguna luz más que la de ese poste que era incapaz de hacer brillar cualquier cosa. Talita, cansada de tanta reacción sin acción frente a ella, decidió enviarle una señal más a Santiago poniendo una mano sobre su rodilla. Santiago no sólo sentía todo lo que ya estaba sintiendo, en ese momento también le empezó a subir la sangre a la cabeza. Abrumado y fuera de control, pensó que era ya o nunca. Se había decidido a tener enamorada, a querer a Talita, a darse el trabajo de ir desde Miraflores hasta La Molina en invierno con tal de verla, a gastar todas sus propinas en ir al cine y pagar él la entrada, la canchita y todo. Entonces Santiago se desconectó del mundo, cerró los ojos y se fue acercando lentamente, dejándose guiar por la fuerza de atracción que generaban los labios de Talita como una estrella de la muerte pero sin la muerte.</p>
<p>De repente ella dejó de agarrarle la rodilla y le dio un empujón que lo mandó de regreso a la tierra, no solo al planeta, sino al suelo también. Santiago no entendía nada de nada. Cuando se repuso para preguntarle que carajo le pasaba, si estaba loca o qué, vio que Talita observaba el pasadizo oscuro como una gata que ha sido descubierta. Santiago entonces escuchó voces que se acercaban. Voces masculinas. Pronto, la poca luz del poste descubrió una masa de carne descomunal de metro noventa y tres de altura que no era otra cosa que el primo de Talita, Danielón. De sus espaldas aparecieron tres tipos que lo acompañaban.</p>
<p>- ¿Qué hacen ah? –preguntó con más burla que curiosidad, con más risa que preocupación.<br />
- Conversamos.</p>
<p>Talita respondió rápido, como si la hubieran atrapado haciendo algo prohibido. La palabra salió como mecánica de su boca, como si de repente fuera un robot y no Talita. Santiago estaba avergonzadísimo por la situación, humillado por Talita y maldiciendo la hora en que apareció ese gigante con tres tarados más. A pesar de no soltar una sola palabra, de no conocer a ninguno y<br />
sentirse un tanto desigual -ellos tenían más o menos su edad, pero eran todos musculosos y rudos, con esa onda de bacanes que tienen los adolescentes musculosos y rudos que usan shorts porque tienen pantorrillas musculosas también- Santiago los miraba directamente, con cierto tufillo pedante que hasta ahí nomás llegaba porque ni de vainas iba a ser tan bestia de enfrentarlos.</p>
<p>- Mi tío me mando a buscarte. Ya son las dos. –dijo Danielón.<br />
- Ya, ya. Está bien, ya vamos –respondió Talita, más tranquila y sonriendo por una payasada que hizo uno de los tipos que estaba con Danielón.</p>
<p>Avanzaban por el malecón. El primo de Talita y sus tres amigos iban adelante, a pocos pasos de distancia, Santiago y Talita caminaban sin conversar, sin mirarse, casi sin conocerse. Uno de los otros tipos miró a Santiago, luego volteó y los cuatro se rieron. Santiago se sintió más humillado aún, pensó que no había mejor momento para sacar una magnum como la de Harry el sucio y matarlos a<br />
tiros, dos balas para cada uno.</p>
<p>Llegaron a su casa que estaba primero, Santiago sin despedirse de nadie se desvió, subió las escaleras y se perdió dentro de la casa en la que por suerte ya todos dormían.</p>
<p>Talita se quedó parada un momento, viéndolo desaparecer hacia su cuarto mientras su primo y sus amigos iban alejándose ajenos a lo que sucedía. A Talita en ese momento se le humedecieron los ojos, a Santiago se le había humedecido la existencia.<br />
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		<title>ISABEL &#38; SANTIAGO (2)</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2009 04:18:57 +0000</pubDate>
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El mar lo relajaba. La imagen de Isabel en su cabeza llegaba acompañada de una sensación de paz. Santiago se alejó del barullo y encontró un lugar tranquilo en la orilla para sentarse y fumar. La noche se sentía especialmente oscura por ese lado, la luna había desaparecido entre las nubes. Santiago perdió su mirada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/07/6820la-muerte400-13.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-202" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/07/6820la-muerte400-13-168x300.jpg" alt="" width="129" height="231" /></a></p>
