Martín Romaña encuentra (por fin) a la mujer de la risa encantadora
| September 9, 2009 |
Luego de mi absurdo episodio con el vengador anónimo en un baño público, pensé que los encuentros inesperados iban a amainar por lo menos por un tiempo. Pero resulta que no, que la vida últimamente se está poniendo tremendamente exagerada para mí. El viernes pasado estuve de investigador privado: fui de discotecas en busca de alguna pista que me llevase a encontrar por fin a la chica de la sonrisa encantadora, pero a la cuarta discoteca, frustrado, me dediqué más al trago que a investigar y terminé privado. Es la primeva vez que ahogo las penas en el alcohol. Diré que mis penas han aprendido a flotar en algún lado, porque me fue dificilísimo ahogarlas.
El sábado me levanté con una resaca que más parecía la temblorosa agonía de un caso de malaria. Tomé tres panadoles, bebí varios vasos de agua y me senté ante la pantalla de la computadora como un cavernícola ante un tocadiscos. Me había llegado un mail con el siguiente encabezado: “Alexia”. No sé si se los había dicho ya, pero el nombre de la chica de la risa encantadora es Alexia. Como podrán imaginar, la lectura de ese bellísimo nombre me sacó de la resaca con bastante más eficiencia y rapidez que un Bloody Mary. Me escribía un amigo al cual le había preguntado por ella días atrás y no me había sabido proporcionar seña alguna, hasta que, de pronto, había recordado que su hermana tenía una amiga llamada así y que tenía una risa encantadora. Llamé inmediatamente al amigo en cuestión, quien no sólo confirmó el dato, sino que me aseguró que la chica iría, esa misma noche, a una fiesta en Punta Hermosa (balneario ubicado al sur de Lima). Me puse feliz y en ningún momento pensé que en Lima podría haber varios cientos de chicas llamadas Alexia con risas que mi amigo podría calificar de encantadoras. Le pregunté si yo también podía ir a esa fiesta. Me dijo que claro que sí, porque la casa donde se llevaría a cabo era enorme y porque los organizadores estaban medio bajones de asistentes confirmados. Me facilitó la dirección de la casa en Punta Hermosa y me dijo que, si no me dejaban entrar, dijese su nombre y todo quedaría resulto. Le agradecí casi a gritos su amabilidad y nos despedimos.
Todo en la vida me comenzó a parecer bonito, hasta el nublado horroroso que se extendía, preñado de malos augurios, sobre la ciudad. A las cinco de la tarde me llamó por teléfono Cucho, quien me contó que Felipe Morel, el indignado, había conseguido publicar un poemario y que estaban celebrando la proeza en el bar Juanito, en Barranco, a pocas cuadras de mi casa. Agradecí la invitación y me fui caminando hasta el lugar.
Cuando llegué allí, Cucho y el indignado me recibieron armando un gran alboroto. Habían bebido ya dos jarras de cerveza. El indignado, con la solemnidad de un dictador de principios de siglo, me extendió un ejemplar de su flamante poemario. Me indicó que no se había rebajado a publicarlo en una editorial grande “porque representan a grupos de poder imperialistas y porque son unos chupasangres del talento popular”, sino en una editorial independiente. Pero el librito no parecía haber sido publicado por una editorial independiente, sino por una editorial indigente. Pocas veces he visto un libro tan feo y tan mal hecho. El dibujo de la carátula era de terror: se trataba de un fusil Kalashnikov aplastando el cráneo de un sujeto vestido de terno, que con bastante imaginación podía ser identificado como Bush. Las letras del interior estaban impresas prácticamente sobre papel higiénico Paracas. Las novelitas para escolares que publicaba Navarrete cuando yo era chico, podrían considerarse como ediciones de lujo comparadas con aquel mamarracho.
El indignado me dijo que me regalaba el ejemplar y me invitó a leer la dedicatoria. Leí: “Para Martín Romaña, compañero insurrecto, camarada de las más heroicas protestas en aras de la libertad y la igualdad”. Noté que se había olvidado de la fraternidad para completar el triple lema revolucionario, pero se lo achaqué más a la cerveza que a su escasa simpatía por ese valor.
