<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	>

<channel>
	<title>El blog exagerado de Martín Romaña</title>
	<atom:link href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado</link>
	<description>Just another Aldeaw.rpp.com.pe Blogs weblog</description>
	<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 20:29:28 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.6.5</generator>
	<language>en</language>
			<item>
		<title>La última aventura de Martín Romaña</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/11/19/la-ultima-aventura-de-martin-romana/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/11/19/la-ultima-aventura-de-martin-romana/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 19:03:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[despedida]]></category>

		<category><![CDATA[el blog exagerado]]></category>

		<category><![CDATA[Martín Romaña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=314</guid>
		<description><![CDATA[Antes de comenzar, creo que debo pedir una disculpa a los estupendos lectores y comentaristas de este humilde blog por mi injustificado silencio. He leído ayer por la noche sus comentarios y me he quedado sorprendido por las exageradas y simpáticas llamadas al orden que me han hecho.Como les relaté meses atrás, la mujer de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/11/piso11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-319" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/11/piso11-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>Antes de comenzar, creo que debo pedir una disculpa a los estupendos lectores y comentaristas de este humilde blog por mi injustificado silencio. He leído ayer por la noche sus comentarios y me he quedado sorprendido por las exageradas y simpáticas llamadas al orden que me han hecho.<span id="more-314"></span>Como les relaté meses atrás, la mujer de la risa encantadora rompió la relación amorosa que habíamos iniciado. Digamos que terminó conmigo en el sentido más literal de la expresión. La vida me comenzó a dar vueltas y de pronto me vi vacío y perdido en el mundo. Para combatir estos sentimientos y reencontrarme, decidí hacer un corto viaje en busca de iluminación y olvido. Pensé en dirigirme al Cuzco, pero decidí que las circunstancias ameritaban que me fuese un poco más lejos. No sé bien cómo me auto convencí de viajar por dos semanas y media a la India, para internarme en un ashram. Fue una experiencia exagerada que relataré brevemente, para luego pasar a lo importante.</p>
<p>El ashram se llamaba Sivanananda y quedaba a pocos kilómetros de Rishikesh, al norte de India. Llegué allí en busca de iluminación, pero allí no había ni luz eléctrica. Lo que si encontré, y a chorros, fue olvido… fue una experiencia por completo olvidable.</p>
<p>El centro de meditación era regentado por un célebre y octogenario gurú llamado <a href="http://www.iloveindia.com/spirituality/gurus/bikram-choudhary.html"><span style="text-decoration: none;color: #000000">Bikram</span></a> <a href="http://www.iloveindia.com/spirituality/gurus/chinmayananda.html"><span style="text-decoration: none;color: #000000">Chimayananda</span></a>. El maestro <a href="http://www.iloveindia.com/spirituality/gurus/chinmayananda.html"><span style="text-decoration: none;color: #000000">Chimayananda</span></a> resultó ser un simpático viejecito entrado en carnes y poseedor de una barba blanquísima. Era una especie de Papa Noel de tez morena, cuyas ojeras ― por imposible que esto pueda parecer ―, eran más grandes que su rostro. El personal del ashram no permitía a los peregrinos cruzar palabras con el gurú todos los días.<br />
En realidad sólo me permitieron dirigirle la palabra una vez y aproveché para formularle tres preguntas. Como mi inglés no es muy bueno y el suyo era muy malo, tuvimos algunos problemillas para comunicarnos. En primer lugar, quise saber su opinión sobre el sentido de la vida y me habló de una insuficiencia renal que lo había molestado en la década de los cincuentas. Acto seguido, inquirí sobre la razón de ser del amor y me respondió que a él tampoco le gustaba el criquet, que lo ideal para formar el espíritu era un deporte menos violento y me recomendó vigorosamente el backgammon. Finalmente, le pregunté por el olvido y me dijo que lo mejor para eso era nunca beber yogurt antes de acostarse. Hasta ahora le doy vueltas a sus respuestas intentando descubrir algún significado oculto.<br />
Al comienzo me agradó el lugar, hasta que se me hizo evidente que el menú único en toda mi estadía se iba a limitar a una sopa elaborada a base de arroz, carne molida y curry. En realidad era agua con curry condimentada con unos cuantos granos de arroz y trocitos microscópicos de carne. Cuando llegó el segundo fin de semana fui atacado por un terrible aburrimiento estomacal. Me escapé de ashram después del almuerzo y a medio kilómetro de allí, vi a un lugareño que llevaba por un camino una especie de carrito sanguchero tirado por una especie de mula. Le compré al tipo ―que era igualito a Peter Sellers en <em>La</em> <em>fiesta inolvidable</em>, pero con bigotes― una especie de sandwich que me pareció delicioso, salvo porque llevaba demasiado curry. Nunca he comido tanto curry en mi vida. Mientras escribo esto, acerco mi nariz a mi antebrazo y huele a curry. ¡Todo yo sigo oliendo a curry!<br />
Regresé a hurtadillas al ashram y al atardecer mi estómago comenzó a sonar como si el sandwich hubiese sido de trinitrotolueno. Por la noche, el personal llamó a la ambulancia, que era una mototaxi como las de aquí, pero equipada con un balón de oxígeno y curitas. Me trasladaron a Rishikesh y en vista del color amarillo patito de mi piel, de mi diarrea incontenible y de que mi fiebre subía como la inflación en el primer gobierno de Alan, me trasladaron, dos días después, a un hospital en Dehli, de modo que si moría no tuviesen que darle explicaciones a nadie. Este traslado me alivió en parte porque yo andaba bastante angustiado pensando que iba a morir en un lugar cuyo nombre ni siquiera pronunciaba correctamente. Permanecí en el Indraprastha Apollo Hospital de Dehli por una semana y luego me trasladé a una habitación de hotel, de la cual no tuve fuerzas para salir en varias semanas más, que fue cuando atiné a comprar un pasaje de regreso a Perú. Ahora estoy tan flaco y ojeroso que sólo me falta la trompetita para ser Gunga Din. Gracias a Dios ya no estoy tan amarillo.<br />
Llegué a Lima recién ayer por la mañana. Le había encargado a mi amigo Cucho que revisase mi blog diariamente y que aceptase los comentarios durante la que hubiera sido una ausencia de dos semanas y media, de no haber sido por una especie de sandwich que poseía una concentración bacteriana capaz de intoxicar a un buitre.</p>
<p>Relatada mi aventura hinduista-intestinal, paso a lo importante: El propósito de este blog era obligarme a mantener una bitácora de mi vida fuera del piso 11. Ahora que retorno allí, este blog carece de sentido. En efecto, pienso recluirme en mi ashram personal del piso 11, sin gurús herméticos ni sopitas de curry, tan sólo rodeado de libros, películas y la compañía de Ricardina, mi ama de llaves. Aquí, en el silencio de mi biblioteca, las historias de amor no mueren, las bellas jóvenes de 21 años son por siempre bellas y su edad es invariable. Aquí, las tramas se repiten como un eco imperturbable y todo permanece en su esencia. Aquí, las traiciones son de papel y los peligros de tinta.<br />
Me despido de todos los lectores con un sincero acto de agradecimiento. Hasta una nueva oportunidad, cuando pasado un tiempo, abandone el piso 11 y retorne al exagerado mundo real.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/11/19/la-ultima-aventura-de-martin-romana/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>La vida enamorada de Martín Romaña</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/09/24/la-vida-enamorada-de-martin-romana/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/09/24/la-vida-enamorada-de-martin-romana/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 20:58:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[amor]]></category>

		<category><![CDATA[Dante]]></category>

		<category><![CDATA[España]]></category>

		<category><![CDATA[Lima]]></category>

		<category><![CDATA[maestría]]></category>

		<category><![CDATA[Mister Bean]]></category>

		<category><![CDATA[Risa]]></category>

		<category><![CDATA[ruptura]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=305</guid>
		<description><![CDATA[Antes que nada les pido disculpas por la demora en postear, pero es difícil escribir cuando uno tiene el corazón vuelto un anticucho por las saetas de Cupido y las manos tembleques por los venenosos efectos del amor. El amor es ciego y también medio cojudo, la verdad. Durante mis amoríos con Alexia, la mujer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/09/pasion.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-310" style="border: 0pt none;margin: 5px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/09/pasion-300x193.jpg" alt="" width="240" height="154" /></a>Antes que nada les pido disculpas por la demora en postear, pero es difícil escribir cuando uno tiene el corazón vuelto un anticucho por las saetas de Cupido y las manos tembleques por los venenosos efectos del amor. El amor es ciego y también medio cojudo, la verdad. Durante mis amoríos con Alexia, la mujer de la risa encantadora, me transformé en el ser más distraído y torpe del planeta, en una rara mezcla entre el Chapulín Colorado y Mister Bean.</p>
<p>Lo peor es que no me importaba.Perdí mis lentes y me cagué de risa, el celular se me cayó al wáter y me cagué de risa, choqué mi auto contra el triciclo de un ropavejero… eso no me dio risa, pero tampoco se convirtió en un drama porque sabía que a las 6 de la tarde vería a Alexia y ella me consolaría y se reiría por mí y al escuchar esa risa yo sabría que todo estaba bien, que todo saldría bien por más episodios exagerados que tuviese mi vida.<span id="more-305"></span>Constantemente me preguntaba por qué me había autoexiliado durante 15 años. Si hubiese conocido a la mujer de la risa encantadora, ciertamente no lo hubiese hecho… o me hubiese exiliado junto con ella en el piso 11.<br />
Apenas empezamos a salir, luego de nuestros románticos besos en aquella fiesta en Punta Hermosa, ella me contó que unos meses atrás había terminado con su enamorado. Este se había tenido que ir a hacer una maestría en España y ella no creía en los amores a distancia, así que se había visto obligada romper la relación. Me confesó con toda sinceridad que aún lo extrañaba y quiso saber si a mí me parecía sensata su decisión. Quise decirle que había sido la mejor decisión de su vida, pero no me gusta eso de jalar agua para mi molino. Tan sólo me quedé callado y formulé para mis adentros la siguiente teoría provisional: Una relación amorosa, contrariamente a lo que pueda parecer, involucra necesariamente a tres personas: El hombre, la mujer, y el fantasma del ex. El corolario de esa ley universal es que el hombre participa, en cuanto fantasma, en la siguiente relación de la mujer… Funciona como corolario, más no como consuelo.<br />
Alexia y yo hicimos miles de cosas juntos. Fuimos al cine, comimos una cantidad brutal de popcorn y nos besamos como quinceañeros en la oscuridad, ajenos a la trama de la película y tejiendo entre los dos una trama un millón de veces más interesante que la que había ideado algún solitario guionista ante la titilante pantalla de su computadora. Fuimos a comer helados por ahí, a tomar miles de cafés por ahí, a bailar por ahí, a besarnos por ahí… no sé qué tanto hicimos en dos semanas, sólo sé que anduvimos por ahí.<br />
Hasta que una tarde, pocos días atrás, me dijo esa frasecita que es lo más parecido a la famosa: &#8220;¡Oh vosotros que entráis, abandonad toda esperanza!&#8221; del Dante. Como todos los despechados de este valle de lágrimas imaginarán, a frasecita fue: “Tenemos que hablar”. Me contó que acababa de hablar por teléfono con su ex y que éste le había dicho que volvía a Lima en una semana. No entendí bien si volvía porque no la hacía con la maestría o porque no aguantaba vivir sin la chica de la risa encantadora. Me quedo con la hipótesis de que el tipo es brutísimo y lo botaron de la maestría por falta de materia gris.<br />
Alexia me dijo muchas cosas lindas sobre mí, que no me alegraron en lo más mínimo, y me dijo que pensaba volver con el ex, porque aún estaba enamorada y no podía hacer nada al respecto. Se puso muy triste al confesarme eso y no se rió ni nada. Yo casi le pido que se ría un poquito para confirmar que estaba hablando con ella y no con una chica que se le parecía mucho, pero que no era ella por dentro.<br />
Como dije, sólo estuve con ella dos semanas, las semanas más felices y cortas de mi vida. Es increíble cómo puede uno habituarse a alguien en tan poco tiempo. Ahora que se ha ido, no recuerdo bien cómo se hace para vivir. Me levanto por la mañana, veo el nublado de Lima lamiendo mi ventana y me parece que el que se ha ido soy yo.<br />
Confieso que estuve tentado de autoexiliarme en mi departamento por los siguientes 15 años. A veces pienso aún en hacerlo, con lo cual este humilde blog quedaría perdido en algún recodo de ese universo vasto que es el ciberespacio, como el recuerdo de una aventura fugaz, como la bitácora de un breve sueño tenido por mí durante alguna siesta en mi cama del piso 11.<br />
Luego lo pienso mejor y decido que lo que debe quedar a manera de recuerdo es esa risa encantadora. Esa risa que me llega como una voz llena de luz y promesas desde el futuro más incierto.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/09/24/la-vida-enamorada-de-martin-romana/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Martín Romaña encuentra (por fin) a la mujer de la risa encantadora</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/09/09/martin-romana-encuentra-por-fin-a-la-mujer-de-la-risa-encantadora/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/09/09/martin-romana-encuentra-por-fin-a-la-mujer-de-la-risa-encantadora/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 Sep 2009 17:04:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[accidente]]></category>