<p>El mar lo relajaba. La imagen de Isabel en su cabeza llegaba acompañada de una sensación de paz. Santiago se alejó del barullo y encontró un lugar tranquilo en la orilla para sentarse y fumar. La noche se sentía especialmente oscura por ese lado, la luna había desaparecido entre las nubes. Santiago perdió su mirada en la negrura y dejó que sus oídos sean su principal fuente receptora de sensaciones.</p>
<p><span id="more-199"></span></p>
<p>La había conocido días atrás, pero con una sensación de haberlo hecho durante toda su vida. Isabel era alta, con el cabello negro, muy negro, y lacio, muy lacio, hasta los hombros. Tenía los ojos marrones, cada vez que sonreía se ponían chinos -que era principalmente todo el tiempo- una sonrisa inocente pero mentirosa. La ingenuidad de ese gesto era una trampa, el dulce de las plantas carnívoras. Isabel sabía muy bien lo que hacía y decía, completo conocimiento del juego y sus jugadas, creadora de estrategias, nada mal. Tenía lindos (grandes) senos y Santiago no sabía como perderse en ellos cuando Isabel lo miraba directamente. Tenía la piel clara y suave a la vista. Era delgada, de piernas flacas, mejor dicho, muslos ricos y pantorrillas flacas. María Cecilia los presentó. Ella y Santiago salían de clase cuando Isabel fue a visitar a Maria Cecilia porque estaban en secciones diferentes. Santiago estaba en la 123, Isabel vaya usted a saber en cuál, los huecos coincidieron y ellos también.</p>
<p>A Santiago le gustó desde el primer momento, Isabel lo confundió con un tipo de una clase de inglés. Si hubo alguna especie de magia, de acto divino, de eso que dicen que dos almas son gemelas o si sencillamente se atrajeron desde el primer momento, quién sabe, esas cosas no se perciben con los sentidos así nomás. Isabel tenía enamorado, Santiago tenía ganas de levantarse lo que se moviera en la universidad. Sin embargo, él no pudo despegarse de ella toda la tarde y ella no dejó de reír con las cosas que él decía. Es todo. Los amores a primera vista son un mito, lo que ocurrió entre ellos esa tarde fue sencillamente la vida que nos pasa por encima, nada más, que algo se quedó pegado Santiago es verdad, pero no fue amor. Por su parte Isabel tenía otras responsabilidades emocionales, pero no dejó llamarle la atención aquel flaco pelucón de cabello ondulado, con ray bans de policía y actitud de no me pasa nada pero me pasa todo.</p>
<p>El sonido de una ola agresiva lo sacó de sus pensamientos.</p>
<p>Santiago tiró el pucho y pudo ver con cierta dificultad un bulto a varios metros a su izquierda. Se fue acercando curiosamente. La música se oía ahora tan sólo como un retumbe de bajo a lo lejos. Era una chica de no más de veinte años, su cuerpo estaba de costado, mojado por el oleaje que iba y venía, no se movía. Santiago sacó su celular, le iluminó el rostro y dijo mierda. El agua de mar había limpiado su cara de todo rastro de sangre, de todas maneras pudo ver que le faltaban un par de dientes, había una roca cerca pero él no quiso ni pensar en eso, igual, presentaba fuertes contusiones en el rostro y tenía el sostén enredado en el cuello. Estaba claro que lo usaron para asfixiarla. El cadáver estaba bastante pálido, llevaba el top levantado e iba vestido con una minifalda negra. Santiago continuó el recorrido, pudo ver dos botas también negras. La ropa interior estaba enredada en uno de sus tobillos, luchando para no ser arrastrada por el agua. La puta madre, susurró Santiago. Se levantó y miró a su alrededor, como buscando algo. Su celular sonó, otra vez, otra vez. ¿Qué pasa huevón?, contestó con rabia mientras miraba acelerado a todas partes. Ya, ya voy para allá, colgó. Los demás se iban y él necesitaba que el pastrulo lo lleve a su casa. Encendió otro cigarro y volvió a ver el cuerpo de la chica. A la mierda, dijo, ni cagando me enredo en esta huevada. Cuando levantó la mirada dos sombras se acercaban hacia él, empezó a retroceder, si él no podía distinguir los rostros las sombras no podían distinguirlo a él, corrió y corrió, no paró hasta llegar a la discoteca.</p>
