Fui adolescente a los… seis años.
Cuando tenía seis años, mi única prima Andrea ya tenía catorce. Ella era una adolescente y yo, aunque no lo era, quería serlo. Las largas horas que pasábamos juntas me hacían crecer a su ritmo y contagiarme de costumbres o cosas que probablemente a esa edad todavía no terminaba de entender por completo.
¡Mami, quiero ser dalina!
Con mucho cuidado y emoción me puse la chompa roja con el antiguo logo de Nubeluz. Mamá tuvo la delicadeza (y gracioso detalle) de comprar dos prendas igualitas: una roja para mí y una negrita para mi hermano. Y así, uniformaditos cual soldaditos de plomo llegamos al Coliseo Amauta con los ojos medio cerrados por [...]