		<category><![CDATA[borracho]]></category>

		<category><![CDATA[camioneta]]></category>

		<category><![CDATA[hippy]]></category>

		<category><![CDATA[policía]]></category>

		<category><![CDATA[punta hermosa]]></category>

		<category><![CDATA[sonrisa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=290</guid>
		<description><![CDATA[
Luego de mi absurdo episodio con el vengador anónimo en un baño público, pensé que los encuentros inesperados iban a amainar por lo menos por un tiempo. Pero resulta que no, que la vida últimamente se está poniendo tremendamente exagerada para mí. El viernes pasado estuve de investigador privado: fui de discotecas en busca de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/09/smile_beauty_girl.jpg"></a></p>
<div id="attachment_303" class="wp-caption alignleft" style="width: 213px"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/09/sonrisa.jpg"><img class="size-medium wp-image-303" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/09/sonrisa-203x300.jpg" alt="Getty Images" width="203" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Fuente: Getty Images</p></div>
<p>Luego de mi absurdo episodio con el vengador anónimo en un baño público, pensé que los encuentros inesperados iban a amainar por lo menos por un tiempo. Pero resulta que no, que la vida últimamente se está poniendo tremendamente exagerada para mí. El viernes pasado estuve de investigador privado: fui de discotecas en busca de alguna pista que me llevase a encontrar por fin a la chica de la sonrisa encantadora, pero a la cuarta discoteca, frustrado, me dediqué más al trago que a investigar y terminé privado. Es la primeva vez que ahogo las penas en el alcohol. Diré que mis penas han aprendido a flotar en algún lado, porque me fue dificilísimo ahogarlas.<span id="more-290"></span></p>
<p>El sábado me levanté con una resaca que más parecía la temblorosa agonía de un caso de malaria. Tomé tres panadoles, bebí varios vasos de agua y me senté ante la pantalla de la computadora como un cavernícola ante un tocadiscos. Me había llegado un mail con el siguiente encabezado: “Alexia”. No sé si se los había dicho ya, pero el nombre de la chica de la risa encantadora es Alexia. Como podrán imaginar, la lectura de ese bellísimo nombre me sacó de la resaca con bastante más eficiencia y rapidez que un Bloody Mary. Me escribía un amigo al cual le había preguntado por ella días atrás y no me había sabido proporcionar seña alguna, hasta que, de pronto, había recordado que su hermana tenía una amiga llamada así y que tenía una risa encantadora. Llamé inmediatamente al amigo en cuestión, quien no sólo confirmó el dato, sino que me aseguró que la chica iría, esa misma noche, a una fiesta en Punta Hermosa (balneario ubicado al sur de Lima). Me puse feliz y en ningún momento pensé que en Lima podría haber varios cientos de chicas llamadas Alexia con risas que mi amigo podría calificar de encantadoras. Le pregunté si yo también podía ir a esa fiesta. Me dijo que claro que sí, porque la casa donde se llevaría a cabo era enorme y porque los organizadores estaban medio bajones de asistentes confirmados. Me facilitó la dirección de la casa en Punta Hermosa y me dijo que, si no me dejaban entrar, dijese su nombre y todo quedaría resulto. Le agradecí casi a gritos su amabilidad y nos despedimos.</p>
<p>Todo en la vida me comenzó a parecer bonito, hasta el nublado horroroso que se extendía, preñado de malos augurios, sobre la ciudad. A las cinco de la tarde me llamó por teléfono Cucho, quien me contó que Felipe Morel, el indignado, había conseguido publicar un poemario y que estaban celebrando la proeza en el bar Juanito, en Barranco, a pocas cuadras de mi casa. Agradecí la invitación y me fui caminando hasta el lugar.</p>
<p>Cuando llegué allí, Cucho y el indignado me recibieron armando un gran alboroto. Habían bebido ya dos jarras de cerveza. El indignado, con la solemnidad de un dictador de principios de siglo, me extendió un ejemplar de su flamante poemario. Me indicó que no se había rebajado a publicarlo en una editorial grande “porque representan a grupos de poder imperialistas y porque son unos chupasangres del talento popular”, sino en una editorial independiente. Pero el librito no parecía haber sido publicado por una editorial independiente, sino por una editorial indigente. Pocas veces he visto un libro tan feo y tan mal hecho. El dibujo de la carátula era de terror: se trataba de un fusil Kalashnikov aplastando el cráneo de un sujeto vestido de terno, que con bastante imaginación podía ser identificado como Bush. Las letras del interior estaban impresas prácticamente sobre papel higiénico Paracas. Las novelitas para escolares que publicaba Navarrete cuando yo era chico, podrían considerarse como ediciones de lujo comparadas con aquel mamarracho.</p>
<p>El indignado me dijo que me regalaba el ejemplar y me invitó a leer la dedicatoria. Leí: “Para Martín Romaña, compañero insurrecto, camarada de las más heroicas protestas en aras de la libertad y la igualdad”. Noté que se había olvidado de la fraternidad para completar el triple lema revolucionario, pero se lo achaqué más a la cerveza que a su escasa simpatía por ese valor.</p>
<p>Pese a la desagradable impresión que me causó el librito y el poema que leyó en voz alta su autor, con un tono de voz y una entonación dignas de mejor causa, yo no dejaba de estar eufórico porque esa noche vería por fin a la chica de la sonrisa encantadora. Como no mostré un interés a la altura de las expectativas del indignado, éste me reconvino agriamente, acusándome de conformista, burgués y “pechofrío”. No le hice mucho caso porque mi mente, espoleada por la cerveza, se regodeaba en la promesa de ver al fin a Alexia. Esperé que el indignado se desahogase y les conté que en unas horas me iba a Punta Hermosa, a la fiesta antes referida. “Seguramente una reunioncita de lameculos del sistema ―me espetó el indignado―. Es el colmo Romaña, que te mezcles con la patética aristocracia limeña”. Cucho me dijo, por el contrario, que era el colmo que no les hubiese pasado la voz para esa fiesta. Cuando les dije que estaría encantado de que me acompañasen, ambos aceptaron de buen grado, aunque el indignado aclaró que lo hacía por intereses meramente sociológicos, a lo cual Cucho respondió: “esa no te la cree ni tu vieja” y comenzó una nueva discusión en la que las madres de ambos oponentes quedaron muy mal paradas.</p>
<p>Es increíble cómo la cerveza anula la sensación del paso del tiempo. Estuvimos horas hablando estupideces y hasta nos enfrascamos en una penosa discusión con un hippy que escuchó uno de los poemas que el indignado vociferaba de rato en rato y le pareció que era un alegato contra las ideas pacifistas. El indignado protestó diciendo que él era la persona más pacifista del mundo y que la guerra le parecía un negocio capitalista. El pacifista y el indignado estuvieron a punto de irse a los puños porque cada uno opinaba que era más pacifista que el otro. Logramos detenerlos justo a tiempo gracias la ayuda de dos noruegos que nunca comprendieron de qué iba la bronca, pero que con su porte de vikingos lograron apaciguar las aguas. No sé por qué, pero terminamos amiguísimos del hippy, quien en señal de buena voluntad nos regaló un troncho que tenía las dimensiones de un habano y que nos fumamos los cuatro en la Plaza de Barranco, como si fuera la pipa de la paz.</p>
<p>A eso de las diez de la noche los conminé a dirigirnos hacia Punta Hermosa. Subimos los cuatro a la camioneta Toyota que Cucho se acababa de comprar y enfilamos hacia el Sur. Nos detuvimos en un grifo de la Panamericana para echar gasolina y yo aproveché para ir al baño. Recién cuando vi dos wáteres en vez de uno y tuve que achinar los ojos para apuntar correctamente, tomé conciencia de que estaba ebrio como un finlandés en un sauna. La marihuana (que fumaba por segunda vez en mi vida) no ayudaba en nada a aclarar mi mente.</p>
<p>Salí del baño fisiológicamente aliviado y psicológicamente tenso. ¿En mi lamentable estado, cómo haría para no hacer un papelón ante la chica de la sonrisa encantadora? ¿Qué tal si le decía una torpeza o botaba al piso un jarrón o le vomitaba encima? Pero las dificultades que tendría que afrontar llegaron más pronto de lo imaginado: La camioneta con mis amigos había desaparecido. No cabía otra explicación que, de puros borrachos, se habían olvidado que yo había bajado a hacer uso de los servicios higiénicos. Me sobresalté pensando que no se darían cuenta de mi ausencia y que no retornarían por mí.</p>
<p>Un instinto celoso y feroz me hizo imaginar que Cucho se gilearía a mi chica y que ésta le daría bola y que yo me quedaría sin ella por el simple hecho de hacer pila en un grifo. Me enfurecí contra Cucho como si él ya la estuviera besuqueando en la romántica terraza que seguramente tendría la casa de Punta Hermosa.</p>
<p>Serían ya como las diez y media de la noche y yo estaba parado al borde de la Panamericana Sur, aterido de frío (soplaba un viento de los cojones), ebrio y extendiendo el pulgar con la esperanza de que alguno de los carros que pasaban zumbando a mi costado se apiadase de mí y me jalase a Punta Hermosa. Una hora después, al borde de la hipotermia, seguía con el pulgar extendido y azul al borde de la carretera, tentado de pasarme al otro lado para ver si alguien me jalaba de regreso a Lima. De pronto, una camioneta plateada se detuvo a mi costado. Una de las ventanas descendió con el típico sonido de un motorcito eléctrico y apareció un rostro que se me hizo de inmediato familiar.</p>
<p>― ¿Martín?</p>
<p>En ese momento pensé estar viendo visiones y se me pasó por la cabeza que el hippy nos había dado algún alucinógeno junto con el gigantesco porro. Me refregué los ojos. No había duda, la persona que me miraba inquisitivamente desde la ventanilla era Alexia, la chica de la risa encantadora, sólo que no se estaba riendo en lo más mínimo.</p>
<p>― ¿A a a alexia? ―repregunté tartamudeando por la sorpresa y porque, gracias al frío, los dientes me castañeaban como las cucharitas de un cantante criollo.</p>
<p>― ¿Qué haces tirando dedo a estas horas en la carretera?</p>
<p>―Mis amigos me dejaron olvidado cuando bajé a hacer pil… para ir al baño en el grifo ―dije señalando la gasolinera con mi pulgar azul―… estoy yendo a una fiesta en Punta Hermosa.</p>
<p>―Nosotros también estamos yendo para allá, sube, te jalamos.</p>
<p>Ingresé al vehículo con la sensación de quien se introduce en un platillo volador. Me tuve que sentar prácticamente sobre las faldas de Alexia, porque el carro estaba repleto de sus amigas y amigos. Nos saludamos brevemente y todos me miraron con sospecha. Al cabo de un rato una amiga suya, una japonesita que se llamaba Aiko, me preguntó que de dónde nos conocíamos.</p>
<p>―Tuvimos un encontronazo hace algunas semanas en Gótica.</p>
<p>Todos me miraron con extrañeza y escándalo y yo caí en la cuenta de que mi respuesta podía interpretarse muy fácilmente en doble sentido.</p>
<p>―Un cabezazo ―me apresuré a corregir―, nos dimos un cabezazo y luego nos pusimos a conversar. Eso fue todo, un cabezazo y nada más.</p>
<p>A todos se les fue la cara de escándalo, pero se les acentuó el gesto de extrañeza. A Alexia le vino un ataque de risa que me confirmó que era la chica que yo había conocido. Ni se molestó en aclarar el malentendido, lo cual confirmó también su gran personalidad. Por segunda vez en un día experimentaba las propiedades antialcohólicas que Alexia ejercía sobre mi organismo. Ya no me sentía tan borracho y estaba lejos de vomitarle encima.</p>
<p>El resto del camino nos la pasamos hablando de mis inefables amigos y matándonos de risa de que me hubiesen olvidado en medio de la nada por hacer pila en un grifo. Yo estaba tan contento de ir viajando sentado sobre las faldas de la chica de mis sueños que ni siquiera le di importancia a los comentarios de las amigas de Alexia que habían visto una camioneta volcada con las ruedas mirando el cielo al borde de la carretera.</p>
<p>Tan sólo al día siguiente por la tarde me enteré del accidente. Resulta que Cucho, el indignado y el hippy se habían volcado de camino a Punta Hermosa, obviamente, porque Cucho, que iba al volante, estaba tan o más borracho que yo. Me relataron la escena así: de un momento a otro Cucho se quedó dormido y la camioneta dio dos vueltas de campana en el desierto. De milagro, todos estaban con los cinturones de seguridad puestos, incluso el hippy, que iba detrás. El único que no llevaba cinturón era yo, así es que si no me hubiesen olvidado en el grifo, no les estaría contando esta historia, sino que la estarían leyendo en el periódico. Cuando la camioneta dejó de dar vueltas. Todos se quedaron de cabeza en medio de una nube de polvo. Se preguntaron si estaban bien y todos respondieron que creían que sí. El indignado, con gran alivio, soltó su cinturón de seguridad y cayó de cabeza sobre el techo de la camioneta. Gracias a eso fue el único herido del accidente y anda ahora puteando todo el día porque no soporta el collarín que le han puesto los médicos en el cuello. Pero la cosa no terminó allí. Como no recordaban que me habían olvidado en el grifo, pensaron que yo había salido expulsado por la ventana en alguna de las vueltas que dio el carro. Bajaron como pudieron del vehículo y se pusieron a gritar como locos: “¡Romañaaaaaa! ¡¿dónde estaaaaás?!” por todo el oscuro desierto circundante. Sólo dejaron de dar de gritos quince minutos después, cuando el hippy, de pronto, se acordó que yo había bajado en la gasolinera. Entonces se abrazaron muy aliviados y decidieron fumarse otro porro. Luego llegó una camioneta del Seguro y los sacó del aprieto. Cucho no terminó en la cárcel gracias a su tío policía que ya está un poco harto de sacarlo de aprietos.</p>
<p>Pero volvamos a la fiesta en Punta Hermosa, en la que me pasé la noche bailando y conversando con la chica de mis sueños. Como había supuesto, la casa tenía una romántica terraza sobre la cual pude sentarme muy juntito a Alexia y pasarle un brazo por encima de los hombros y decirle cosas muy lindas y huachafas que la hicieron reírse con esa risa que me llena el alma de colores. Con las primeras luces del alba nos besamos y yo supe que la vida, con todas sus exageradas dificultades, valía la pena.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/09/09/martin-romana-encuentra-por-fin-a-la-mujer-de-la-risa-encantadora/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Martín Romaña perseguido</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/25/martin-romana-perseguido/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/25/martin-romana-perseguido/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2009 17:36:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[baño]]></category>

