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	<title>Déjenme cantar</title>
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	<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 14:28:26 +0000</pubDate>
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		<title>Y rugió &#8220;El Puma&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jun 2009 04:02:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>valeriascottini</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[el puma]]></category>

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“Conferencia de prensa: José Luis Rodríguez: “El Puma”. Cuando esa invitación llegó a mi correo electrónico supe que tendría que ir. Sin ningún tipo de vergüenza le pregunté a Juan Carlos si yo podía hacerme cargo de esa comisión y él, sin ningún tipo de reparo me dijo “Valeria, esa comisión es en la tarde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/111111.jpg"></a><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/1111111.jpg"><img class="size-medium wp-image-90 alignleft" style="border: 0pt none;margin: 0px 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/1111111-199x300.jpg" alt="" width="199" height="300" /></a></p>
<p>“Conferencia de prensa: José Luis Rodríguez: “El Puma”. Cuando esa invitación llegó a mi correo electrónico supe que tendría que ir. Sin ningún tipo de vergüenza le pregunté a Juan Carlos si yo podía hacerme cargo de esa comisión y él, sin ningún tipo de reparo me dijo “Valeria, esa comisión es en la tarde y está fuera de tu turno, le toca a Maricé y Maricé irá”. Insistí varias horas sin éxito y quedé resignada a seguir escuchando sus canciones por alguna radio romántica.</p>
<p>Llegado el día mi cuadro de comisiones estaba completamente lleno de lo de siempre: perseguir a algún famoso para que hable de algún tema coyuntural, la conferencia de algún otro figuretti con ganas de cámaras y nada más, “siempre igual, los días se repiten siempre igual”. Del Puma nada. Bueno, como él mismo diría “una golondrina no hace el verano”, así que salí resignada a lo de siempre.<span id="more-89"></span></p>
<p>De pronto la llamada ganadora, Juan Carlos en la otra línea: “Valeria, Maricé se enfermó y yo se que tu cuadro esta lleno hasta las 12, pero a la 1 hay que darse una vuelta por la conferencia de El Puma”.</p>
<p>Antes de que termine de decir la palabra pu – ma yo le dije, “pero por supuesto, hay deberes sagrados que cumplir” y le agradecí a Maricé y a su estómago, su gripe, su dolor de muela o lo que fuera”.</p>
<p>Llegue al casino donde se iba a ofrecer la conferencia y me ubiqué en la primera fila. Al costado mío mi mejor amiga Valeria y del otro lado un montón de señoras de la edad de mi abuela, pertenecientes a algún club de fans y seguras asistentes a su concierto. Antes de que la estrella legara el fondo musical de su voz nos acompañaba y yo le confesé a Valeria que moría por ir a su concierto, y tomarme de las manos con alguna de aquellas señoras a ritmo de “Agárrense de las manos”. No hubo respuesta.</p>
<p>Cuando el llegó se portó muy amable con la prensa. “Hay muchas caras nuevas, de gente muy joven” dijo mirándome. Por supuesto que eso iba directito para mí, que en ese entonces tenía 19 años y era la periodista más joven, sobre todo la más joven en esa sala.</p>
<p>Después de ese comentario y mientras la conferencia se iba a desarrollando él no dejaba de mirarme. Al inicio pensé que era mi imaginación, sin embargo Valeria me dijo: “Val te has dado cuenta que de rato en rato voltea a mirarte”. Yo solo le dije: “Con tal que no crea que estoy haciendo alguna asignación escolar, todo perfecto”.</p>
<p>“Pava real”</p>
<p>Yo también lo miraba “De punta a Punta”. Hasta que en un abrir y cerrar de ojos y un poco de distracción la conferencia de prensa acabó. “Muchas gracias por haber estado aquí” dijo el felino, dando por terminado su encuentro con la prensa. Cuando todos comenzaban a pararse para las fotos de rigor….comenzó mi acabose.</p>
<p>“Un momento” señaló el artista y todos los presentes, que todavía no se habían parado del todo de sus asientos volvieron a acomodarse. De pronto me miró fijamente y no sé porque sentí la necesidad de gritarles a todos “agárenme de las manos”. “Tú, la rubiecita, sí, sí tú, ¿cuántos años tienes? ¿No eres muy joven para estar aquí? ¿Qué sabes de mí, yo creo que tu mamá o tu abuelita son los que deben haber escuchado mi música, pero yo quiero que tú me preguntes algo”.</p>
<p>Yo había cambiado de color: No estaba roja, estaba morada. Me invadieron una mezcla de molestia e incomodidad. Molestia porque me había tratado de pequeña y a esa edad me molestaba muchísimo que la gente hiciera comentarios sobre mi edad e incomodidad de ver a todas las caras de la sala con los ojos fijos en la mía. Solo faltaban los reflectores y estaba hecha.</p>
