La cuarta (o el descontento IV)
| June 9, 2009 |
- A ver ¿qué te cuento?
- Comienza por donde quieras. No tienes que contarme nada. De repente sólo quieres conversar.
- ¿Se puede hablar de algo que no sea mi pasado?
- ¿Acaso hemos conversado de tu pasado en las otras sesiones? No siempre ha sido así.
- Tienes razón, fácil soy yo quien quiere conversar de mi pasado.
- Ya te lo dije: Tú dirás.
- Bueno. La he pasado bien. Seguí haciendo mi autobiografía este fin de semana. He recordado muchas cosas muy bonitas y creo que me está haciendo llenarme de ganas de vivir. No es que antes no las tuviera, pero como que me estoy conectado con algo que no tenía tan presente pero que es importante. Como esas ganas, esa fuerza que uno pierde conforme pasan los años y que hace que los niños te digan “señor” cuando tienes veintitrés años. Desde esa época ya me pasaba. En fin, he recordado mucho a mi padre. Creo que nunca te llegué a decir que hace mucho que no hablo con él.
- No, no lo habías dicho.
- Sí. No te lo había dicho. En realidad así como hace mucho que no hablo con él hace mucho que no hablo de él. Como que no me provoca. Lo que pasó me dejó marcado de por vida y creo que nunca lo voy a poder olvidar.
- ¿Quieres hablar de eso ahora?
- No sé. La verdad que me duele mucho. No sé… Me da mucha rabia. ¿A ti te jodería que tu padre se hubiera ido de la casa un buen día y no hubiera regresado sino para tu cumpleaños veinte años después? A mi me reventó. No lo veía desde los ocho años. Y un buen día hace dos años se apareció en mi santo, con regalo en mano. Mi madre abrió la puerta y lo agarró a cachetadas. Mis hermanas ni se acordaban de él. Yo sí recordaba su cara…
- …
- Era tal cual lo recordaba, pero más viejo, claro. Salía a hacer un poco de deporte y mi madre casi me atropella, llorando. Fui a preguntarle qué le pasaba, pero cerró la puerta. Como había escuchado el timbre, pensé que algo había en la puerta que me podría explicar lo que estaba pasando. Abrí la puerta y lo vi. Estaba parado, con el peinado que tenía en las fotos de mi álbum, pero con canas. Se le veía bien, fuerte, sano. A veces pensaba que se había muerto yendo a algún lado caminando y que nadie lo había reclamado y por eso nunca supimos qué había sido de él. Otras veces pensaba que lo habían secuestrado por error y que lo habían matado para no complicarse. Pocas veces suscribía la versión de mi madre de que “se fue con otra”. Lo vi ahí, parado. Mirándome con una sonrisa nerviosa. “Feliz Día, hijo”. No sabía qué hacer. Me puse helado, tieso. No escuchaba nada después de su saludo. El tiempo se detuvo. No podía moverme. No sabía ni qué quería hacer. Sólo atiné a clavarle la mirada. Me miró e intentó abrazarme, pero yo seguía con la mano en la puerta y no atiné a moverme. Me dejó el regalo en la mesa de recibo, dio media vuelta y se fue. No pude decir palabra.
- ¿Querías decirle algo?
- No sé. Pero creo que cuando una persona te saluda por tu cumpleaños en la puerta de tu casa y te deja un regalo, algo le tienes que decir.
- De repente no querías decirle nada.
- Sí quería. Algo en mí se quería conectar con él. Pero otro algo en mí no quería. Sentí miedo. Mucho miedo. Creo que mis fantasías se terminaron y eso me asustó. Como que había pensado que estaba muerto y no estaba. Como si hubiera visto a un resucitado. Creo que no dije nada porque me asusté, se me rompió el esquema.
- ¿Y qué crees que le hubieras dicho?
- No sé. Seguro le preguntaría dónde había estado. No sé. La verdad que no tengo idea. En ese momento sólo sentí miedo. Luego vino la rabia.
- ¿Luego?
- Sí. Al rato de que se fuera. Cerré la puerta, vi el regalo y lo agarré a patadas. Era una caja dura, de madera. Estaba forrada, pero como la agarré a patadas se salió el forro y vi que era una caja. Parecía un escritorio chiquito. Se abrió de un golpe y salieron escupidas un montón de fotos. Todas de él con mi madre, de él conmigo, de él con mis hermanas bebitas, de todos juntos. Habían cartas escritas. Seguí pateando todo hasta que llegó mi hermana, recogió todo y me dio un abrazo para que me tranquilizara.
- ¿Te tranquilizaste?