		<category><![CDATA[facebook]]></category>

		<category><![CDATA[Hitler]]></category>

		<category><![CDATA[imaginación]]></category>

		<category><![CDATA[inodoro]]></category>

		<category><![CDATA[paranoia]]></category>

		<category><![CDATA[persecución]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=280</guid>
		<description><![CDATA[No he vuelto a ver a la chica de la sonrisa irresistible. El chichón se me pasó en dos días, pero el recuerdo de esa risa continúa resonando en mi mente como un manojo de cascabeles agitado por la mano más gentil. Hice de todo para encontrarla: la busqué en el facebook y nada; llamé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/perseguido.jpg"><img class="size-medium wp-image-285 alignleft" style="border: 0pt none;margin: 0px 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/perseguido-300x238.jpg" alt="" width="300" height="238" /></a>No he vuelto a ver a la chica de la sonrisa irresistible. El chichón se me pasó en dos días, pero el recuerdo de esa risa continúa resonando en mi mente como un manojo de cascabeles agitado por la mano más gentil. Hice de todo para encontrarla: la busqué en el facebook y nada; llamé a amigos suponiendo que la conocerían y nada. Sin embargo, no pierdo las esperanzas. Quizás eso me digo para no sentir que se me fue, que no la volveré a ver, que lo único que tendré de ella será el recuerdo de una risa encantadora, de una personalidad brillante y de unos ojos diamantinos, que no la volveré a ver por defender a una desconocida de un acosador hipotético al que confundí primero con su padre y luego con su primo, como un Quijote que lucha contra molinos de viento.</p>
<p><span id="more-280"></span>Gracias a algún imaginativo comentarista de este humilde blog, se me metió en el subconsciente la idea peregrina de que el acosador de Brunella estaba por ahí rondando, que me había visto con ella, que había supuesto que yo le estaba quitando su ansiada prenda (o deseada víctima) y que me estaba esperando en alguna esquina mal iluminada de esta peligrosa ciudad. No le echo la culpa de mi paranoia al comentarista, sino a la exagerada imaginación que me ha seguido como una sombra desde la infancia.<br />
Con estas ideas rebotando en la zona no confesada de mi cerebro, el jueves pasado me fui al cine de Larcomar. Fui solo porque a veces me gusta así, sin nadie que mastique popcorn a tu lado ni absorba coca-cola imitando el sonido de un inodoro renovándose. Compré mi entrada y como faltaba una hora para la proyección me fui al Starbucks y me tomé un café con leche grande y humeante. Luego decidí ir a una librería para matar lo que quedaba del tiempo. Elegí una bonita edición de “Tras los pasos de Ripley” de Patricia Highsmith y cuando lo estaba pagando en la caja, me llamó la atención un tipo con casaca militar y cara de veterano perturbado de la Guerra de Vietnam. El sujeto preguntó a un empleado de la tienda si tenían Mein Kampf, aquella primorosa y coqueta obrita del angelical Adolf Hitler, que dio mucho de qué hablar y mucho más de qué morir.No tenían ningún ejemplar en la tienda. El tipo puso cara de visita al proctólogo y salió de la tienda sin agradecer la búsqueda. ¿Qué tipo de persona lee Mein Kampf? Me pregunté. Dejé de darle vueltas al asunto y me dirigí muy orondo a ver la película. Cuando hacía la cola para entrar a verla, me percaté que, por una curiosa casualidad, el tipo de la casaca militar estaba detrás de mí. Nuevamente no le concedí mayor importancia consciente al hecho, pero en algún lado de mi mente se clavó la sospecha, gratuita en ese momento, de que, en una de esas, se trataba del acosador de Brunella. Con este pensamiento oscuro en la cabeza volteé a verlo y el tipo me devolvió una mirada tan inquisidora como indescifrable. Yo retorné la cabeza rápidamente a su posición original, pero me dio la incómoda sensación de que el lector de Hitler no apartaba sus ojos de mi nuca. Hasta ahí era consciente de que todo estaba en mi cabeza y por lo tanto me movía alegremente en el amplio margen que separa lo imaginado de lo real, pero cuando ingresé a la sala de proyección, elegí un sitio, me senté y el tipo se sentó a tres asientos del mío, me comenzaron a sudar las manos.<br />
La librería, la cola y ahora la misma fila y a pocos sitios… la parte sensata de mí no descartó la posibilidad de una coincidencia, pero la otra parte (que suele pesar bastante más) me decía a gritos que algo muy sangriento se cocinaba en la perturbada mente del tipo de la casaca militar a quien, para ese momento, yo había rotulado para mis adentros como “el vengador anónimo”. Estas ideas exageradas se fueron diluyendo conforme el argumento de la película se fue desplegando ante mis ojos. Era la historia del gangster John Dillinger, protagonizada de forma convincente por Johnny Depp.<br />
¿He mencionado antes mi debilidad por el café con leche y los desastrosos efectos que produce en mi tracto digestivo? Bueno, el enorme café con leche que me metí entre pecho y espalda, probablemente sumado a la tensión nerviosa que me producía la presencia del vengador anónimo a escasos tres sitios, convirtieron mi estómago en algo parecido a una piscina donde dos ballenas se aparean.<br />
Entre las ráfagas de la ametralladora de John Dillinger asaltando un banco, yo podía escuchar claramente los bramidos del café con leche luchando a muerte contra alguna de mis comidas del día. Hacia la mitad de la película, ya no puede más y me levanté para dirigirme al baño. Me produce un asco enfermizo ir a un baño público, pero prefiero eso a una butaca de cine. Subí a tientas las gradas de la sala y escuché a mis espaldas el chirrido de otra butaca al plegarse. Volteé y vi con un encogimiento malsano de mis entrañas que el vengador anónimo se había levantado también de su sitio y que subía las gradas detrás de mí. Se había echado una capucha sobre la cabeza, lo cual le brindaba un aspecto indeciso entre un boxeador y un asesino de película de serie B.<br />
Pensé en dirigirme hacia el salón del cine o a mi casa para burlar a mi perseguidor, pero no pude hacerlo porque el llamado de la naturaleza era perentorio y se había agravado con la visión del encapuchado. Caminé hasta el baño y antes de ingresar, vi que el vengador anónimo continuaba siguiéndome y que ingresaría también al baño. Me introduje en uno de los dos cubículos de inodoros y comencé a llevar a cabo mi objetivo (no se me ocurre una manera más educada de aludir a esa función biológica). Con pavor escuché que el encapuchado se metía al otro cubículo, del cual me separaba un delgado tabique de latón. Los segundos me parecieron horas y el silencio un estruendo insufrible.<br />
De pronto, desde el cubículo del costado, el encapuchado dijo:<br />
―Hola.<br />
―Hola ―correspondí yo con los pantalones abajo, sintiéndome, como es evidente, el ser más vulnerable del planeta azul.<br />
― ¿Qué estás haciendo? ―preguntó con esa voz sombría que yo le había escuchado en la librería cuando preguntaba por la obra maestra de Hitler.<br />
―Cagando, como tú ―le respondí con una nota de agresividad.<br />
―Oye, sabes qué, te cuelgo… hay un cojudo en el wáter del costado que me responde a todo lo que te digo ―escuché claramente el sonido de un nextel al cerrarse y eso fue todo.<br />
El encapuchado terminó de hacer lo que había venido a hacer y yo me quedé mucho tiempo sentado en mi cubículo como si fuese una madriguera capaz de protegerme del papelón que acababa de organizar. Salí del baño y no volví a ver cómo acababa la película. Dejé a John Dillinger que se agarre a balazos contra sus perseguidores y yo me fui a mi casa con ganas de regalarle mi exagerada imaginación a cualquier perro callejero que viera en el camino.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/25/martin-romana-perseguido/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Martín Romaña versus el acosador de señoritas (continuación)</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/14/martin-romana-versus-el-acosador-de-senoritas-continuacion/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/14/martin-romana-versus-el-acosador-de-senoritas-continuacion/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 14 Aug 2009 06:24:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[acosador]]></category>