Pese a la desagradable impresión que me causó el librito y el poema que leyó en voz alta su autor, con un tono de voz y una entonación dignas de mejor causa, yo no dejaba de estar eufórico porque esa noche vería por fin a la chica de la sonrisa encantadora. Como no mostré un interés a la altura de las expectativas del indignado, éste me reconvino agriamente, acusándome de conformista, burgués y “pechofrío”. No le hice mucho caso porque mi mente, espoleada por la cerveza, se regodeaba en la promesa de ver al fin a Alexia. Esperé que el indignado se desahogase y les conté que en unas horas me iba a Punta Hermosa, a la fiesta antes referida. “Seguramente una reunioncita de lameculos del sistema ―me espetó el indignado―. Es el colmo Romaña, que te mezcles con la patética aristocracia limeña”. Cucho me dijo, por el contrario, que era el colmo que no les hubiese pasado la voz para esa fiesta. Cuando les dije que estaría encantado de que me acompañasen, ambos aceptaron de buen grado, aunque el indignado aclaró que lo hacía por intereses meramente sociológicos, a lo cual Cucho respondió: “esa no te la cree ni tu vieja” y comenzó una nueva discusión en la que las madres de ambos oponentes quedaron muy mal paradas.
Es increíble cómo la cerveza anula la sensación del paso del tiempo. Estuvimos horas hablando estupideces y hasta nos enfrascamos en una penosa discusión con un hippy que escuchó uno de los poemas que el indignado vociferaba de rato en rato y le pareció que era un alegato contra las ideas pacifistas. El indignado protestó diciendo que él era la persona más pacifista del mundo y que la guerra le parecía un negocio capitalista. El pacifista y el indignado estuvieron a punto de irse a los puños porque cada uno opinaba que era más pacifista que el otro. Logramos detenerlos justo a tiempo gracias la ayuda de dos noruegos que nunca comprendieron de qué iba la bronca, pero que con su porte de vikingos lograron apaciguar las aguas. No sé por qué, pero terminamos amiguísimos del hippy, quien en señal de buena voluntad nos regaló un troncho que tenía las dimensiones de un habano y que nos fumamos los cuatro en la Plaza de Barranco, como si fuera la pipa de la paz.
A eso de las diez de la noche los conminé a dirigirnos hacia Punta Hermosa. Subimos los cuatro a la camioneta Toyota que Cucho se acababa de comprar y enfilamos hacia el Sur. Nos detuvimos en un grifo de la Panamericana para echar gasolina y yo aproveché para ir al baño. Recién cuando vi dos wáteres en vez de uno y tuve que achinar los ojos para apuntar correctamente, tomé conciencia de que estaba ebrio como un finlandés en un sauna. La marihuana (que fumaba por segunda vez en mi vida) no ayudaba en nada a aclarar mi mente.
Salí del baño fisiológicamente aliviado y psicológicamente tenso. ¿En mi lamentable estado, cómo haría para no hacer un papelón ante la chica de la sonrisa encantadora? ¿Qué tal si le decía una torpeza o botaba al piso un jarrón o le vomitaba encima? Pero las dificultades que tendría que afrontar llegaron más pronto de lo imaginado: La camioneta con mis amigos había desaparecido. No cabía otra explicación que, de puros borrachos, se habían olvidado que yo había bajado a hacer uso de los servicios higiénicos. Me sobresalté pensando que no se darían cuenta de mi ausencia y que no retornarían por mí.
Un instinto celoso y feroz me hizo imaginar que Cucho se gilearía a mi chica y que ésta le daría bola y que yo me quedaría sin ella por el simple hecho de hacer pila en un grifo. Me enfurecí contra Cucho como si él ya la estuviera besuqueando en la romántica terraza que seguramente tendría la casa de Punta Hermosa.
Serían ya como las diez y media de la noche y yo estaba parado al borde de la Panamericana Sur, aterido de frío (soplaba un viento de los cojones), ebrio y extendiendo el pulgar con la esperanza de que alguno de los carros que pasaban zumbando a mi costado se apiadase de mí y me jalase a Punta Hermosa. Una hora después, al borde de la hipotermia, seguía con el pulgar extendido y azul al borde de la carretera, tentado de pasarme al otro lado para ver si alguien me jalaba de regreso a Lima. De pronto, una camioneta plateada se detuvo a mi costado. Una de las ventanas descendió con el típico sonido de un motorcito eléctrico y apareció un rostro que se me hizo de inmediato familiar.
― ¿Martín?
En ese momento pensé estar viendo visiones y se me pasó por la cabeza que el hippy nos había dado algún alucinógeno junto con el gigantesco porro. Me refregué los ojos. No había duda, la persona que me miraba inquisitivamente desde la ventanilla era Alexia, la chica de la risa encantadora, sólo que no se estaba riendo en lo más mínimo.