<p>Todos esos sentimientos mezclados en mi hígado hicieron que mi mente se quedara en blanco. 1,2,3,4,5. Me sentía una verdadera “Pava real”. A los 10 segundos reaccioné. “Sí, bueno, si quieres saberlo, a mi abuela le encanta tu música y bueno, con respecto a la pregunta, ¿Qué conoces de música peruana y con qué artista nacional te gustaría cantar?”.</p>
<p>Él respondió que admiraba mucho a Eva Ayllón y al día siguiente muchos medios comenzaron la noticia por ese punto, sin embargo eso de “¿¿¿¿A mi abuela le encanta tu música??? Respiré hondo y pensé, “si alguien me hace algún comentario al respecto…culpable soy yo”.</p>
<p>Ay Diosito Santo</p>
<p>Y como nunca faltan….una señora, de la edad de mi ya famosa abuela, si la misma que moría por la música del Puma, se acercó y me dijo: “Ay es que eres tan jovencita, ¿en verdad eres periodista?&#8230;porque mira que ahí están las cámaras de Magaly y te han estado enfocando hijita, seguro mañana sales en la tele”.</p>
<p>Solo quería salir de ese lugar, olvidarme de los felinos, de las conferencias que no estaban en mi cuadro, de la música del recuerdo, de las cámaras. “No voy a perder la cabeza”, me dije y regresé a la redacción. Levanté el teléfono y le conté la anécdota a Juan Carlos temiendo lo peor: que me dijera que había acabado mi vida periodística, que cogiera mis cosas y me fuera a vender chups, o que me dedicara a tomar fotos, pero solo se comenzó a matar de risa y me dijo algo que hoy recién entiendo: “Estas son las anécdotas que hacen divertida nuestra profesión, yo tengo miles y tú también tienes que tener varias en tu libro, ¿todavía quieres ir al concierto?</p>
<p>Nada de conciertos. Esa noche prendí Magaly y respiré hondo cuando me di cuenta que no habían mencionado nada del incidente. Puse mi disco de grandes éxitos del puma “De una manera estúpida, te has burlado de mí, tendría que llorar por ti, y me río como loca…has tirado nuestro amor por la ventana”, canté hasta quedarme dormida.</p>
<p>Hace algunos días, casi cuatro años después del incidente, conversaba con mi jefa, sobre la última conferencia de prensa del felino en Lima: “Así que tu fuiste la jovencita que era muy chiquita para estar ahí, claro que me acuerdo del incidente”, me dijo riéndose también, solo que esta vez yo también pude reirme. Pusimos su música y tuve ganas de que en algún momento quiera regresar a Lima a dar aquel concierto que quedó en mi lista de pendientes.<!--more--></p>
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		<title>Valgan verdades</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 06:42:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>valeriascottini</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[mal de salud]]></category>

		<category><![CDATA[mentir]]></category>

		<category><![CDATA[pinocho]]></category>

		<category><![CDATA[verdad]]></category>

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Cuando era chiquita y mi mamá me pedía que contestara el teléfono y dijera que no estaba yo repetía “dice mi mamá que no está”.  Cuando faltaba a clases por quedarme dormida y en mi libro de asistencias justificaban mi falta indicando que estaba “mal de salud”, yo me estresaba y le decía a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/1.jpg"><img class="size-medium wp-image-79 alignleft" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/1-300x299.jpg" alt="" width="300" height="299" /></a></p>
<p>Cuando era chiquita y mi mamá me pedía que contestara el teléfono y dijera que no estaba yo repetía “dice mi mamá que no está”.  Cuando faltaba a clases por quedarme dormida y en mi libro de asistencias justificaban mi falta indicando que estaba “mal de salud”, yo me estresaba y le decía a la profesora “bueno pues, me quedé dormida”.</p>
<p>No es que fuera una niña tonta, simplemente no sabia mentir, de hecho, con el paso de los años, en vez de haber perfeccionado el arte de ocultar la verdad, he perfeccionado la técnica para decirla, aún cuando es mejor callarla.<span id="more-78"></span></p>
<p>Muchas personas me critican eso, que debería ser una cualidad. “A veces es mejor mentir” y puede que tengan razón.</p>
<p>De hecho, un claro ejemplo  fueron los últimos días de vida de mi abuela. Fue mucho mejor decirle que poco a poco estaba mejorando su salud aunque todos sabíamos que las noticias no eran alentadoras.</p>