		<category><![CDATA[chinchón]]></category>

		<category><![CDATA[discoteca]]></category>

		<category><![CDATA[Gótica]]></category>

		<category><![CDATA[mala suerte]]></category>

		<category><![CDATA[palabrotas]]></category>

		<category><![CDATA[sonrisa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=266</guid>
		<description><![CDATA[Cuando llegué a la escena del crimen, el tipo ya la había introducido en el carro y estaba por subirse él. Antes de que lo logre, lo agarré por el brazo y le grité con lo que me quedaba de aliento que suelte inmediatamente a Brunella. Para hacer más convincente mi requerimiento utilicé algunas lisuras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/p2-cellphone-stalking.jpg"><img class="size-medium wp-image-271 alignleft" style="margin-top: 0px;margin-bottom: 0px;margin-left: 6px;margin-right: 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/p2-cellphone-stalking-199x300.jpg" alt="" width="199" height="300" /></a>Cuando llegué a la escena del crimen, el tipo ya la había introducido en el carro y estaba por subirse él. Antes de que lo logre, lo agarré por el brazo y le grité con lo que me quedaba de aliento que suelte inmediatamente a Brunella. Para hacer más convincente mi requerimiento utilicé algunas lisuras lo suficientemente gruesas como para no poder reproducirlas aquí.</p>
<p>― ¡Qué te pasa patita! ―exclamó el tipo, que, en efecto, se veía bien viejo y que, más que loco, parecía un señor muy normal, muy asustado y confundido―.</p>
<p>Sin responder abrí la puerta del copiloto y le dije a Brunella que descienda del vehículo. Para mi sorpresa, Brunella no quiso bajar y me dijo muy avergonzada que el señor al cual le había dicho una catarata de palabrotas era su papá, que había venido a recogerla.</p>
<p><span id="more-266"></span>― ¡Uy! ¡perdone! ¡disculpe! Qué cojudo soy, perdón, qué tonto. Es que su hija me contó que hay un tipo que la está persiguiendo y, por un momento, pensé que era usted, pero disculpe, mil disculpas. Borro todo lo que le dije.</p>
<p>El señor pasó del susto al enojo. Verifiqué la misma transformación en Brunella, porque ésta cerró la puerta del carro con tanta fuerza que casi hace trizas los cristales. El padre de mi protegida meneó la cabeza y leí en su gesto algo así como: “estamos rodeados de locos” y se introdujo en su automóvil.</p>
<p>Recién cuando las luces del carro se perdieron entre el exiguo tránsito, tomé conciencia de la hora y de la chica del chinchón. Literalmente corrí hacia la entrada de Gótica. Llegué sin aliento y sin suerte, porque el gorila de la puerta ya no dejaba entrar a nadie. “Te advertí pe compare, la ley es la ley y no te puedo dar trato preferencial”. En efecto, varias personas intentaban en vano ingresar junto conmigo. Estaba tan desesperado que le dije que mi hermanita estaba adentro de la discoteca y que tenía que llevármela porque había ocurrido una emergencia familiar. Mis súplicas no tuvieron efecto alguno en su curtido corazón de wachimán de discoteca.</p>
<p>Estaba desesperado y furibundo porque, entre otras cosas, y a diferencia del fucking psycho acosador, yo no le había pedido su número de teléfono a la chica de la sonrisa irresistible. Conservaba de ella tan sólo un chinchón, pero con eso no se puede llegar muy lejos. En medio de la pelotera de los impuntuales, noté que una persona me tocaba el hombro con fuerza. Volteé con la ingenua esperanza de ver a la chica del chinchón que había salido a buscarme afuera. Pero no era ella. Era un tipo con cara de loco que vestía una casaca de cuero y que ante mi cara de: “¿y quién vendrías a ser tú?”, me preguntó con tono amenazante:</p>
<p>― ¿Y tú de dónde conoces a Brunella?</p>
<p>No podía creer mi mala suerte. Supuse inmediatamente que ese sujeto con mirada de Rasputín y gesto desafiante era el acosador de señoritas.</p>
<p>―De la vida ―le respondí con la actitud del que ya está tan harto que siente que no tiene nada que perder. Percibía que una oleada de adrenalina me inundaba el cuerpo y me tensaba cada músculo.</p>
<p>― ¿Quién eres? ―continuó inquiriendo.</p>
<p>― ¿Quién eres tú? ―repregunté.</p>
<p>―Mira huevón, nadie se mete con Brunella ―apenas hubo dicho esto, los que estaban por allí, olieron la tensión en el ambiente e hicieron un círculo a nuestro alrededor, como si hubiesen instalado un ring de box en un segundo.</p>
<p>―Y menos tú, imbécil ―le espeté―. Si no la dejas de acosar, voy a averiguar dónde vives y voy a ir a sacarte la mierda ―me desconocí al pronunciar estas palabras, en primer lugar, porque soy un tipo muy ecuánime que se ha peleado sólo dos veces en su vida y en el colegio. En segundo lugar, porque me estaba comiendo un problema que me era por completo ajeno y, en tercer lugar, porque lo más probable era que el tipo de la casaca de cuero me sacara la mugre, porque de verdad que tenía pinta de campeón de vale todo.</p>
<p>―Aguanta chochera… ―dijo confundido mi agresor― yo soy su primo.</p>
<p>Casi le contesto que yo también era primo de Brunella y que era campeón latinoamericano de taekwondo, pero me di cuenta de que, nuevamente, las cosas habían tomado un giro inesperado.</p>
<p>―Ah, pucha, es que pensé que eras el tipo que la acosa ―balbuceé con tanta vergüenza como alivio.</p>
<p>―La cagada, yo también pensé que eras ese huevón. Sorry primito, ya te iba a sacar la mierda… Marco Branduardi, un gusto.</p>
<p>Le dije mi nombre y nos dimos la mano como grandes amigos ante mirada atónita de los presentes. Le resumí mi cortísimo encuentro con Brunella y se cagó de risa cuando le conté que acababa de insultar frondosamente al padre de ésta (tío de Marco). Estuvimos conversando cerca de media hora y resultó ser un gran tipo este Marco.</p>
<p>Pero la chica del chinchón no salió. Esperé media hora más, mientras el húmedo viento del océano me hacía tiritar. Me pareció absurdo y poco estratégico esperarla toda la madrugada afuera, así es que tomé un taxi y me fui a mi casa. Maldije mi mala suerte y me puse de un humor de perros que me duró varias horas de insomnio, hasta que me sobé una vez más el chinchón y recordé esa sonrisa prodigiosa que me llenó de la certeza de encontrarla de nuevo.</p>
<p>P.D. Me permito una posdata para agradecer cariñosamente a todas las personas que han votado por este humilde blog en el concurso “20 blogs peruanos”. Les recuerdo a quienes no han votado aún y deseen hacerlo, que para que el voto sea efectivo, deberán confirmarlo mediante el correo electrónico que, con ese fin, les envíe el concurso. (La fecha límite es el 21 de agosto). Muchas gracias.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/14/martin-romana-versus-el-acosador-de-senoritas-continuacion/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Martín Romaña versus el acosador de señoritas</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/12/martin-romana-versus-el-acosador-de-senoritas/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/12/martin-romana-versus-el-acosador-de-senoritas/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2009 21:16:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=259</guid>
		<description><![CDATA[
Imaginemos un ratón. Uno de esos blanquitos que utilizan en los laboratorios. Supongamos que lo ponen en un laberinto para ver cómo se las ingenia para salir de él. Supongamos también que una de las paredes del laberinto está electrificada y que el pobre roedor recibe una descarga al apoyarse. El ratón no será tan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/elblogexagerado2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-264" style="border: 0pt none;margin: 0px 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/elblogexagerado2-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a></p>
<p>Imaginemos un ratón. Uno de esos blanquitos que utilizan en los laboratorios. Supongamos que lo ponen en un laberinto para ver cómo se las ingenia para salir de él. Supongamos también que una de las paredes del laberinto está electrificada y que el pobre roedor recibe una descarga al apoyarse. El ratón no será tan torpe de apoyarse allí de nuevo. Los únicos animales que tropiezan dos veces en la misma piedra somos los humanos.</p>
<p>Por ejemplo, yo. Ya he ido varias veces a esa discoteca que se llama Gótica; ya me han choteado allí, ya una gordita ebria me ha tirado al piso bailando, ya la gente se ha reído de ese ignominioso incidente, ya un tipo se ha levantado a la chica que me gustaba haciéndose pasar por mí, ya me he aburrido a mares… y volví a ir el fin de semana pasado. Lo cual demuestra no sólo que un ratón es más astuto, sino que, además, hace pensar que quizás esa especie de mamífero tiene más posibilidades de supervivencia que la nuestra.<span id="more-259"></span></p>