<p>Se metió directamente en el baño y se mojó la cabeza, luego empujó a todos hasta conseguir otro vaso con vodka y salió hacia el estacionamiento. Puta madre, le dijo a los demás, no tienen la más puta idea de la huevada que acabo de ver.</p>
<p><strong>(NO ES EL FIN&#8230;)</strong></p>
<p><strong>Más soundtrack:</strong></p>
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		<title>ISABEL &#38; SANTIAGO</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2009 01:22:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>danielcastro</dc:creator>
		
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I
La noche sonaba, sonaba a rock, a salsa, a pachanga. Santiago se había dejado llevar, acababa de ingresar a la universidad ¿para qué?, para graduarse, era lo único que tenía claro, eso y que esa noche, algo tendría que pescar antes del amanecer. Afuera la discoteca olía a mar y cuerpos, la luna iluminaba la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_189" class="wp-caption alignnone" style="width: 310px"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/07/leonhard-katzel.jpg"><img class="size-medium wp-image-189" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/comonoescribirunanovela/files/2009/07/leonhard-katzel-300x295.jpg" alt="Foto de Leonhard Kätzel" width="300" height="295" /></a><p class="wp-caption-text">Foto de Leonhard Kätzel</p></div>
<p><strong>I</strong></p>
<p>La noche sonaba, sonaba a rock, a salsa, a pachanga. Santiago se había dejado llevar, acababa de ingresar a la universidad ¿para qué?, para graduarse, era lo único que tenía claro, eso y que esa noche, algo tendría que pescar antes del amanecer. Afuera la discoteca olía a mar y cuerpos, la luna iluminaba la arena en la que algunas parejas lo hacían a vista y paciencia de los <em>voyeurs</em> que vagaban por ahi, medio o totalmente ebrios. El mar imponía sus rugidos sobre la música. Adentro, más o menos lo mismo. La discoteca olía a cuerpos y a mar, un gran número de nuevos universitarios se sarandeaban y manoseaban al ritmo de lo que un DJ solitario dictaba. Las canciones imponían su melodía sobre el rugido del océano. La humedad provocada por el sudor practicamente se podía palpar y era todo lo que se respiraba. Dos lados de una misma moneda.</p>
<p><span id="more-183"></span></p>
<p>Santiago estaba con un grupo del salón, apenas llevaban una semana de clases en la Universidad de Lima. No se conocían muy bien. Estaban en una esquina cerca a la barra, él se sentía medio desubicado. Nunca fue muy bueno conociendo gente, pero que le quedaba, era eso o eso. Le daba sorbos a su vodka con jugo de naranja mientras escuchaba a Wershell decir con lujo de detalles cómo se lo iba a hacer a cada chica que les pasaba enfrente. Santiago sonreía de compromiso con cada estupidez y se hacía el desentendido con continuos sorbos de vodka. El tarado que más habla es el que menos hace. Una mano le tocó el hombro, Santiago giró para ver de quién era. Una gorda simpática le sonreía mientras él la miraba pensando quién podía ser, si no la conocía ni cagando que iba a atracar con la gorda por más bonita que fuera. ¡SANTIAGO!, dijo ella, ¡HOLA!, respondió él, dándole otro sorbo a su trago, ¿qué tal? ¿Hace cuánto llegaron?, soltó ella con una sonrisota, ¡¿QUÉ?! respondió Santiago. La gorda se puso de punta de pies para acercarse a su oído ¡¿QUE QUÉ TAL?! ¡¿HACE CUÁNTO LLEGARON?! Santiago supo entonces que si la gorda le preguntaba por los demás es porque lo más probable es que también estuviera en el mismo salón, ¡AH, HACE UNAS HORAS! dijo sin tener nada más que decir. Por suerte mientras él le respondía, la gorda ya saludaba a los demás, simpática la gordita. ¡VOY CON EL PASTRULO POR OTRO <em>ORANGE VODKA </em>HUEVAS! ¡¿VIENES?! le gritó Wershell al oído. Santiago hizo un gesto negativo con la cabeza y le dió otro sorbo a su trago.</p>