― ¿A a a alexia? ―repregunté tartamudeando por la sorpresa y porque, gracias al frío, los dientes me castañeaban como las cucharitas de un cantante criollo.
― ¿Qué haces tirando dedo a estas horas en la carretera?
―Mis amigos me dejaron olvidado cuando bajé a hacer pil… para ir al baño en el grifo ―dije señalando la gasolinera con mi pulgar azul―… estoy yendo a una fiesta en Punta Hermosa.
―Nosotros también estamos yendo para allá, sube, te jalamos.
Ingresé al vehículo con la sensación de quien se introduce en un platillo volador. Me tuve que sentar prácticamente sobre las faldas de Alexia, porque el carro estaba repleto de sus amigas y amigos. Nos saludamos brevemente y todos me miraron con sospecha. Al cabo de un rato una amiga suya, una japonesita que se llamaba Aiko, me preguntó que de dónde nos conocíamos.
―Tuvimos un encontronazo hace algunas semanas en Gótica.
Todos me miraron con extrañeza y escándalo y yo caí en la cuenta de que mi respuesta podía interpretarse muy fácilmente en doble sentido.
―Un cabezazo ―me apresuré a corregir―, nos dimos un cabezazo y luego nos pusimos a conversar. Eso fue todo, un cabezazo y nada más.
A todos se les fue la cara de escándalo, pero se les acentuó el gesto de extrañeza. A Alexia le vino un ataque de risa que me confirmó que era la chica que yo había conocido. Ni se molestó en aclarar el malentendido, lo cual confirmó también su gran personalidad. Por segunda vez en un día experimentaba las propiedades antialcohólicas que Alexia ejercía sobre mi organismo. Ya no me sentía tan borracho y estaba lejos de vomitarle encima.
El resto del camino nos la pasamos hablando de mis inefables amigos y matándonos de risa de que me hubiesen olvidado en medio de la nada por hacer pila en un grifo. Yo estaba tan contento de ir viajando sentado sobre las faldas de la chica de mis sueños que ni siquiera le di importancia a los comentarios de las amigas de Alexia que habían visto una camioneta volcada con las ruedas mirando el cielo al borde de la carretera.
Tan sólo al día siguiente por la tarde me enteré del accidente. Resulta que Cucho, el indignado y el hippy se habían volcado de camino a Punta Hermosa, obviamente, porque Cucho, que iba al volante, estaba tan o más borracho que yo. Me relataron la escena así: de un momento a otro Cucho se quedó dormido y la camioneta dio dos vueltas de campana en el desierto. De milagro, todos estaban con los cinturones de seguridad puestos, incluso el hippy, que iba detrás. El único que no llevaba cinturón era yo, así es que si no me hubiesen olvidado en el grifo, no les estaría contando esta historia, sino que la estarían leyendo en el periódico. Cuando la camioneta dejó de dar vueltas. Todos se quedaron de cabeza en medio de una nube de polvo. Se preguntaron si estaban bien y todos respondieron que creían que sí. El indignado, con gran alivio, soltó su cinturón de seguridad y cayó de cabeza sobre el techo de la camioneta. Gracias a eso fue el único herido del accidente y anda ahora puteando todo el día porque no soporta el collarín que le han puesto los médicos en el cuello. Pero la cosa no terminó allí. Como no recordaban que me habían olvidado en el grifo, pensaron que yo había salido expulsado por la ventana en alguna de las vueltas que dio el carro. Bajaron como pudieron del vehículo y se pusieron a gritar como locos: “¡Romañaaaaaa! ¡¿dónde estaaaaás?!” por todo el oscuro desierto circundante. Sólo dejaron de dar de gritos quince minutos después, cuando el hippy, de pronto, se acordó que yo había bajado en la gasolinera. Entonces se abrazaron muy aliviados y decidieron fumarse otro porro. Luego llegó una camioneta del Seguro y los sacó del aprieto. Cucho no terminó en la cárcel gracias a su tío policía que ya está un poco harto de sacarlo de aprietos.
Pero volvamos a la fiesta en Punta Hermosa, en la que me pasé la noche bailando y conversando con la chica de mis sueños. Como había supuesto, la casa tenía una romántica terraza sobre la cual pude sentarme muy juntito a Alexia y pasarle un brazo por encima de los hombros y decirle cosas muy lindas y huachafas que la hicieron reírse con esa risa que me llena el alma de colores. Con las primeras luces del alba nos besamos y yo supe que la vida, con todas sus exageradas dificultades, valía la pena.
