Los surrealistas

| October 17, 2009 |

Cuando nos mudamos todavía había surcos en el parque. Nuestra casa era la única de la cuadra y los únicos amigos de barrio que teníamos eran los hijos de los obreros. No habíamos sufrido aún con la conciencia de que los niños son diferentes por haber nacido unos en una clínica y otros en la posta médica de una barriada. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión como dice Ende. El cuento de esta semana es que justamente por ser barrio nuevo y alejado era usado para prácticas de manejo en el día y por parejitas románticas en la noche.

Volvíamos con mi entrañable hermano Miguel no me acuerdo de dónde. A esa edad -diez años- se hacen tantas cosas, se cambia de atención tan rápido, que sólo lo más impresionante se convierte en recuerdo. Era de noche, caminábamos bordeando el parque y vimos un auto estacionado. Hasta aquí todavía estábamos dentro de la realidad, es decir, lo normal, lo socialmente aceptable, lo que se espera de unos chicos que van al colegio y todo. Pero ahora que recuerdo estas cosas se me ocurre que muy normales no éramos. Más bien éramos surrealistas. Y el surrealismo comenzó cuando Miguel me dijo que el señor del carro estacionado nos había insultado y yo lo creí sabiendo perfectamente que no podía habernos insultado porque pasó a velocidad y porque yo estaba ahí y nunca nos dijo nada. Y contra toda evidencia lo creí. La cosa es que mi hermano me dijo que le tirara un puñado de tierra en la cara. Y yo, muy obediente, recogí un puñado de tierra en cada mano y me acerqué a la ventana del auto. Logré ver que el señor estaba besándose con una chica y tenía un cigarrillo encendido en el cenicero. Le toqué el hombro y cuando volteó le arrojé toda la tierra en la cara. Pude ver una nube atrapada dentro del auto. Nos dio un furibundo ataque de risa. Y mientras yo todavía lagrimeaba el malvado de Miguel ya hace rato estaba corriendo hacia la casa.

Primero no entendí porqué hasta que mis ojos miopes vieron una lucecita roja que se movía de arriba hacia abajo y que se acercaba. Distinguí con horror que era el cigarrillo encendido que el hombre no había soltado mientras corría hacia mí para matarme. Como estaba en sayonaras me las saqué y arranqué a correr. Cuando llegué a la puerta de la casa el maldito de mi hermano me la cerró en la cara. El tipo ya casi me había atrapado en el preciso instante en que Miguel abre y me jala para adentro tirándole la puerta en las narices.

El pobre hombre se puso a tocar el intercomunicador cual moribundo llamando a la enfermera. Y aquí sí el surrealismo llegó a su máxima expresión. Miguel cogió el aparato y respondió imitando a mi mamá:

- Aló

El hombre todavía jadeaba por la carrera y la rabia…

- Aló señora, mire, sus hijos me han tirado tierra dentro del carro…

- Ah sí? ¿Cómo es posible? No se preocupe señor yo los voy a castigar ¡Manuel! ¡Miguel! ¡Vengan para acá! Toma, toma, toma!-

Y yo gritaba, mientras golpeaba una olla con un cucharón de sopa que encontramos en la cocina:

- No mamá, no nos pegues, no mamá con el cucharón no!!!

- Aló…

- Sí señor?

- Señora ya pare, no es para tanto, así son los chicos, traviesos…

- Bueno, hasta luego señor, no volverá a pasar…

En ese momento, entró mamá a la cocina…

- ¿Qué hacen?

- Nada, un poco de música

Y yo golpeaba la olla con el cucharón mientras Miguel silbaba una salsa.

- Chicos locos… ¿quieren comer algo?

No recuerdo si comimos, sólo sé que hasta ahora siento el alivio.

Comentarios

5 Comentarios para “Los surrealistas”

  1. Kike
    October 19th, 2009 @ 10:54

    Digno de Buñuel.

  2. Marcos
    October 20th, 2009 @ 19:52

    jua jua jua jua jua jua jua jua jua
    demasiado bueno
    y algunos dicen que las familias generan “pobreza”.
    millonarios, los padres

    si, bueno, si nosotros sus hijos somos su riqueza, sí que lo son…

  3. Edwin
    October 21st, 2009 @ 10:35

    Manuel, no puedo creer que tu hermano Miguel tenga sangre fría para esa parodia…que buena; lo mismo me pasó con una amiga de colegio (espero que me haya perdonado!), solo que no la encontré en un automovil, sino que se resbaló en la pista por huir de los carnavales y encima le echamos un balde tipo sansón llena de agua (en ese entonces el agua sobraba), por la noche vinieron sus padres a mi casa y mi hermano en vez de negarme, me echa con mis padres, luego de la conversa entre los papás me acuerdo que me sacaran el ancho, jejejjeje no era para menos, mi amiga tuvo parches y gasas en las piernas y brazos como si se hubiese resbalado en papel lija para fierro de buque….
    cosas surrealistas que nos pasan fruto de la inocencia, sentido del humor y del instinto de supervivencia…
    saludos.

    Mejor no contarlas a los hijos… no sea que las paguemos…

  4. Jimena SU
    October 23rd, 2009 @ 12:41

    Ay, pero qué gracioso!! Y se lo tenía bien merecido el hombre ese por hacer cosas indebidas!! jaja. Y qué creativo eso de fingir que la madre los estaba masacrando a los hijos. O sea, después de echarle tierra al tipo, lo hacen sentir culpable por propiciar maltrato infantil!!
    ¡Qué chicos tan geniales!

    que no la lean mis hijos…

  5. carla toranzo
    October 26th, 2009 @ 12:01

    A mi si me hubieran pescado si hacia eso… soy mas monse…que digo??!!! Yo jamas hubiera hecho eso…jajaja

    yo tampoco lo hubiera hecho si lo hubiera pensado un poquito… gracias a Dios uno madura ¿no? saludos y gracias por la visita

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  • Manuel Rodriguez

  • Sobre mí

    Tengo varios años de papá. Tengo muchos más de hijo. Siendo hijo me sabía quejar de mis papás. Siendo papá me sabía quejar de mis hijos como probablemente se quejaron de mí mis papás. Un día decidí dejar las quejas y tratar de vivir con sensatez las dos cosas. Bien difícil había sido, oiga. Así que el otro día se me ocurrió escribir la experiencia, no vaya a ser que haya otros papás (y mamás) en similar situación. Y otro día más dedicí poner todo en un blog. Y aquí estamos, esperando ayudar y ser ayudados.
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