<p>Santiago se sentía observado, dos ojos verdes le presionaban el cachete como dos dedos índices. Pelo castaño, largo hasta los hombros, no muy alta, nada fuera de lo común a no ser por el escote que le mostraba a Santiago todo lo que podría haber esperado ver en un escote y aparte, mostraba también estar en un estado alcohólico aprovechable. La gordita simpática volvió sobre sus pasos. ¡SANTIAGO ELLA ES JUDITH! Que nombre para más feo, dijo Santiago, ¡¿AH?! respondieron las dos, ¡QUE HOLA, QUE CUANTO ME GUSTA LO QUE VEO! Judith sonrió coqueta y etílica. Santiago le dio el último sorbo al vodka y le dijo que si quería bailar, le dijo a la gordita que se la preste un momento, ella sonrió y los dos partieron hacia la pista.</p>
<p>Santiago detestaba bailar. No era que lo hiciera mal, pero mientras menos lo hiciera mejor. La pista en esa discoteca o era enana, o esa era la impresión que le daba a Santiago, que bailaba apretado en la esquina derecha, con poca luz y chocando con todos por los cuatro lados. El Pastrulo ya estaba en la pista, al lado izquierdo de Santiago, bailaba con una chica que conoció en la barra y mantenía el paso de distancia de respeto. Los movimientos asfixiantes de mamífero en celo que su amigo realizaba sobre esa chica de las tetazas que no conocía, lo ponían nervioso. El Pastrulo se acercó a Santiago, lo despegó de Judith un momento y le dijo al oído ¡ASÍ NO TE VAS A AGARRAR A LA CHICA!, Santiago lo miro con cara de que mejor, se deje de joder, ¡YA HUEVÓN!, fue todo lo que El Pastrulo obtuvo por respuesta, sonrío y volvió a lo suyo con la chica de la barra.</p>
<p>Las manos de Santiago estaban descontroladas, Judith tenía demasiados tragos encima, se dejaba tocar y hacer, sin embargo, no cedía al beso, más bien hablaba y hablaba. A Santiago esto lo tenía en un cincuenta/cincuenta. Por un lado se regocijaba agarrándole lo que quería, por el otro, se la quería agarrar, pero ella se la pasaba balbuceando sabe dios qué cosas que el no entendía, ni quería entender. Maldita ebria. Santiago estaba totalmente sobre ella, en la esquina más remota de la pista de baile, el DJ solitario atacaba con un ritmo movido, pero el que él llevaba sobre Judith era otro. Acariciaba, si se puede decir acariciaba, su senos sobre la ropa. Empezó a morder su cuello, y subía lentamente. Se venía otro intento más para alcanzar su boca. Judith había callado, se había dejado poseer por el animal desbocado que tenía encima. Santiago estuvo a milímetros de los labios de Judith cuando una chata infame los separó de repente y  empezó a jalar a Judith fuera de la pista. ¡DISCULPA ME LA LLEVO! ¡ESTÁ MAL, ESTÁ MAL! gritaba mientras la arrastraba, al fondo, la gorda simpática le sonreía a Santiago.</p>
<p>Salió de la pista a buscar un trago. Cuando llegó a la barra, montones de nuevos universitarios se empujaban, gritaban, pisaban y golpeaban como mandriles. Hombres y mujeres se olvidaban del género y luchaban como bestias por un poco de alcohol. Santiago se quedó mirando un rato como esos imbéciles eran incapaces de mantener un orden por más borrachos estuvieran o quisieran estar. Le pareció una pérdida de tiempo y fuerza ir por un vodka. Sacó un Marlboro rojo de su cajetilla, lo encendió y se dirigió a la playa.</p>
<p>Antes de salir se cruzó con Isabel que se dirigía a toda velocidad hacia pista de baile. De pronto Santiago esbozó una sonrisa que no fue producto de su mente. Estaba ido escuchando el soundtrack de ese momento infinito, Michael Bublé cantando You Don´t Know Me y ella lindísima acercándose a él. Era como si a todos alrededor se los hubiera tragado la tierra, únicamente ellos, dos caminos que debían cruzarse, dos&#8230; ¡HOLA SANTIAGO!, ¡¿HAS VISTO A MARIA CECILIA?! gritó Isabel con mucha fuerza.</p>
<p>Santiago cayó de golpe sobre sí mismo. La música pachanguera, el ruido, las voces, volvieron a sonar.</p>
<p>¡NO, LA PERDÍ HACE HORAS!, respondió. ¡SI LA VEZ DILE QUE LA ESTUVE BUSCANDO! dijo Isabel. ¡¿NO QUIERES SALIR A CONVERSAR UN RATO?!, solto santiago esperanzado, embobado. ¡NO, NO PUEDO!, Isabel empezó a alejarse, ¡¿CON QUIENES VINISTE?! dijo él&#8230;</p>
<p>¡CON UNOS AMIGOS DEL SALÓN, Y MI ENAMORADO!</p>
<p>Isabel se perdió en el mar de gente. Santiago salió a mirar el océano.</p>
<p><strong>(NO ES EL FIN&#8230;)</strong></p>
<p><em><strong>Acá les dejo la canción de Ray Charles cantada por Michael Bublé que envolvió a Santiago y una de las canciones que sonaba en esa discoteca.</strong></em></p>
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