Tags: accidente > borracho > camioneta > hippy > policía > punta hermosa > sonrisa
Comentarios
42 Comentarios para “Martín Romaña encuentra (por fin) a la mujer de la risa encantadora”
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September 9th, 2009 @ 12:15
FELICIDADES MARTIN POR ENCONTRAR A LA CHICA DE TUS SUEÑOS Y SIGUE ESCRIBIENDO CUIDATE
September 9th, 2009 @ 12:56
Para Romaña, los 3 segundos mas jodidos y exgerados de tu vida: 0.30 - 0.33
http://www.youtube.com/watch?v=jPllKe18O9o&feature=related
Chequealo.
Hasta las h… Romaña
September 9th, 2009 @ 13:28
Por fin!! ansiaba leerte Martin, escribes excelente 20! super me encanta y siempre te leo, q bueno q encontraste a Alexia , que viva el amor!!! jajajaja. espero tu siguiente post.
besos
p.d. te comiste una H (harto) en la del tio policia
tildes omitidas x mi teclado en ingles =( no se configurarlo plop!
September 9th, 2009 @ 13:49
Dicen que cuando las cosas van a pasar pasan, o es el destino o nuestra vida que esta llena de circunstancias realmente extrañas y muchas considencias. No te ha pasado que derrepente sientes que lo que estas viviendo es una pelicula jeje!!!.
Suerte en el blog y tambien con la chica de la bella sonrisa.
Saluditos
September 9th, 2009 @ 13:51
Felicitaciones! Por fin se te hizo. Porsiaca, la palabra “harto” es con “h”, ji,ji.
September 9th, 2009 @ 14:16
Coincido, valió la pena. Valió la pena también esta entretenida lectura.
September 9th, 2009 @ 20:32
Felicitaciones..por fin la encontrastes y Gracias a Dios que tus amigos te dejaron en el grifo sino no la estuvises contando..Suerte
Saludos desde Chincha
September 9th, 2009 @ 21:10
Gracias querido Martin, me he reido hasta las lagrimas con la travesia y he suspirado con el final.
September 10th, 2009 @ 0:33
jajajajjajajajajajaja
que bueno ese penultimo parrafo…
buena romaña, fue larga pero entretenida. lo bueno que con poco morbo sabes hacerla bien cholo.
saludos y no te vayas a morir
http://achoteadasaprendi.blogspot.com
September 10th, 2009 @ 4:00
Muy buena Martín
como dice el refran
para que tomar y manejar si puedes fumar y volar….
suave con el hippie,suerte con alexia y
saludos al indignao, que creo se ha vuelto un coprotagonista de reparto
September 10th, 2009 @ 11:04
bueno bueno, parece que tendremos nueva protagonista en el exagerado blog… una fotito para conocerla pues!!!!
No tardes en escribir…
September 10th, 2009 @ 11:41
Buena Martín!!!! hasta que se te hizo. Repito la pregunta de hace varias semanas: ¿qué haces, con qué te bañas o por dónde andas para que te pasen historias increíbles y divertidas?
No importa la respuesta, solo espero que tú nos la cuentes con esa chispa que tienes.
Un Abrazo.
September 10th, 2009 @ 19:38
Mira por algo pasan las cosas…sera que tienes que seguir por este mundo ,compartiendo tus emociones,tus desdichas y todas tus aventuras te queremos aqui.
suerte
isela
September 10th, 2009 @ 21:08
Divertida historia señor Romaña
Espero que el indignado se acostumbre a llevar el collarín en el cuello y el primo policía de Cucho no se arte mucho sacándolo de aprietos.
Un abrazo.
September 10th, 2009 @ 21:36
Buena historia XD
September 11th, 2009 @ 7:53
Buena historia, como para empezar el día…
Saludosss
September 11th, 2009 @ 14:41
Buena, Buena, este relato bien puede ser un guion de “How I met your mother”.