<p>A pesar de ese ejemplo, sigo admirando con fervor la sinceridad de los niños y sigue estresándome sobre manera la capacidad casi natural que ha desarrollado la gente por decir mentiras. Si es cierto que la verdad a veces duele, pero también es cierto que finalmente las mentiras duelen más.</p>
<p>Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad</p>
<p>“Ruth, el regalo de Valeria me gustó más que el tuyo” dijo Adrián, el hermanito de mi mejor amiga, inmediatamente después de ver los paquetes que las dos le habíamos preparado para su cumpleaños. Ella me odió porque había optado por un juguete costoso para su engreído, mientras que yo le había entregado solo un pequeño detalle. “Es cierto, no entiendo lo que me has regalado y ni siquiera lo puedo armar” concluyó con una pequeña sonrisa, mientras mi amiga me miraba con cara de “lárgate con todo y tu paquete”.</p>
<p>Semanas después, en una reunión, un amigo, que yo creía distanciado o molesto porque no hablábamos mucho tiempo se me acercó con medio litro de alcohol en la sangre y me dijo que me quería mucho, que yo era su amiga y que eso nunca iba a cambiar”. No me lo ha vuelto a repetir sin alcohol en la sangre, pero yo le creo y esa verdad me hizo feliz.</p>
<p>Mentiras universales</p>
<p>“Si te comes las uñas no te van a crecer nunca más” “Toma toda tu sopa o te quedarás enana”, “Va a venir el cuco…”, “quédate acá o te llevará el señor que recoge la basura”. Todas las frases que he detallado no son producto de mi imaginación solo una recopilación minima de la cantidad de barbaridades que le dicen a los infantes, aprovechándose de su inocencia y que, valgan verdades, son mentira. Si  bien en muchos casos los padres lo hacen como una forma de regular la conducta, (mi mamá me decía eso y cosas más graciosas-insólitas cuando quería asustarme…y vaya que lo lograba), no son reales.</p>
<p>Decir la verdad cuesta</p>
<p>Creo que mentir se ha convertido en algo tan natural que llega a asustarme. Aún en cosas tan intrascendentes e irrelevantes acostumbramos hacerlo. Cuando mi mamá me pregunta que almorcé, le respondo “una ensaladita” cuando en realidad opté por un delicioso y calórico combo de comida rápida. Cuando trasnocho y me pregunta a que hora llegué a casa le digo “era temprano, no eran ni las tres de la mañana” cuando en realidad entré de puntillas pasadas las cinco. Ah, pero eso sí, todavía no veo que “me crezca la nariz como a Pinocho”, como me repetìan.</p>
<p>Hace poco alguien me bloqueó del Facebook (si pues, nadie es chupetín de fresa para caerle bien a todo el mundo). No es muy difícil darse cuenta de algo tan básico, sobre todo cuando esa paginita es tu actividad pierde-tiempo favorita. Cuando le  afirmé que me había bloqueado me dijo yooooo????? Finalmente lo aceptó y a mi me tranquilizó saber que aunque seguiría bloqueada, al menos no me había mentido.</p>
<p>Dos días después le pregunté a mi mamá algo básico y me mintió. La miré firmemente a los ojos y la tome de la mano tal como había hecho en la anterior situación. Llevé su mano a mi pecho y le dije “Por favor, no me mientas” Su respuesta fue elegante…..”No te voy a mentir, pero tampoco te diré nada” que se traduce en “tienes razón te estoy mintiendo, pero no te puedo decir la verdad”. ¡La verdad vaya que cuesta!</p>
<p>Decidí asegurarme, y tomé a mi mejor amiga de la mano, repetí la técnica, la miré a los ojos y con una seriedad casi sepulcral le dije “por favor, pase lo que pase, no me mientas” Aquí vino lo más gracioso. Ella me miró con cara de “Qué has tomado” y fue entonces cuando me di cuenta que la verdad, no se pide, se practica y llega sola. Decir la verdad me ha jugado malas pasadas, pero mentir me hizo perder a gente que quería. No es necesario ponerlo en la balanza.</p>
<p>Este post no pretende ser autoayuda. Todos tenemos anécdotas graciosas, vergonzosas y dolorosas sobre decir la verdad y no decirla, finalmente es una elección personal. Probemos con no cantarles a los niños “Duérmete niño, duérmete ya, que viene el cuco y te comerá”. Yo intentaré llegar a casa y decir “hoy no comí ensalada, comí hamburguesa y ayer no llegué a las tres, sino a las cinco”, Si no vuelvo a escribir nunca más….habré muerto en el intento.</p>
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		<title>Menuda fan</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 01:55:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>valeriascottini</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[menudo]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada vez que llegaba a la casa de mi abuela corría al cuarto de mi prima. Andrea, me lleva siete años y en ese entonces era mi modelo a seguir, Me encantaba pasar tiempo con ella en su cuarto y a pesar de la diferencia de edades siempre ingeniaba juegos para divertirnos.