<p>Siempre digo que no me gustan las diversiones públicas, pero termino recurriendo a ellas porque últimamente me gustan menos los aburrimientos privados. ¡Yo, que pasé 15 años en la eremítica soledad de mi piso 11!</p>
<p>La cosa es que fui. La misma pelotera en la entrada para ingresar sin pagar; la misma gente asegurando que es su cumpleaños, que entra y sale porque tiene que recoger a su hermanita porque ha ocurrido una emergencia familiar, que le acaban de robar el carnet, etc. La primera impresión que da Gótica es la de ser una discoteca para gente invisible. Aparentemente, nadie te mira. La gente hace como si fueras trasparente, pero, en realidad todos te miran con mucho disimulo. Las chicas menos agraciadas te miran de forma un poco más evidente, mientras que las más guapas han llegado a desarrollar un sistema de mirada caleta que ya hubiera querido Mata Hari.</p>
<p>En medio de ese laberinto de miradas frías y veladas, reconocí a una chica que había saludado fugazmente en la fiesta esa en la que François casi mata al indignado. No recordaba su nombre, pero sí su contagiosa manera de reír. Esa forma de poner los ojos chinitos y esa carcajada simpatiquísima, capaz de hacer reír hasta a Gregor Samsa en plena metamorfosis. Ahora estaba rodeada de amigas y relataba algo, al parecer muy cómico, porque todas se reían. Nuevamente, me quedé impresionado por el carisma que emanaba todo su ser.</p>
<p>La observé un rato y cuando las amigas comenzaron a ralear me acerqué a saludarla. Ella me recordaba vagamente, lo que sí recordaba bien era cómo la aludida fiesta se había ido a pique por culpa del indignado. Nos reímos un rato haciendo memoria y me di cuenta que su risa, de más cerca, era algo absolutamente irresistible. Le ofrecí invitarle algo de tomar, aceptó y nos dirigimos a la barra.</p>
<p>Mientras nos servían un par de whiskys con Burn (un invento del diablo que lo deja a uno borracho e hiperactivo a la vez), una flor anaranjada que ella tenía apretada entre la oreja derecha y la sien se cayó, de pronto, al piso. Me agaché velozmente a recogerla, sin notar que ella había tenido la misma reacción y nos dimos un tremendo cabezazo que a mí me dolió como un puñete de Mike Tyson y presumo que a ella también. Con una mano sobándome la frente y haciendo una mueca de dolor me deshice en disculpas. Ella se disculpó también. Ese detalle completamente innecesario, me conmovió y me sedujo. Nos miramos por un segundo las caras de sufrimiento y estallamos en una carcajada. Saqué un cubito de hielo de mi whisky y se lo puse en el lugar del golpe. Ella decía: “ouch, ahí se fueron más neuronas que con una jalada” y seguía cagándose de la risa.</p>
<p>Hablamos un rato más y le propuse ir a la terraza a tomar aire porque entre el cabezazo y la música a todo volumen me estaba viniendo una migraña de aquellas. Avisó a una amiga que se iba a la terraza y me acompañó. Con una mano sostenía el vaso de whisky y con la otra el hielito sobre el chinchón.</p>
<p>En la terraza hablamos de mil cosas. Yo decía que me encantaban las películas de Woody Allen y ella retrucaba que él era un pedófilo incestuoso. Ella decía que adoraba los deportes de alto riesgo y yo afirmaba que eran diversiones patéticas (tuve una mala experiencia volando parapente que me ha dejado vacunado).</p>
<p>―Por lo menos tenemos algo en común ―le dije.</p>
<p>― ¿Ah sí? ¿qué?</p>
<p>―Un chinchón.</p>
<p>Ella se rió de nuevo tan lindo que casi me mata de un infarto y me preguntó que si siempre le daba cabezazos a las chicas para conquistarlas. Le respondí que normalmente utilizaba un garrote, pero que me lo habían quitado a la entrada. Se rió otra vez más. Me preguntó sobre mi historia y le referí brevemente mi encierro voluntario de tres lustros. Opinó que era un orate por haber hecho eso, pero que tenía miles de preguntas al respecto. Yo estaba encantado de absolverlas todas y de contarle mis exageradas experiencias en el mundo real sólo para verla reír.</p>
<p>Como nos moríamos de frío, nos fuimos a la zona ochentera a tratar de conversar allí, pero tan pronto llegamos, ella consultó su reloj y dijo que se le había pasado la hora de saludar a una amiga suya por su cumpleaños. Me pidió que la esperara unos minutos allí, para seguir con la conversa que le estaba pareciendo espectacular.</p>
<p>Estaba yo esperándola solito e ilusionado en una esquina, cuando de pronto se me acercó una chica muy joven, de unos 18 o 19 años y me pidió que le regalase un cigarrillo. Apenas se lo encendí, me dio la impresión de que ella me utilizaba de biombo para ocultarse de alguien. Di un paso al costado. Ella también lo dio y se encogió como una chiquita que juega a las escondidas. Le pregunté eso mismo, que si estaba jugando a las escondidas.</p>
<p>―No.</p>
<p>―Es que me da la impresión de que te estás escondiendo de alguien.</p>
<p>―No.</p>
<p>Confirmé que le encantaba pronunciar la palabra “no” y que efectivamente se estaba escondiendo de alguien.</p>
<p>― ¿Te busca la Sunat? ―bromeé para ver si me contaba por qué andaba mirando a un lado y al otro sobre mis hombros como si fuese un venado en temporada de cacería.</p>
<p>―No&#8230; En realidad, hay un tipo que me está acosando.</p>
<p>―Ah.</p>
<p>―Es un tipo que me friquea, la semana pasada me metió letra y no sé para qué le hablé y hasta, de cojuda, le di mi número y el fucking psycho me ha llamado mil veces durante la semana. No sabes las cosas que me dice, cosas horribles― me explicó muy asustada.</p>
<p>―Mala idea darle tu número.</p>
<p>―Si, la cagué… ya le he dicho a mi papá y está viendo cómo hace para deshacerse de él. Además es un tipo viejísimo, ¡tiene 32 años!</p>
<p>―No te preocupes, si se te acerca le dices que yo soy tu primo y que soy campeón latinoamericano de taekwondo.</p>
<p>―Jaja… lo que pasa es que el psycho tiene pinta de ser campeón de Vale Todo.</p>
<p>―Entonces mejor le dices que soy campeón de tiro al blanco y que tengo la debilidad de nunca separarme de mi pistola ―le respondí distraídamente porque yo también andaba mirando para todos lados a ver si se aparecía de nuevo la chica del chinchón.</p>
<p>― ¡Shit!</p>
<p>― ¿Qué pasa?</p>
<p>― ¡Ahí está! ―dijo señalado a la multitud. Yo volteé intentando discernir cuál, entre esos cientos de personas, era el que más tenía cara de acosador de señoritas.</p>
<p>―Se acaba de pasar a la zona del pachangón… me quito a mi casa… me voy por el otro lado, chau. Gracias por el pucho.</p>
<p>―Espera ―No llego a explicarme por qué fui tan boludo de pronunciar esa palabra. Me hubiese despedido deseándole suerte, me hubiese quedado tranquilo esperando a la chica del chinchón y me hubiese ahorrado una escena desagradabilísima. Pero me salió el buen samaritano justo en ese momento, con notas de instinto paternal y ciertos matices de cojudez heroica y añadí:</p>
<p>―Te acompaño a la puerta, no vaya a ser que te topes con él.</p>
<p>Me miró con cara de que, en una de esas, yo también era un fucking spycho acosador. Pero luego de escrutarme unos momentos decidió que podía confiar en mí. Me agradeció que la acompañe, me dijo que se llamaba Brunella y me preguntó mi nombre.</p>
<p>Salimos de Gótica faltando muy poco para las tres de la mañana (hora en la que, por disposición municipal, las discotecas no permiten ya el ingreso de clientes) y le dije al gorila de la puerta que regresaba en un segundo, que iba a acompañar a la señorita hasta la zona de los taxis.</p>
<p>―Vuela compadre, te quedan 5 minutos ―me advirtió el gorila.</p>
<p>Acompañé a mi protegida hasta la entrada del parque Salazar y le dije que, sorry, pero ya habían pasado dos minutos y no me iban a dejar entrar de nuevo. Ella me dio las gracias, pero puso cara de susto por quedarse solita. Di media vuelta y me dirigí a la discoteca en búsqueda de la linda y encantadora chica del chinchón. Estaba ya por llegar, cuándo, por alguna rara intuición, imaginé que el acosador podía estar esperándola precisamente en la zona de los taxis. Me reproché por haber abandonado a mi joven protegida y corrí hacia la zona aludida. La divisé a lo lejos. Un tipo mayor, vestido con una chompa roja la tenía asida por la mano y la llevaba hacia un automóvil. El corazón me dio un brinco de angustia y corrí con toda mi alma para impedir que se la llevase.</p>
<p>[Sorry por hacerles esto, pero esta historia continuará el día viernes]</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/12/martin-romana-versus-el-acosador-de-senoritas/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Voten por este humilde blog, please</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/06/voten-por-este-humilde-blog-please/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/06/voten-por-este-humilde-blog-please/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 06 Aug 2009 17:26:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[confirmar mi vota]]></category>