September 13th, 2009 @ 15:37
Maestro!!! jejeje, ya me imagino la cara del indignado y de cucho buscandote en pleno desierto jajaja!!! como siempre digo: “no hay mal que por bien no venga”
September 13th, 2009 @ 18:07
Hey hola,,,me rei mucho leyendo tu historia, fue genial…me paso algo arecido solo q no con un final tan lindo saludos
September 14th, 2009 @ 11:32
Las extrañezas de la vida te siguen? o tu sigues las extrañezas de la vida?…espro seguir leyendo más post…saludos
September 14th, 2009 @ 22:21
Jajajajajaja…
De la PTM, buenaza……
Tienes que pasar en audio su risa por que hasta yo quiero escucharla reir.
Un abrazo,
September 15th, 2009 @ 8:49
Lo maximo!!!!
Magicman
September 15th, 2009 @ 11:32
Muy buena la historia, pero siempre hay que tener cuidaado Martin con su vida exagerada,no vaya a pasarle algo malo y nos deje sin sus historias…
abrazos
September 15th, 2009 @ 12:05
jajaja…muy buen post…q bueno que bajaste a hacer pil!…jaja
September 15th, 2009 @ 15:57
¿Y cómo hago para conseguir mi propio Romaña? El de Bryce Echenique no es perfecto y tú tampoco lo eres, pero definitivamente tienen un encanto tan especial… *insertar suspiro melancólico*
September 15th, 2009 @ 19:36
Así que estuvieron a punto de irse a las manos para definir quien era mas pacifista, que buena.
September 15th, 2009 @ 19:48
X q no respondera nuestros comentarios?… estará ocupado con la mujer de la risa encantadora… jeje, o estará dolido? la esquizofrenia?? vuelve Matador con M de Martín!
September 17th, 2009 @ 10:12
Hasta q la hiciste Romaña….. Muy buena
September 18th, 2009 @ 6:36
Apuesto que mi risa y sonrisa… son mas encantadoras…jijiji =D
September 18th, 2009 @ 10:28
Bunena man creo que el destino dice algo pa esa relacion pero mientras llegue esa respuesta disfruta su compañia, saludos y felicidad, ya te imagino tiritando de frio jajaja, saludos buen post
September 20th, 2009 @ 2:32
Te lei la primera vez con lo del Monstruo del Pop, que me encanto,.. pero claro esto es mas feliz, y es excelente, mira son las 2:30 am y no podia irme sin terminar de leer todo,…me he reido como loca.
Gracias
September 21st, 2009 @ 16:28
no leo muy seguido los blog, pero me gustó cuidate y suerteee
September 21st, 2009 @ 19:20
Hola Martín,
Muy bacan tu historia.
Pero la verdad que me avisarón de este post y me di con la sorpresa que has puesto mi foto. Me parece medio faltoso que pongas la foto de alguien sin siquiera conocerla. Asi que porfavor sacala que me jode.
gracias
RESPUESTA: Estimada A, la verdad es que yo no pongo las fotos, sino que las pone RPP. Ni idea de dónde la han sacado, voy a averiguar. Disculpas por la molestia… Por cierto, muy linda la foto.
pd: y es en serio
September 22nd, 2009 @ 6:48
jajajaja que escandalo!!! antes habia otra y la cambiaron… tal vez es un mensaje secreto para A
September 22nd, 2009 @ 10:30
La foto lo sacaron de lo más simple. De google, como el resto de fotos de tu blog, sin preguntar ni pedir permiso. Deberías ser más cuidadoso con ese tema.
Es muy sencillo llegar al blog de la chica de la foto…
September 22nd, 2009 @ 16:18
Martin, no sean cutres. Quiten la marca de agua de Getty… ays…
September 23rd, 2009 @ 11:40
bueno, al menos a esta si se le ve la sonrisa… a la anterior na ke ver…
September 23rd, 2009 @ 15:20
y quien era la chica de la foto???
September 25th, 2009 @ 15:07
Si ps asi es cuando te tiemplas todo lo ve risas y alegrias
September 27th, 2009 @ 10:34
ciertas o no estas historias nos alegran el dia ..gracias por compartirlas
October 3rd, 2009 @ 20:08
hola tocayo veo q las historias de amor no siempre acaban como lo deseamos, pase x parecidas historia con una femina q termino rompiendome el corazon, ahora estoy como el hombre de hojalata q busca al mago de oz para pedir su corazon si no pido asesinar a cupido, con una sobredosis de su propias flechas eh dicho…esperamos tu proxima historia
October 3rd, 2009 @ 20:22
sin kerer cometi un error ortografico en mi anterior comentario pues mi nick sale ORTO no piensen mal o q me vacila el dedo con vaselina solo corrijo mi nublamiento al querer desaparcer al enano volador causante del amor