Pero no solo compartimos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que llegaba a la casa de mi abuela corría al cuarto de mi prima. Andrea, me lleva siete años y en ese entonces era mi modelo a seguir, Me encantaba pasar tiempo con ella en su cuarto y a pesar de la diferencia de edades siempre ingeniaba juegos para divertirnos.</p>
<p><img class="size-medium wp-image-70  alignleft" style="margin: 0px 6px;border: 0px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/fans_dejenmecantar-300x238.jpg" alt="fans, musica" width="300" height="238" /></p>
<p>Pero no solo compartimos los juegos infantiles, las telenovelas mexicanas y el gusto por las Pringles y otros bocaditos importados que solo a ella le compraban, sino también que con ella aprendí por primera vez lo que es ser fan de alguien y tuve mi primer amor platónico, que a los siete años, es realmente importante.<br />
En una de esas visitas encontré su cuarto empapelado con las caras de unos chicos rubios y de ojos azules: Los New Kids on the block. Ella tenia ya catorce y yo siete. Tras indicarme cuales eran sus nombres (los cuales ahora la verdad ni recuerdo) elegí a mi favorito (claro que no sin antes recibir la advertencia de mi prima, su favorito no podía ser el mío porque era solo de ella, de nadie más).<br />
Apróximamente un mes después, al regresar a su habitación me di cuenta de que aquellos apuestos chicos rubios habían sido remplazados sin piedad por otros caballeros que no se les parecían en nada: Locomía.<span id="more-66"></span><br />
Vale: ¿Qué paso con los New Kids?<br />
Andrea: Nada Valeria, pero ahora los Locomía están de moda.<br />
Vale: Ahh ya.<br />
Andrea: Aunque dicen que son gays.<br />
Vale: ¿Qué es eso?<br />
Andrea: Ay valeria, que dicen que les gustan los hombres, pero no les creo<br />
Vale: ¡Pero como les pueden gustar los hombres…si son hombres! Yo tampoco les creo.<br />
Andrea: ¿Quieres escuchar lo que cantan?<br />
Vale: Primero dime cómo se llaman. Me gusta ese, el de pelo largo.<br />
Andrea: Ah, él es Carlos, te lo puedes quedar a mi no me gusta, yo prefiero al de su lado… vamos a escuchar su música te va a gustar.</p>
<p>En el camino de regreso a casa le fui contando a mi mamá de Locomia.</p>
<p>Vale: Mami, creo que son españoles, tienen el pelo largo y dice Andrea que en la tele les dicen gays, porque dicen que les gustan los hombres.<br />
<strong>Lili:</strong> Tú pensando en esas cosas Valeria.<br />
<strong>Vale:</strong> Mami, ¿me compras un póster de Locomía?<br />
<strong>Lili:</strong> Lo hablamos en la casa Valeria. Está bien, te compro uno.</p>
<p><strong>Amor a primera vista</strong></p>
<p>Esta vez la gracia duró dos semanas. En la siguiente visita a casa de Andrea, Carlos, el Locomía que me gustaba, y los demás posters habían sido cambiados por fotos de Menudo.<br />
Mientras sacaba un casette de Etiqueta amarilla Andrea me iba diciendo uno a uno los nombres de los cinco integrantes.<br />
<strong>Andrea:</strong> Ashley, Alexis, Adrián, Abel y Andy. Andy es mío. Tú te puedes quedar con Abel, es el más pequeño, solo tiene doce años.<br />
Esa tarde escuchamos el casette completo de Menudo “15 años” era el título de esta producción de los cinco adolescentes.</p>
<p>Un mes después volví a casa de Andrea Y me dí cuenta de que los posters de Menudo seguían ahí, intactos. Es más la colección había aumentado y ya casi no quedaba ningún espacio libre en la pared que no mostrara una foto de alguno de los integrantes.<br />
Fotos posters y recortes poblaban la habitación que en sus cuatro apredes gritaban Menudo.</p>
<p>Fue entonces cuando comencé a contagiarme de la verdadera fiebre de un artista. De aquel primer amor platónico, que a los siete años es grave, fuerte y de verdad te lleva a las nubes.<br />
En pocos días ya me sabía todas las canciones del casette “15 años” . Mi primera visita a una discotienda fue para comprarme también ese casette. Me olvidé de los dulces y mis escasas propinas de ese entonces las gastaba en comprarme fotos de Abel y del grupo, Posters y mi primera y única revista Pantalla. Cree un álbum de fotos de mis ídolos, repetía el casette a cada instante y en mi casa me peleaba con mis padres argumentando a mi corta edad que Abel era el mejor hombre del mundo. Mí tía Patty se encargo de regalarme el siguiente casette de Menudo “Imaginate”, que tenía una canción en inglés, la primera en idioma en extranjero que me aprendí y coreaba. Al mismo tiempo seguía gastando mi dinero en fotos y stickers, iba a casa de amigas mucho mayores y me sentía feliz de poder jugar a ser la adolescente fanática del grupo de moda. Las muñecas habían quedado olvidadas en el rincón de mi cuarto, que también tenía un póster de Menudo<br />
Mientras tanto en casa de Andrea, las cosas eran similares, o más graves,<br />
En la siguiente visita las paredes de su cuarto tenían los posters tamaño natural de cada uno de los integrantes que se entregaban al comprar un ejemplar de Teleguía. Toda la repisa de su escritorio estaba llena de videos de VHS con entrevistas al grupo que se encontraba en Lima. Los chicos se iban a presentar en Hola Yola, Aló Gisela y cuanto programa de radio y televisión existiera en ese entonces.<br />
Ese día Andrea me mostró orgullosa un papel. Una entrada para ocupar uno de los primeros asientos en el concierto de Menudo en Lima. Tenía lista la cámara, el atuendo la entrada y la emoción guardada para desbordarla durante aquel día, al cual ella llamaba mi cita”.</p>