		<category><![CDATA[el blog exagerado]]></category>

		<category><![CDATA[humilde blog]]></category>

		<category><![CDATA[votar]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=250</guid>
		<description><![CDATA[Estimados lectores de este blog pobre pero honrado,
Me avisan que hay una especie de concurso cibernético llamado “20 blogs peruanos” y les agradecería mucho que se dignasen votar por mi blog. Votar es muy sencillo, tan sólo tienen que irse hasta abajo en la página de mi blog y allí encontrarán el botón que dice [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estimados lectores de este blog pobre pero honrado,</p>
<p>Me avisan que hay una especie de concurso cibernético llamado <a href="http://20blogs.pe/vota-por-un-blog/">“20 blogs peruanos”</a> y les agradecería mucho que se dignasen votar por mi blog. Votar es muy sencillo, tan sólo tienen que irse hasta abajo en la página de mi blog y allí encontrarán el botón que dice <a href="http://20blogs.pe/vota-por-un-blog/">“20 blogs peruanos”</a>. Hacen click en el mencionado botón y se les abre una página de color fundamentalmente lúcuma. En donde dice: <strong>“categoría” </strong>elijan: <strong>“blog personal”</strong>. Luego, ingresan la dirección completa de su email (<strong>no vale inventarse direcciones</strong>) y aprietan un botón gris que dice: “confirmar mi voto ahora”. Luego, les llegará un correo al mail que dieron, para confirmar el voto, el cual hay que abrir y aceptar. Eso es todo. Es bien fácil.</p>
<p>Les quedo de antemano muy agradecido por su exagerada preferencia.</p>
<p><a href="http://20blogs.pe/vota-por-un-blog/">20 Blogs Peruanos</a></p>
<p>Un abrazo</p>
<p>Martín Romaña</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/06/voten-por-este-humilde-blog-please/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Martín Romaña y los poetas malditos</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/04/martin-romana-y-los-poetas-malditos/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/04/martin-romana-y-los-poetas-malditos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 04 Aug 2009 18:26:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[cosmopolitan]]></category>

		<category><![CDATA[machismo]]></category>

		<category><![CDATA[machista]]></category>

		<category><![CDATA[poeta]]></category>

		<category><![CDATA[poetiza]]></category>

		<category><![CDATA[san isidro]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=239</guid>
		<description><![CDATA[
El viernes pasado caminaba yo de lo más aburrido por San Isidro hasta que vi en una librería un cartelito que anunciaba un recital de poetas jóvenes peruanos y decidí entrar. El evento distaba mucho de ser multitudinario, pero se respiraba en el ambiente la promesa de una aventura o por lo menos de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/abstracto-00x.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-241" style="margin-top: 0px;margin-bottom: 0px;margin-left: 6px;margin-right: 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/08/abstracto-00x-300x240.jpg" alt="" width="300" height="240" /></a></p>
<p>El viernes pasado caminaba yo de lo más aburrido por San Isidro hasta que vi en una librería un cartelito que anunciaba un recital de poetas jóvenes peruanos y decidí entrar. El evento distaba mucho de ser multitudinario, pero se respiraba en el ambiente la promesa de una aventura o por lo menos de una sucesión de eventos exagerados.<br />
Sentado en un sofá y con aires de diva, el joven poeta peruano Eliseo Pachas (a quien luego apodaría para mis adentros como “el cosmopolita”), declamaba un poema titulado “Lima-París-New York”. Lo escuchaba una variopinta fauna bohemia ataviada con bufandas, boinas, peinados rasta, chullos y sacos de tweed.</p>
<p>El poema terminó así: “los gallinazos sobrevuelan el Ground Cero y desde el hueco más negro del Imperio dos chicanos cantan la Marsellesa en náhuatl”. Aplausos distraídos o envidiosos. El cosmopolita agradeció con una venia y la presentadora, una mujer delgada y pálida que parecía que había fallecido hacía mucho tiempo, presentó al último poeta de la noche: Felipe Morel, con su poema “Kalashnikov”.<span id="more-239"></span></p>
<p>Yo creo que Lima es un pañuelo porque no sólo está llena de dobleces, sino porque en cada pliegue uno puede encontrarse con más de una sorpresa. Fue una sorpresa realmente impactante ver ahí, como vate, a Felipe Morel “el indignado”. Yo le conocía la veta revolucionaria, pero no tenía idea que era poeta. Como era de esperarse, recitó un poema revolucionario y rojísimo. Si hubiese declamado ese poema años atrás, es probable que el SIN lo hubiera metido al sótano más oscuro del Pentagonito hasta quitarle la última gota de poesía de las venas.</p>
<p>El poema era de terror. El llamamiento a la revuelta popular fue tan explícito que la concurrencia, que era de lo más progre, se quedó muda y boquiabierta. Cuando acabó me acerqué a saludarlo. “¡Martín Romaña! ¡No pensaba encontrarte en este antro poético!” me dijo, y me presentó a sus amigos: al cosmopolita y a su mortecina novia Zoila Vilca Alata (la poeta que fungía de presentadora) y a Rodolfo Sabogal, un poeta gordo, tartamudo, moreno, gigantesco y muy parecido al Gran Java, salvo porque éste tiene cola y el aquel no. Me tuvo que repetir cinco veces su apellido y fue de lo más angustiante porque me decía: “Ro-ro-ro dolfo Sabo-bo-bo gal” y yo no le entendía nada. Conversamos un momento y cometí la estupidez de preguntarle a Zoila si también era poetisa.<br />
―Se dice poeta, no poetisa.<br />
―Uy, perdón, no sabía que hubiese alguna diferencia.<br />
―Ese es el problema de los machistas, no ven las diferencias cuando les conviene.<br />
Me deshice en disculpas e intenté convencerla de que yo no era machista, pero ella cambió de tema y comenzó a hablar de su propio nombre como si lo hiciera con algún espíritu que rondaba por la librería.<br />
―Me suelo presentar con mi nombre completo porque en sí mismo es un nombre poético… ¿No lo notas?<br />
Confesé que no llegaba a ver por qué razón lo era.<br />
―A ver dilo rápido… ves, suena a: “soy la vil calata” y eso es lo que somos las mujeres para los hombres… ¿Notas ahora que he nacido con un propósito?<br />
Supe que había ingresado a un mundo cuyas reglas básicas ignoraba, lo que no entendí es porqué un nombre de esa naturaleza podía determinar un destino vital. El poeta tartamudo también parecía estar observando al mismo fantasma que la poetisa, perdón, que la poeta.<br />
La cosa es que decidieron celebrar el éxito del recital (que yo nunca llegué a saber en qué consistió) y me invitaron a tomar unos tragos a la casa del cosmopolita, que quedaba por allí. Aburrido como andaba, no me hice de rogar. Llegamos caminando al sótano de un edificio donde el cosmopolita y su novia tenían su nidito de amor. No sé si era de amor, porque no parecían llevarse de maravilla, pero sí era nidito porque era diminuto y cochinísimo. El indignado y yo nos sentamos en las únicas dos sillas del lugar y los dueños de casa y el poeta tartamudo se sentaron en la cama.<br />
El comienzo de la conversación fue de lo más agradable. Todos criticaron al cosmopolita por googlearse a sí mismo compulsivamente y al poeta tartamudo por sus aventuras nocturnas, pero en ese momento, no entendí a qué aventuras aludían. Para mi gran preocupación, el indignado comenzó a beber vodka con agua del caño en una latita de café Kirma, porque sólo había cuatro vasos hechos de pomos de mermelada y los estábamos ocupando los demás. A la media hora, el cosmopolita comenzó a despacharse sobre las últimas tendencias poéticas en los países nórdicos y el indignado comenzó a refutarle todo a gritos como si acabase de llegar de Oslo. Apenas se hizo un hueco en la discusión, la poeta declamó con mucho sentimiento “Idilio muerto” de Vallejo. Cuando terminó, todos guardamos silencio cual deudos del poeta que regresan de su funeral. Por alguna razón, el poema me conmovió hasta lo más hondo y ese sótano me pareció el mejor lugar del mundo para recitar a Vallejo.<br />
El poeta tartamudo no decía palabra y apuraba vaso tras vaso de vodka puro como si fuese agua San Luis. Al cabo de un rato pidió, misteriosamente ya sin tartamudear, que lo acompañásemos a su casa para cambiarse para salir. La poeta pálida decidió que se quedaba en casa porque tenía que hacer un artículo para una revista y los demás caminamos seis cuadras hasta alcanzar la casa del poeta gordo y tartamudo, y lo esperamos afuera por espacio de media hora. Mientras, el indignado quería asesinar al cosmopolita porque decía que Pablo Neruda era un poeta menor, precisamente por haberse politizado. De pronto, de la casa del poeta tartamudo salió una drag queen. A mí me pareció muy raro que un poeta tan tranquilo y huraño viviese con una drag queen, pero pronto me di cuenta que el poeta se había estado transformando durante esa media hora en la drag queen. Se unió al grupo y comenzamos a caminar por la calle como si no hubiese pasado nada extraño. Rodolfo Sabogal, el tímido poeta gordo y moreno era ahora una Drag Queen vestida de latex, cuero negro y parada sobre unos zapatos rojos con plataformas de por lo menos 20 centímetros, que la hacían ver como un gigante capaz de destruir el planeta. La transformación me chocó, pero me chocó más que los cuatro nos pusiésemos a caminar por la calle como si el poeta únicamente se hubiese echado una bufanda sobre los hombros. A los pocos minutos de caminata, me enteré de que el nombre artístico del poeta-drag queen era Lady Gomorra.<br />
Me dijeron para ir a un bar en Lince y tomamos un micro para llegar allí. Apenas nos sentamos, ingresó al vehículo público un sujeto que se paró adelante y sacó de su bolsillo dos enormes clavos de construcción. Los golpeó contra los tubos metálicos como quien pide silencio para iniciar un brindis y comenzó a decir: “Nos les quiero quitar su tiempo al respetable público, pero soy un joven que acaba de salir de Lurigancho y no los quiero asaltar, no los quiero robar, sólo es mi deseo llevarles un espectáculo para ganarme la vida como artista”. Dicho esto se introdujo (no me pregunten cómo) los dos clavos de metal por las fosas nasales hasta el fondo. Luego, comenzó a avanzar entre los asientos recolectando las donaciones de todos nosotros, que estábamos aterrados de que de pronto se fuera de bruces y se perforase el cerebro o de que estornudase y perforase a algún pasajero. “Ponte una mano en el pecho y otra en el bolsillo derecho y colabórame pe varón”. Todos colaboramos con alguna moneda, salvo Lady Gomorra que le dio un billete de diez soles y le guiñó el ojo con una de sus kilométricas pestañas postizas.<br />
Llegamos a un bar que no tenía nombre visible y que nuevamente era un sótano. Todos entramos detrás de lady Gomorra, quien parecía ser muy respetada en el local. Pese a que yo también había bebido una gran cantidad de vodka, estaba aterrado con la situación. Lady Gomorra hizo que nos sirvieran unos tragos en la barra y se fue a saludar con besos y abrazos a los sujetos más extraños que he visto en esta ciudad. El cosmopolita y el indignado se aburrieron de discutir y se pusieron a decir que querían irse a algún lugar a levantar chicas. A mí me sorprendió el dato porque, para empezar, el cosmopolita parecía estar comprometido con la poeta pálida y porque el lugar estaba repleto de chicas. En realidad, habría cinco féminas por cada varón y todas estaban vestidas con mucha más piel que tela. Les comenté esto y me dijeron que no sea cojudo, que estábamos en un bar en el que se paga por todo y que debíamos ir a un sitio más caleta porque la novia del cosmopolita únicamente lo dejaba ir a ese sitio porque sabía que no tenía plata para levantarse a ninguna. Estuve de acuerdo con abandonar el local porque me dan una pena infinita las chicas que tienen que hacer de su intimidad un negocio y porque no me gustan los ampays de ningún tipo.</p>
<p>Dejamos Lady Gomorra en su hábitat y nos fuimos en taxi rumbo al Sargento, en Barranco. Apenas llegamos, el indignado y el cosmopolita se pusieron a desarrollar estrategias para abordar a las chicas. El cosmopolita empezó por las turistas. Habló con dos italianas, una norteamericana y una francesa, demostrando una gran facilidad para los idiomas y un escaso éxito como galán, para no hablar del italiano que casi le saca la mugre por mandarse con su novia.</p>
<p>Al borde de tirar la toalla, nos dirigimos hacia una mesa donde conversaban tres mexicanas guapísimas. Parece que con el castellano, al fin y al cabo, le iba mejor al cosmopolita, porque terminamos los seis en la mesa departiendo como grandes amigos. En un momento, el cosmopolita les preguntó sus apellidos y una de ellas dijo apellidarse Franklin. “¡No puede ser!”, exclamó el cosmopolita, y explicó que durante su maestría en París había conocido a un mexicano llamado Roberto Franklin.<br />
Ella dijo que su hermano se llamaba así. El cosmopolita le pidió que lo llamase, para que lo confirmara. Para mi sorpresa, la mexicana cogió su celular y marcó. Todos estábamos de lo más contentos porque era evidente que las chicas nos estaban dando bola y porque de verdad estaban guapísimas. La mexicana puso el aparato en speaker y todos pudimos escuchar la siguiente conversación:<br />
― ¿Bueno?<br />
― Hola hermanito, ¿quiubo?<br />
―Pos aquí, muy bien guerita… ¿Qué pasó? ¿Por qué llamas a estas horas desde tan lejos, has tenido algún problema o qué?<br />
―No, pos sólo llamaba para hacerte una preguntita rey. Estoy acá conversando con un cuate peruano que dice que te conoce de la maestría en París.<br />
―A ver, ¿pos cómo se llama?<br />
―Se llama Eliseo Pachas<br />
―…<br />
― ¿Lo conoces o qué?<br />
― Lo conozco, sí… ¡huye de ese pinche cabrón!</p>
<p>Lo siguiente que escuchamos fueron los tacones de las tres mexicanas guapísimas abandonando el área a toda velocidad. Nos quedamos los tres, chela en mano, mirándonos las caras sin saber si culpar al cosmopolita o al destino hasta que vimos que la cara del cosmopolita se ponía pálida y luego roja. Le preguntamos que qué le pasaba y por toda respuesta señaló hacia un lado del bar con un dedo tembloroso. En una esquina del Sargento, estaba su pálida novia besuqueándose con un limeño disfrazado de jamaiquino. El indignado se paró de un salto a matar al amante y el cosmopolita se paró muy despacito para asesinar a su novia. Yo me levanté como mejor pude, me di la vuelta y caminé hasta mi casa sin ver para atrás. Cuando me tumbé en mi cama tuve la sensación de que en vez de empezar a dormirme, comenzaba a despertar de un sueño.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/08/04/martin-romana-y-los-poetas-malditos/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>La mujer de los cabellos rojos ataca de nuevo</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/07/07/la-mujer-de-los-cabellos-rojos-ataca-de-nuevo/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/07/07/la-mujer-de-los-cabellos-rojos-ataca-de-nuevo/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2009 20:21:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[embarcadero]]></category>