- Por fuera, sí. Pero por dentro tenía mucha rabia. Quería cobrarle cada día en que había llorado su muerte. Quería reclamarle por dejarnos solos y por las noches en que veía que mi madre estaba haciendo cuentas con el poco dinero que teníamos. Quería cobrarle los oficios de padre que realicé con mis hermanas. Tenía mucha rabia. Pero mi hermana estaba al lado mirando las fotos, abriendo las cartas, y me entró curiosidad.
- ¿Qué hiciste?
- Me puse a ver las fotos con ella. Al rato llegó mi otra hermana. Habían miles de fotos. Parecía que cuando se fue se llevó todas las fotos de la familia. Yo no había visto ninguna de esas, y estoy seguro que había revisado todos los álbumes de fotos y revelado todos los rollos que había en la casa. Siempre había estado buscando la cara de mi padre para poder imaginarme una que me acompañara. Y ahora que lo había tenido al frente, no le había podido hablar.
- ¿Y has podido hablarle después?
- No lo he vuelto a ver. Mi madre dice que ha llamado a la casa, pero que cuando ella contesta no habla. Dice que se queda escuchando, ella ha reconocido su respiración. Sabe que es él. Creo que quiere hablar conmigo.
- ¿Y le hablarías si contestaras el teléfono?
- No sé. Tendría que estar ahí. Pero por las horas que llama, creo que en realidad está buscando a mi madre. Si me buscara a mí me iría a buscar al trabajo o llamaría más tarde.
- Tu madre, ¿cómo lo toma?
- No sé. No dice nada. Sólo cuenta eso. Yo creo que en el fondo siempre lo ha esperado. Como que ahora se acabó la espera, pero está resentida y no creo que así no más le atraque volver a conversar.
- ¿Y tú?
- ¿Yo? No sé. Me he arrepentido de no hablarle esa vez. Creo que sí hablaría con él si lo viera de nuevo. Pero como que me siento traidor de mi madre si lo hago. Como que siento que tengo que estar resentido con él. No sé.
- Bueno. Se nos ha acabado el tiempo. Finalmente no me contaste lo que escribiste.
- Sí, pero ahora voy a ir a escribir esto que te conté.
- Nos vemos.
- Chao.
Comentarios
5 Comentarios para “La cuarta (o el descontento IV)”
Comenta Aquí




June 9th, 2009 @ 12:26
No pocas veces el rollo más duro tiene que ver con los viejos de uno… se portó mal pero ¿Cómo no perdonarlo? ¡Es tu viejo! Además sabe perfectamente que la ca..ó, pienso que ese bro descontento debe darle un oportunidad al tío, dígale que lo llame, doctor… claro que con cuidado ¿no? No vaya a ser que se vaya en caldo y la cosa se complique… me da mucha pena este bro… el otro bro me da risa jejejeje…
Ya deja tranquilo a mi bro! Es un gran tipo. Ya verás qué pasa con esta historia. Saludos.
June 9th, 2009 @ 15:32
el lugar debera ser neutral para una proxima reunion.. que sea amplio.. una calle, un cafe, 2 extraños y una historia no contada la pena de uno de decir perdon el otro de saberse perdonado ..la ventana de yohari con respecto al yo oculto indca que el miedo es para los dos pero uno tendra que dar el primer paso
me gustaria saber que consejo le dirias…
Tendrás que esperar al siguiente post para saber cómo sigue. ¡No te pierdas!
June 9th, 2009 @ 17:08
Ahora entiendo porque esta tan descontento, debe ser dificil criarse sin padre y que se vaya de esa manera pero se que se van a amistar, es verdadera esta historia??, muy triste en verdad.
Saludos Gonzalo, siempre te sigo!
Sigue siguiéndome, ya verás qué pasa. No sé si coincidirá la historia con alguien… si así sucede no es intencional. Recuerda que no puedo revelar nada de lo que escucho con mis pacientes por secreto profesional.
June 9th, 2009 @ 17:49
Lo admito!! juzgue mal a “El Descontento”, crei que solo debia ordenar su vida, pero leo que ha pasado por cosas duras y necesita ayuda, me conmovio la parte en que esta pateando el regalo y su hermana lo abraza.
Saludos.
La verdad que es dura esa parte. Ya verás cómo sigue. Saludos también.
June 14th, 2009 @ 22:02
Pues, yo opino…je,je,je! Que lo perdone, al final al perdonar a su padre de alguna manera se libera el mismo y aprende a aceptar que el ser humano (incluyendo su padre) a veces la caga. En algun momento todos la hemos cagado o de lo contrario la vamos a cagar. Yo creo que primero debe pensar en la idea de perdonarlo como persona, como individuo, como SER HUMANO y no necesariamente como padre, ya luego, si quiere, poco a poco, puede empezar una relacion con El, acercarse a El, y con tiempo, si el padre le cae bien y es un buen tipo, puede hasta llegar a quererlo.
Creo que la oportunidad se merece.
Ya veremos… esta historia recién comienza.