<p>Luego de enseñarme su entrada continuamos jugando. Ya no nos gustaba jugar a las muñecas, ni al restaurante, ni a la tiendita, ni siquiera a ser artistas. Nuestros juegos habían “evolucionado”. Cada una elegía una almohada e imaginábamos que eran nuestros favoritos de Menudo y los besábamos.<br />
Ahora me pregunto ¿qué podía saber yo del amor en ese entonces? La verdad es que lo que sí sabía es que la música de menudo me alocaba, los casettes resonaban en mi casa hasta aburrirme y me dedicaba a verlos por la televisión todo el tiempo.<br />
Decidí cambiar la almohada por la puerta del closet de mi prima. Desde entonces, esta puerta será Abel. Dije convencida. Nadie más podía elegir la puerta. Cuando empecé a besar la puerta con una convicción preocupante entró mi mamá al cuarto para avisarme que ya nos íbamos.<br />
<strong>Lili:</strong> ¿Qué haces besando la puerta, Valeria?, me increpó con los ojos saltones y con una cara de preocupación alarmante.<br />
<strong>Vale:</strong> No es la puerta mamá, es Abel de Menudo. Mira es él, el de la foto grande.<br />
<strong>Lili:</strong> Andrea, ¿no te parece que es muy chiquita para enseñarle esas cosas?<br />
<strong>Andrea:</strong> Yo no le enseñé nada.<br />
<strong>Valeria:</strong> Yo no soy chiquita mamá. Tengo seis años y estoy a punto de pasar a segundo grado.<br />
<strong>Lili:</strong> No vuelvas a besar la puerta del clóset Valeria.<br />
<strong>Vale:</strong> ¡Que no es el closet, mamá! Es Abel, el de la foto.</p>
<p><strong>Mi primera decepción<br />
</strong><br />
Esa tarde, camino a casa tuve una seria conversación con mi madre. De niña a mujer.<br />
Valeria: Mami, ¿me puedes comprar algunas revistas Teleguía? Tienen unos pósters tamaño natural de Menudo. Eso sí tienes que comprarme varias porque vienen en pedacitos para ir armando.<br />
<strong>Lili:</strong> Ajá, déjame ver si las consigo.<br />
<strong>Vale:</strong> Mami, una cosita más, la última.<br />
<strong>Lili:</strong> ¿Qué más quieres Valeria?<br />
<strong>Vale:</strong> ¿Me puedes comprar una entrada para ir a verlos. Van a dar un concierto la próxima semana. Creo que el sitio se llama Amauta, algo así, no lo recuerdo bien.<br />
<strong>Lili:</strong> Ahora sí que estás loca. Eso va a estar lleno de gente. Eres muy chiquita para eso y te puedes asfixiar, te pueden chancar, además no puedes ir sola y no voy a ir contigo.<br />
<strong>Vale:</strong> No hay problema mami, puedo ir con Andrea. Ella ya tiene su entrada.<br />
<strong>Lili:</strong> Dije que no Valeria. Cuando crezcas y regresen vas. Esta vez no.<br />
<strong>Vale:</strong> (bañada en lágrimas y decepcionada de la vida) ¡pero mamá!<br />
<strong>Lili:</strong> ¡Basta! No se diga más. Mañana voy a ver si te puedo conseguir esos posters que quieres y punto y si sigues insistiendo no te compro nada.</p>
<p>Una semana después volví a casa de Andrea. En el concierto del día siguiente al que ella asistió una chica murió asfixiada y mi tía se paso agradeciéndole a todos los santos que no le tocara a su hija.<br />
<strong>Andrea:</strong> ¡Me miró Valeria!<br />
<strong>Vale:</strong> ¿Quién?<br />
<strong>Andrea:</strong> Andy. En la canción fueron tus ojos. Me señaló y yo sentí su mirada. ¡Me miro!, ¡me miró!<br />
<strong>Vale:</strong> ¡Qué suerte tienes! Mamá dice que la próxima vez que vengan me tocará ir a verlos. Ojalá me miren también ¿no? Ojalá que regresen pronto, Ojalá que me vean. ¿Tu crees que los pueda conocer Andrea?<br />
<strong>Andrea:</strong> No lo sé Valeria. Habrá que esperar que regresen.</p>
<p>Nunca fui a verlos. El grupo cambió de integrantes. Andrea sacó todos los posters de su cuarto y mucho tiempo después, en una exhaustiva limpieza de su habitación me regaló su colección de fotos. (La cual guardo hasta ahora). Mamá nunca me compró los pósters tamaño natural de Teleguía, pero yo continué con mi colección de fotos y seguía siendo fan. Todavía los veía por la tele y cantaba sus canciones. Hasta que el grupo se convirtió en MDO. Abel seguía formando parte del grupo, se había convertido en padre de dos niños de manera precoz y yo había entendido que ni él era la puerta ni se casaría conmigo. ¡Ya no me gustaba ese Menudo! Yo los quería a todos juntos.</p>
<p>Pocos meses atrás descargué en mi PC todas las canciones de Menudo y encontré mis casettes originales. Los escuché hasta cansarme y recordé aquella etapa de fan enamorada precoz. Aún sigo esperando verlos en vivo y espero el reencuentro con ansias. Estoy segura que, aún ahora, a mis 21 años, viajaría a México, Puerto Rico, o al fin del mundo para verlos en vivo. Un reencuentro es casi imposible, pero la esperanza es lo último que se pierde.</p>
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		<title>Mis cinco minutos de fama</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jun 2009 16:04:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosluna</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[
A los catorce años decidí que ya había llegado el momento de que el mundo, o alguna pequeña masa de gente, me escuchara cantar. Llegar a un concurso de corte internacional tal como lo hicieron Sandra Muente o Nicolle Pilman era aspirar a mucho, así que la decisión fue más..digamos. local (Gracias a Dios).