		<category><![CDATA[esquiar]]></category>

		<category><![CDATA[nudista]]></category>

		<category><![CDATA[ojos bisojos]]></category>

		<category><![CDATA[ropa de baño]]></category>

		<category><![CDATA[trasero al aire]]></category>

		<category><![CDATA[yate]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=233</guid>
		<description><![CDATA[
No había relatado antes este exagerado episodio de mi existencia por pura vergüenza. Pero como me he propuesto narrar en este blog todo lo que me ocurra, ahí les va la anécdota. Resulta que meses atrás, Rachel, la mujer de los cabellos rojos y los ojos bisojos, volvió a aparecer en mi vida. Como la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_235" class="wp-caption alignleft" style="width: 279px"><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/07/escapadas1.jpg"><img class="size-medium wp-image-235" style="margin-top: 0px;margin-bottom: 0px;margin-left: 6px;margin-right: 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/07/escapadas1.jpg" alt="" width="269" height="266" /></a><p class="wp-caption-text">Jordi Labanda</p></div>
<p>No había relatado antes este exagerado episodio de mi existencia por pura vergüenza. Pero como me he propuesto narrar en este blog todo lo que me ocurra, ahí les va la anécdota. Resulta que meses atrás, Rachel, la mujer de los cabellos rojos y los ojos bisojos, volvió a aparecer en mi vida. Como la estrategia no es mi fuerte, había cometido el craso error de darle mi número de teléfono y como la buena suerte es una señora a quien veo muy de vez en cuando, Rachel me llamó un soleado sábado de marzo que yo había destinado al ocio aristotélico. Como podrán imaginar, mi sábado no tuvo nada de ocioso y mucho menos de aristotélico. Fue más bien kafkiano.</p>
<p><span id="more-233"></span></p>
<p>Me telefoneó a eso de las 9 de la mañana (interrumpiendo un delicioso sueño) para preguntarme si la quería acompañar a pasear en yate. Como la última vez que la había acompañado a algún lado la cosa se había puesto de locos, decliné su invitación. Insistió tanto y me pintó la estadía en el yate con tonos tan idílicos, que terminé por ceder, ignorando que con ello arriesgaría mi integridad física y mi salud psicológica.</p>
<p>Rachel me recogió una hora después en un automóvil distinto al de la vez pasada. Ahora conducía un Mercedes Benz más nuevo y menos chocado. Le pregunté que por qué había cambiado de carro. “Pérdida total”, me dijo señalando una pequeña cicatriz que asomaba en su frente y dando una curva cómo si en vez de un Mercedez manejara el Batimóvil.</p>
<p>El camino hacia Embajadores fue de lo más accidentado. Bajamos de nuestra velocidad crucero de 200 km/h sólo para el peaje, casi nos empotramos contra un camión de gasolina y atropellamos una paloma desprevenida porque Rachel me estaba contando con pelos y señales cómo había regateado el precio de una alfombra en Marruecos. Ni se inmutó con la atropellada de la pobre ave, sólo dijo: “paloma cojuda” y siguió pormenorizando su regateo marroquí.</p>
<p>Por fin llegamos a nuestro destino y pude deleitarme con la vista de la marina de Embajadores, abarrotada de blanquísimos yates. Mientras nos acercábamos en una lanchita del yacht club hacia la lujosa embarcación en la que íbamos a navegar, Rachel fijó la mirada en un tipo que se paseaba en bermudas por la cubierta. Me clavó las uñas en el brazo y me dijo:</p>
<p>― ¡Mierda, ahí está!</p>
<p>― ¿Ahí está quién? ―pregunté ahogando un grito e intentando extraer sus afiladas uñas de mi carne.</p>
<p>―En el yate… Rodolfo.</p>
<p>― ¿Quién?</p>
<p>― Rodolfo, mi ex.</p>
<p>― ¿No se llevan bien?</p>
<p>― ¡Martín Romaña, help!</p>
<p>Yo siempre estoy dispuesto a ayudar al prójimo, pero en esta ocasión no veía cómo podía serle útil y la verdad estaba más concentrado en cogerle las manos para que no me volviese a clavar las uñas (tuve durante una semana cinco heridas en forma de medialuna en el brazo).</p>
<p>― Finge que eres mi enamorado.</p>
<p>― Ah no, eso sí que no voy a hacer.</p>
<p>― Please, please, please… es de vida o muerte, después te explico.</p>
<p>Para la mujer de los cabellos rojos y los ojos bisojos, todo es de vida o muerte, basta verla manejar. Cuando abordamos el yate, yo aún seguía negándome a representar esa innoble mascarada. Pero las cosas se decidieron a su favor desde el momento en el que me presentó como su novio a unas amigas suyas que yacían en la parte posterior del yate.</p>
<p>Se trataba de unas amigas bien guapas que comían caviar y bebían champan en torno a una mesita y que eran atendidas por un marinero-mozo. Había una chica en particular que era todo un monumento y que tenía un aire a Audrey Hepburn. Sin embargo, en mi calidad de novio ficticio, me veía impedido de iniciar cualquier tipo de lance. Rodolfo el ex seguía en la parte anterior del yate fingiendo anudar unas cuerdas y no notar la presencia de Rachel.</p>
<p>La mayor de las chicas era aparentemente amiguísima de Rachel. Hablaba inconexa y atropelladamente como ella y me pareció que incluso compartían una psicopatía similar. Se distinguían en que Rachel es bizca, mientras que su amiga chuequeaba la boca hacia uno u otro lado a razón de 20 veces por minuto. Con la boca para el lado izquierdo, increpó a Rachel: “¿oye, cojuda, cómo no me has contado que tienes enamorado?¨ y añadió como si yo no estuviese presente: “¿de dónde lo has sacado?”.</p>
<p>―… De Wong ―respondió Rachel, como si yo fuese un desodorante o un kilo de papa huayro.</p>
<p>― ¡Por Dios! ¡Qué poco romántico eres! ¿No podías haberla conocido en un bar o algo así?</p>
<p>―Nos conocimos en Wong ―aclaré―, pero ese es sólo el inicio de una larga historia y no quisiera aburrirlas.</p>
<p>― ¿Cómo que aburrirlas? ¿Qué clase de enamorado eres? ―exclamó Rachel fingiendo un berrinche y comenzando a contar una historia romantiquísima, falsísima y completamente inverosímil.</p>
<p>Apenas a Rachel se le iba la imaginación, yo rellenaba el espacio en blanco con alguna cosa más normal. Luego ella retomaba la historia y la embarraba más y más. Todas las chicas se quedaron mirándonos con la boca abierta, salvo la amiga de Rachel que se quedó con la boca más chueca que nunca. Lo peor era que Rachel se quedaba en blanco porque echaba miradas bizcas y nerviosas hacia el lugar donde su ex fingía no verla a ella.</p>
<p>Para complicar las cosas, en un determinado momento se acercó el ex. No sé si conocen a ese tipo de persona: el limeño cuarentón de apellido virreinal que anda bronceado todo el año y apenas puede se quita la camisa para mostrar las viejas glorias y que siempre te saluda pretendiendo triturarte la mano. Bueno, yo conocía ese tipo de persona de lejitos, hasta ese día.</p>
<p>Rachel y él se saludaron simulando que nunca había habido algo entre ellos y generando una onda de tensión invisible en los presentes. Creo que hasta el marinero-mozo se dio cuenta de que algo iba a pasar allí. Luego de las frases típicas del estilo: “qué casualidad tú por aquí”, Rachel me presentó ante su ex como Martín Romaña, su novio de turno. Para ese momento, ya me había dado cuenta de que en realidad yo había sido invitado ese día a ese yate para darle celos a su ex y el hígado se me estaba transformando en paté por la indignación.</p>
<p>El tipo intentó dedicarme una sonrisa recién limpiadita por algún dentista de moda, pero me mostró los caninos como si él fuese un doberman y yo un choro de esquina. Lo cual demostró que la estrategia de Rachel había dado resultado. Luego de la triturada de mano de rigor, Rodolfo me preguntó si me gustaba esquiar. Respondí que sí, pero que hacía más de 15 años que no practicaba ese deporte. Me aseguró que esquiar era como montar bicicleta y le dijo al marinero-mozo (que ostentaba el significativo nombre de Ulises) que llamara a la lancha, que nos íbamos a esquiar. Para esto, el yate ya estaba anclado en altamar y eran las 2 o las 3 de la tarde.</p>
<p>Antes de subir a la lancha, Rodolfo me alcanzó un chaleco salvavidas. Apenas me lo puse, gritó como para que todas las chicas escuchasen: “¡Ulises, trae un chaleco más chiquito, que el mío le baila!”. Hasta donde yo sé, los chalecos vienen en tamaño standard, pero las ganas de ese sujeto de bajarme ante Rachel distaban mucho de ser standard.</p>
<p>Por fin llegó la lancha. Me tiré al agua, me puse lo mejor que pude los esquíes, me cogí de la soga y me pregunté: “¿por qué diablos estoy haciendo esto?”. Con la pregunta irresuelta en la cabeza, la lancha comenzó a moverse y yo a emerger de las aguas como un moderno Manco Cápac. Mantuve el equilibrio muy bien, lo único malo fue que mi ropa de baño, pesada como estaba por el agua, comenzó a deslizarse por detrás y cuando me di cuenta esquiaba con el poto al aire ante la vista lejana de Rachel, de su amiga, de las demás y de Audrey Hepburn. Me lancé hacia un costado dándome un considerable carazo contra el agua. Una parte de mí quería quedarse bajo el mar hasta que me coman los cangrejos, pero tuve que afrontar el oprobio que me esperaba en la superficie. En efecto, al sacar la cabeza del agua escuché unos aplausos y unas hurras bastante burlonas de mi público.</p>