Me inscribí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/cantante_dc.jpg"><img class="size-medium wp-image-75    alignleft" style="margin: 0px 6px;border: 0px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/06/cantante_dc-300x225.jpg" alt="Cantante, joven, niña, musica" width="300" height="225" /></a></p>
<p>A los catorce años decidí que ya había llegado el momento de que el mundo, o alguna pequeña masa de gente, me escuchara cantar. Llegar a un concurso de corte internacional tal como lo hicieron Sandra Muente o Nicolle Pilman era aspirar a mucho, así que la decisión fue más..digamos. local (Gracias a Dios).</p>
<p>Me inscribí en el concurso de canto de un conocido club limeño. En realidad este no tenía pretensiones artísticas puesto que el premio no era ser famosa ni grabar un disco. Solo se trataba de una actividad cultural con fines recreativos por lo que lo que me anoté en la lista sin problemas y me olvidé del asunto.</p>
<p>Un mes después me llamaron a preguntarme con qué canción saldría a concursar. Yo había olvidado mi osadía y no tuve reparos en decirlo, pero el organizador me convenció de elegir algo aunque fuera a última hora. Sin saber a qué se metía, él mismo se encargó de conseguirme la pista- requisito indispensable para salir al ruedo- y luego me la entregó para que ensayara en casa.</p>
<p>Llegada la fecha indicada me asomé por el escenario donde se desarrollarían los hechos y tuve el primer, y único, ensayo de &#8220;Buscando un poco de amor&#8221; de Shakira. Solo puedo resumirlo diciendo que, si ella me hubiera escuchado, me botaba de escena a puño limpio.</p>
<p><span id="more-62"></span></p>
<p>En ese momento no me importaba, tenía mis cinco minutos de fama y estaba parada en un estrado como siempre lo había soñado. Para mí fue un momento mágico, la gente, las luces, la música. Yo era algo así como la Susan Boyle de la época, guardando las distancias del caso, pero era un momento que yo me estaba regalando solo para darme el gusto.</p>
<p>El día del concurso baje del escenario pensando &#8220;bueno, por algo dicen que lo importante es participar&#8221;. No sé que tanto estuvieron de acuerdo los miembros del jurado cuando vieron mi incursión en escena, pero si alguien me aplaudió fue mi familia y aunque suene a consuelo de tontos, con eso me bastó.</p>
<p> </p>
<p>En algún rincón de ilusión creí que podía ocupar el podio de los 3 mejores. Un quinto puesto no es tan malo, pero suele serlo cuando son cinco las personas que están en la competencia. Como por premonición, no me quede a la premiación y el único registro de ese fugaz paso por la &#8220;fama&#8221; es un libro de recuerdo que me llegó a casa semanas después. Habían consignado mi nombre como participante, sí, pero había desaparecido del registro fotográfico como por arte de magia.</p>
<p>Mi mayor consuelo, muchos años después, fue saber que dos de las cinco concursantes lograron tener grupos de música, lo que significa que en verdad lo hacían bien. Y a mi me queda la satisfacción de saber que, sin importar lo que piense la gente, mientras uno no haga daño, es libre de cumplir sus sueños. Aunque esos sueños queden rotos 3 minutos y medio después, justo con el último compás de &#8220;Buscando un poco de amor&#8221;.</p>
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		<title>Bailar pegados… no es bailar</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2009 17:02:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marcoparedes</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[El sábado asistí a un cumpleaños. No había bailado en toda la noche, pero de pronto un ritmo sonó en el equipo de música y no pude evitar pararme y mover los pies. Obviamente no iba a bailar sola, así que conminé a un amigo a que me acompañara. Él accedió rápidamente a pesar de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/05/3295069963_ff5c9cb4e71.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-60" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/dejenmecantar/files/2009/05/3295069963_ff5c9cb4e71-300x274.jpg" alt="" width="300" height="274" /></a>El sábado asistí a un cumpleaños. No había bailado en toda la noche, pero de pronto un ritmo sonó en el equipo de música y no pude evitar pararme y mover los pies. Obviamente no iba a bailar sola, así que conminé a un amigo a que me acompañara. Él accedió rápidamente a pesar de que no le hacía mucha gracia bailar.  Y supongo que aceptó porque no sabía de qué canción se trataba.</p>
<p>Conforme pasaban los minutos, los demás asistentes lograron engancharse con la música y hasta se animaron a seguirnos con las palmas. Sin embargo,  la cara de mi acompañante poco a poco iba cambiando, sobre todo desde que le aclaré que nos encontrábamos bailando el “cha-cha-cha” de &#8220;La pequeña compañía&#8221;, una cancioncita con una extensión aproximada de 15 minutos.<span id="more-54"></span></p>
<p>&#8220;No te preocupes&#8221;, le aclaré, &#8220;es un mix y tiene varios ritmos&#8221;. Comenzamos con &#8220;Bodeguero, qué sucede, por qué tan contento estás&#8221; y minutos después pasamos casi sin darnos cuenta a corear &#8220;toma chocolate y paga lo que debes&#8221;. Mi amigo seguía moviendo los pies a destiempo y me comentó, después del minuto 10, que ya estaba agotado. Entonces le dije que venía mi parte favorita,  la del &#8220;otorrino - laringólogo (ólogo) que se juntó con el neurólogo (ologo) y al encontrarse al odontólogo llamaron a Pepe el radiólogo…&#8221;.</p>
<p>La canción acabó con palmas y con la firme promesa de mi amigo de no volver a ser mi pareja de baile. Sin embargo, la alegría y la participación que se lograron durante los 15 minutos de este esperado tema me hizo recordar que en realidad las canciones que marcaron época tenían ritmos tan contagiosos y letras tan sin sentido como el tema que acabo de transcribir.</p>
<p>Mi primer ejemplo es la canción que sonó durante toda mi última matinée con payasos, justo cuando cumplí seis años. En esa ocasión hasta los muñecos de Mickey y Minnie bailaron a ritmo de &#8220;Sopa de caracol&#8221;. Yo nunca entendí que significaba &#8220;watameri cónsul, yupi pa&#8217; ti, yupi pa&#8217; mi&#8221;, pero moví mis pequeños piececitos durante toda la tarde porque… &#8220;Si tú quieres bailar… sopa de caracol”.</p>
<p>Poco tiempo después Natusha Napé te animaba a &#8220;sacar a tu chico y ponerte a bailar&#8221; con su no menos popular &#8220;Meneíto&#8221;. A diferencia de la &#8220;Sopa de caracol&#8221;, esta canción tenía un valor agregado: quien se animara a bailarla tenía que conocer la coreografía que consistía en moverte de costado y de izquierda a derecha con las manos arriba.</p>
<p>Pero si de coreografías se trata, ninguna como la que surgió para acompañar a &#8220;La Macarena&#8221;. El ritmo puso a bailar a todo el mundo, incluido al ex presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, quien no dudó en utilizar el pegajoso tema como parte de su campaña y hasta se animó a bailar.</p>
<p>Las letras raras y las coreografías pegajosas continuaron haciendo lo suyo aún en los últimos años. Prueba de ello es el éxito que obtuvieron las hermanas Ketchup con el “Aserejé”, otro tema de letra indescifrable (que algunos se atrevieron a decir tenía connotaciones satánicas), pero con el cual se aseguraron una millonaria venta de discos (a pesar de que no se logró conocer nuevos temas del grupo).</p>
<p>No importa qué edad hayamos tenido cuando estos ritmos se pusieron de moda. No importa si los bailamos en una matinée, en un quinceañero o en una disco. Lo cierto es que pocos se pueden resistir a mover los pies y las manos cuando una de estas canciones nos sorprende en una fiesta. Tampoco importa si nos<br />
acordamos de las coreografías de manera exacta. Finalmente son solo ritmos -algunos tal vez sin letra profunda- que nos enseñaron en su debido momento que &#8220;bailar pegados… no es necesariamente bailar&#8221;</p>
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		<title>Fui adolescente a los&#8230; seis años.</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Mar 2009 20:42:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>carlosluna</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[cantar]]></category>

		<category><![CDATA[menudo]]></category>

		<category><![CDATA[new kids on the block]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando tenía seis años, mi única prima Andrea ya tenía catorce. Ella era una adolescente y yo, aunque no lo era, quería serlo.  Las largas horas que pasábamos juntas me hacían crecer a su ritmo y contagiarme de costumbres o cosas que probablemente a esa edad todavía no terminaba de entender por completo.