<p>Rodolfo se acercó a mí en la lancha y me lanzó la soga de nuevo añadiendo a gritos: “la cosa es aguantar un poquito siquiera. No sueltes el triangulito tan rápido, pues”. Refunfuñando me volví a colocar los esquíes y le hice un triple nudo ciego a mi ropa de baño con la pitita. Esta vez sí que esquié bien y eso que el mentado Rodolfo manejaba la lancha como si su objetivo fuera sacarme de las 200 millas en una curva. Como nada dura eternamente, se me salió un esquí y me fui de bruces, pero como me había mentalizado a no soltar el triangulito, me sujeté a él por espacio de tres segundos, lo cual bastó para sumergirme por lo menos 4 metros en el mar de Grau a velocidad torpedo. No puedo explicar el dolor que sentí en los brazos, por poco me descuartizo a mí mismo. Lo que sí puedo explicar es que la ropa de baño se me quedó, de milagro, enganchada a la punta del dedo gordo del pie derecho. No quiero ni imaginar el papelón que hubiese supuesto abordar el yate como vine al mundo ante ese ramillete de mujeres locas y, sobre todo, ante Audrey Hepburn. Cuando emergí del agua escuché que todas me gritaban cosas como: “¡Buena Martín!”.</p>
<p>Finalmente le tocó esquiar a Rodolfo y lo hizo mil veces mejor que yo, pero a él nadie lo aplaudió ni nada porque las masas siempre se ponen del lado de los principiantes. Cuando se cansó de hacer piruetas volvimos al yate.</p>
<p>Rachel esperaba a Rodolfo más bizca que nunca y, apenas subió, le dijo para conversar en la proa. Yo me hice el sueco y me fui a la popa a hablar con las chicas. Mientras me secaba con una mullida toalla blanca e intentaba impedir que los 3 litros de agua salada que tenía alojados en los senos paranasales saliesen expelidos por mi nariz, las chicas me contaron que Rachel les había confesado que yo no era su enamorado. Me dijeron también que me perdonaban el engaño porque lo había hecho por amistad y porque esquiaba muy bien para ser la primera vez en años. “Y porque tienes un trasero muy lindo”, añadió la chica de la boca chueca mientras yo me ponía colorado de vergüenza.</p>
<p>Les conté de mi exilio en el piso 11 y se quedaron muy intrigadas. Sólo la cagué un poco cuando se pusieron a recordar un capítulo de Friends y yo dije que en mi vida había visto Friends. Ahí sí me miraron como si acabase de llegar de Marte. Nos bebimos dos botellas de Moët Chandon mientras Rodolfo y Rachel daban un recital de chapes en cubierta.</p>
<p>A eso de las 5 de la tarde, Audrey Hepburn dijo que se tenía que ir a Lima, porque odiaba manejar de noche. Como yo también quería irme y no deseaba interrumpir a los reconciliados tórtolos que estaban escenificando una especie de propaganda de American Express, le pedí que me jalase. Ella estuvo encantada de hacerlo. Nos pasamos el camino riéndonos de Rachel, de su amiga de la boca chueca, de Rodolfo, de mi esquiada nudista y de toda esa exagerada situación que acabábamos de vivir. Me dejó en mi departamento y, para mi suerte, comenzamos a salir juntos durante un tiempo. Pero eso sí no les voy a contar porque fue tan lindo que prefiero recordarlo yo solito.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/07/07/la-mujer-de-los-cabellos-rojos-ataca-de-nuevo/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>El retorno de Martín Romaña</title>
		<link>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/</link>
		<comments>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 16:19:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>martinlopezderomana</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

		<category><![CDATA[matín romaña]]></category>

		<category><![CDATA[turbulencia]]></category>

		<category><![CDATA[vuelta a perú]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/?p=188</guid>
		<description><![CDATA[
Escribo este post desde algún lugar ignoto de la selva colombiana. No me he vuelto narco, sólo estoy sobrevolando Colombia en el avión que me lleva de regreso a Perú. A mi lado reposa el Señor Martinelli, quien ha sido dado de alta y retorna triste a casa porque ha tenido que despedirse de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/nino-espadachin1.jpg"><img class="size-medium wp-image-210 alignleft" style="margin-top: 0px;margin-bottom: 0px;margin-left: 6px;margin-right: 6px" src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/nino-espadachin1-168x300.jpg" alt="" width="151" height="270" /></a><br />
Escribo este post desde algún lugar ignoto de la selva colombiana. No me he vuelto narco, sólo estoy sobrevolando Colombia en el avión que me lleva de regreso a Perú. A mi lado reposa el Señor Martinelli, quien ha sido dado de alta y retorna triste a casa porque ha tenido que despedirse de la enfermera cincuentona de Pasadena con la que tuvo un affaire de la tercera edad (o de la era terciaria, como bromea él mismo).</p>
<p>La cosa es que duerme como si le acabasen de inyectar una damajuana llena de anestesia y no se entera de la bulla infernal que meten dos bebés mellizos en el asiento de adelante. Los veo por entre los asientos; los dos son igualitos, están vestidos igualitos y parecen poseídos por el mismo diablo chillador. Como en los aviones la gente es educada, nadie se acerca a los papás, que es muy probable que ya hayan perdido el oído, a decirles que le enchufen un chupón a cada uno o en su defecto les den un valium.<span id="more-188"></span></p>
<p>Estoy exhausto, he pasado los últimos dos días hablando con médicos y comprando medicinas que en el Perú no se venden, ya llevo seis horas de vuelo, me faltan varias más y no puedo dormir por culpa de esos niños que en vez de pulmones tienen sirenas de bolichera.</p>
<p>Por si fuera poco, hay una turbulencia terrible que hace que el avión se remeza como carro chocón y que no me deja tipear bien. Bueno, se acaban de callar los niños… algún alma caritativa los acaba de exorcizar. Disculpen que no les narre ahora la juerga esa que les prometí en Washington D.C. y que se puso peligrosísima, pero me caigo de sueño. Además de prometerles que en unos días la posteo, les dejo acá unas fotos de New York, que espero les guste tanto ver como a mí me gustó tomar.</p>

<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/pensando-en-el-parque-2/' title='pensando-en-el-parque-2'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/pensando-en-el-parque-2-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/mujer-arquera-3/' title='mujer-arquera-3'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/mujer-arquera-3-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/durmiendo-en-el-museo-4/' title='durmiendo-en-el-museo-4'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/durmiendo-en-el-museo-4-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/bronceada-en-el-parque-5/' title='bronceada-en-el-parque-5'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/bronceada-en-el-parque-5-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/rflejo-en-el-agua-6/' title='rflejo-en-el-agua-6'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/rflejo-en-el-agua-6-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/edificio-ny-7/' title='edificio-ny-7'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/edificio-ny-7-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/edificio-ny-8/' title='edificio-ny-8'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/edificio-ny-8-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/partida-de-ajedrez-9/' title='partida-de-ajedrez-9'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/partida-de-ajedrez-9-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/puente-ny-10/' title='puente-ny-10'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/puente-ny-10-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/parque-ny-11/' title='parque-ny-11'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/parque-ny-11-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/edicio-ny-12/' title='edicio-ny-12'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/edicio-ny-12-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/senora-del-panuelo-13/' title='senora-del-panuelo-13'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/senora-del-panuelo-13-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/nino-espadachin1/' title='nino-espadachin1'><img src="http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/files/2009/06/nino-espadachin1-150x150.jpg" width="150" height="150" class="attachment-thumbnail" alt="" /></a>

]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://aldeaw.rpp.com.pe/elblogexagerado/2009/06/22/el-retorno-de-martin-romana/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
	</channel>
</rss>