Una tarde llegué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando tenía seis años, mi única prima Andrea ya tenía catorce. Ella era una adolescente y yo, aunque no lo era, quería serlo.  Las largas horas que pasábamos juntas me hacían crecer a su ritmo y contagiarme de costumbres o cosas que probablemente a esa edad todavía no terminaba de entender por completo.<span id="more-47"></span></p>
<p>Una tarde llegué a su casa y descubrí su habitación empapelada con fotos de los chicos de moda. Rubios de ojos claros como solo se veían en las series americanas: Los New Kids on the Block eran los jovencitos que en esos momentos le arrancaban más de un suspiro a las adolescentes (y yo me refiero a las de verdad, no a las imitaciones como yo). Ella me los presentó uno a uno y me dijo &#8220;elige uno&#8221;. No recuerdo bien a cuál de ellos señalé, pero inmediatamente quedé, sin saberlo, emparejada con un joven que nunca vería en persona.</p>
<p>Y así pasaron varias semanas en las que yo iba a visitar a mi prima y a la imagen colgada de su pared, como para saber que seguía ahí intacto. Semanas después esos posters pasaron a mejor vida y fueron remplazados por otros de unos hombres de porte europeo  y un tanto ambiguo que tenían  abanicos y que cantaban temas cuyas letras no recuerdo ni aunque esfuerce la memoria: Locomía.</p>
<p>Recuerdo que en esa ocasión el elegido fue Carlos. Mi prima en cambio había optado por Francis como su favorito. El ritual de ir a casa de  mi prima para visitar aquellos trozos de papel en su pared se repitió al igual que con el grupo anterior, sin embargo, esto no preocupaba a mi madre, o al menos no lo hizo hasta que se desató la verdadera ola de fanatismo al estilo adolescente.</p>
<p>Esta verdadera catástrofe llegó con Menudo. Cuando Menudo se apoderó de la habitación de mi prima yo dejé de ser una mera observadora de papeles y de nombres para convertirme en, quien sabe, la fan más joven de Menudo.  Para ese entonces ya no me conformaba con ver los posters de Abel (sí, mi favorito) en el cuarto de mi prima, yo los quería en mi cuarto también. Ya no me era suficiente que Andrea compartiera sus fotos, yo también cambié las figuritas de los álbumes de Navarrete por fotos de los Menudo y cambié los dulces que compraba con mis propinas por revistas Pantalla y Teleguía, con las que prácticamente aprendí a leer.</p>
<p>Mamá trataba de complacerme mientras podía, tal vez le causaba gracia que mi regalo de Navidad a los siete años fuera un equipo de música con el casete &#8220;15 años&#8221; de Menudo (pieza que aún conservo). Ella tampoco refutaba con comprarme de vez en cuando aquellas revistas de chismes, sobre todo cuando lanzaron como promoción posters tamaño natural de los menudos que se debían ir armando por entregas. Nunca pude completar las figuras, pero recuerdo que recibí la imagen del torso de uno de ellos con la misma emoción con la que recibí mi primera muñeca.</p>
<p>Había creado mi mundo Menudo en el que podía entrar con mi prima, pero un día a mi madre, dejó de hacerle gracia y yo en ese momento no entendí por qué. Era una tarde en la que, después de pasar varias horas con Andrea era tiempo de volver a casa. &#8220;Voy a despedirme&#8221;, le dije a mamá y antes de salir por completo, corrí al cuarto de mi prima y comencé a besar apasionadamente la puerta de su clóset.  (Tal vez en esta parte de la historia sería conveniente contar que siempre establecíamos objetos para imaginarnos que eran nuestras estrellas: la almohada, las puertas, las paredes). Entonces la puerta para mí había dejado de ser un trozo de madera y se había convertido en el niño de trece años por el cual suspiraba: Abel.</p>
<p>Mamá no entendía ese mundo, me había comprado las revistas  o me había regalado algunas fotos, pero no sabía el significado de revisar programas enteros dedicados a tus ídolos, por lo tanto, el que yo besara una puerta ya era demasiado para mí y para ella. No recuerdo muy bien lo que me dijo al contemplar esa escena, solo recuerdo que no me dejó ir a ninguno de los conciertos de Menudo en Lima aunque mi prima me presumiera sus entradas.</p>
<p>Ella quiso devolverme al mundo de muñecas y cocinitas del cual tal vez nunca debí salir, pero hoy más de 15 años después descubro que mientras mis muñecas yacen en alguna caja que nunca encontraré y mis juegos de cocina fueron donados a los niños pobres, todavía conservo entre mis cosas aquella ruma de fotos que logré obtener juntando las mías con las de mi prima (que después de muchos años me donó) y también puedo encontrar los posters que compraba para convertirme en una adolescente de seis años. Algo faltó y ella lo sabe, nunca pude ir a un concierto de mis ídolos y eso mantiene en mi una conexión que jamás romperé.</p>
<p>Finalmente esa misma conexión nació entre mi prima y yo al compartir aquellos momentos y hoy, después de más de quince años mientras recodábamos entre risas aquellas ocurrencias nos dimos cuenta que aunque aquellas estrellas nunca supieron de nuestra existencia y nunca dejaron de ser impresiones baratas de fotografías, crearon entre nosotras un lazo que no se rompe y que si representara en música, definitivamente sonaría a Menudo.</p>
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		<title>¡Mami, quiero ser dalina!</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Mar 2009 14:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>marcoparedes</dc:creator>
		
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