Todo me parece bonito
| November 3, 2009 |
Hoy ha salido el sol y como ya saben, en este tipo de días todo me parece bonito.
Entré al Wong de Dos de Mayo, como quien celebra un medio día soleado metiéndose al supermercado más cercano. Tengo un cliché extraño con esta combinación “sol y supermercado”, debe ser una especie de remembranza de cuando iba de compras con mi abuela y ella metía en el carrito todas las cosas ricas de los estantes y yo iba sentada adentro feliz como solo los niños saben serlo. Hay una especie de armonía sincronizada en estos lugares, la gente se pasea pacíficamente con la única intención de saciar sus necesidades alimenticias. Es como una tregua universal reconocida por todos en un neo-santuario tan respetado como los tradicionales.Entré por la puerta feliz de Wong, en busca de un chocolate para cerrar con broche de oro la escena. Quería un bacci, esos bomboncitos con chocolate amargo por fuera, dulce por dentro y una avellana encima. Me acerqué con cierta emoción a la parte de los dulces y empecé a buscarlo, pero nada, no había bacci. Lo que había era ferrero rocher, un chocolate semejante pero menos consistente que además venía en presentación de a tres y costaba 5 lucas. Es verdad que estos chocolates normalmente vienen en paquetes, pero yo vengo acostumbrada a una rutina de baccis diarios a sol cincuenta, durante 4 meses, que compraba en un grifo al frente del wong de Benavides. Aún padezco los reflejos del hábito.
Aunque un poco desilusionada, sin desesperar empecé a caminar por los pasillos examinando las envolturas de los otros chocolates. Estaban los convencionales, sublimes, triángulos, ricos pero muy suavecitos para mi gusto. También habían los importados, grandotes y carísimos. Me preguntaba por qué no habría más chocolates (de los caros) en presentación individual de bomboncito. A veces uno solo necesita una pequeña dosis que te suba la glucosa y alegre el corazón.
Me acerqué a las cajas sabiendo que podría encontrar alguna cosa menos sofisticada pero no me quería dejar abatir por un percance de esta naturaleza. Hubiera sido una traición, una disonancia en un día tan generosamente soleado. Caminé de una caja a la otra y luego a la siguiente con la mejor de las voluntades, pero aún así nada me hizo ojitos. Justo en ese momento un pequeño fastidio perturbó por unos segundos mi tarde mágica; derrepente llegaban a mí preguntas como: “¿Realmente quiero otro chocolate que no sea bacci?, ¿Disfrutaré igual de este momento si no consumo algún chocolate?, ¿Me sentiré realizada comiendo el chocolate que fuere?” y todas esas cosas que solo una persona inoportunamente indecisa se hace en situaciones tan simples como esta.
Antes de llegar a salir de wong con la sensación molesta de no recordar para qué había entrado, pues tanta pregunta solo puede ser contraproducente en estas circunstancias, recordé al buen cua cua; unos de los chocolates más nobles del mercado: Bueno, un rico sabor a chocolate, sobrio y sin ostentaciones. Un clásico que ha sobrevivido a los años y a la competencia sin traicionar su línea ligera y sencilla. Debe tener sus hinchas para no haberse replegado ante tanto chocolate extranjero y tanto cambio en las presentaciones de los otros. Barato, cuesta 0.50 céntimos, lo cual está bastante aceptable y Efectivo, llega a saciar la apetencia chocolatera sin empalagar ni causar estragos mayores en el peso, creo.
Lo encontré en la caja nro.10. Pero solo por terquedad y porque tenía algo de tiempo que perder, me adelanté a ojear por última vez la siguiente caja para ver si no había por ahí un bombón con pinta de explosionar en la boca, pero no. Retrocedí ecuánime, cogí mi cua cua y se lo di a la cajera. Ella estaba riéndose excepcionalmente amable. Yo le sonreí igual y pensé que esto del sol y la alegría estaba funcionando. Me preguntó si ponía el cua cua en una bolsita. Por supuesto le dije que no porque lo iba a comer de inmediato. Me preguntó si tenía tiempo. Le pregunté para qué, pues estaba de buen humor pero tampoco tampoco. Me dijo que había una encuesta para llenar. Miré a mi alrededor buscando alguna referencia que me indicara si esta era larga y pesada o corta y fácil. Menos mal vi las hojitas en una parte de la caja, eran chiquitas. Sonreí otra vez con alivio y le dije que sí.
En la encuesta pedían marcar con un aspa el nivel de los servicios brindados; excelente, bueno, regular, malo. No quise parecer desatenta o indiferente con esto pero todos me parecieron muy buenos así que marqué excelente. Me preocupó un poco llenar tan rápido y en el mismo casillero todas las preguntas delante de esta cajera tan amable y risueña, en un día tan espléndidamente soleado, así que en una de ellas puse check en el casillero de bueno, sin mirar realmente. Cuando por curiosidad releí la pregunta justamente esta se refería a la atención en la caja, así que taché el check de bueno riéndome por dentro, y lo puse en el de excelente volviendo otra vez al mismo dilema de los checks indiferentes. Entonces recordé. Al fin tenía algo honesto que comentar en circunstancias como esta y quizá, solo quizá, mi sugerencia serviría para cambiar algo que para mi misma iba a significar una mejoría. Así que lo puse muy claramente: “Deberían vender chocolate bacci y tenerlo en las cajas en presentación individual”.
Entregué mi encuesta con orgullo y devolví a la cajera su sonrisa de despedida. Me fui abriendo la envoltura del cua cua. Una vez en la calle di mi primera mordida y sentí algo extraño, era cua cua de lúcuma. No sé a quién se le ha ocurrido combinar los cua cuas y los besos de mosa con lúcuma o algo rosado que dicen que es lúcuma. En fin, menos mal está saliendo el solcito y en estos días, todo me parece bonito.
Comentarios
8 Comentarios para “Todo me parece bonito”
Comenta Aquí




November 3rd, 2009 @ 12:02
no, no, no,!piensa piensa¡.
November 3rd, 2009 @ 15:14
Lali!,
estoy leyendo tus cuentos!
ahorita estoy en Trujillo, acabo de llegar de Piura, me voy mañana a Chimbote, el sol aquí es tremendo, y sí, antes habría dicho que detesto el sol, pero ahora con este brillo del cielo, todo me parece bonito.
En el Vivanda de Javier Prado hay bacci.
Un fuerte abrazo.
November 3rd, 2009 @ 17:24
no los como desde el colegio , cuando un amigo me regalo una cajita, en este momento puedo recordar el sabor, hasta el aroma , que rico!!!!!!!!!me voy a comprar al toque.
diana
November 3rd, 2009 @ 17:27
que rico , no como bacci desde el colegio puedo recordar el sabor y aroma ……..
que voy a comprar unos cuando salga de la chamba
besos
diana
son lo máximo!
November 4th, 2009 @ 10:37
Mmmm, chocolatito!!
Los que me gustan a mi: Los Milky de La Ibérica. Ay, son deliciosos, que es el mismo chocolate de las pastillas también de La Ibérica. Ahora que vaya a la universidad me compraré un Milky, ya me antojé.
Los otros por los que mueeero y me puedo comer uno tras otro tras otro son los Rafaellos y los Giottos, los dos de Ferrero. Ay, cómo me encantan!!! Pero esos no venden acá en Arequipa, así que una tía de cariño nos anda mandando Rafaellos de Argentina de cuando en cuando.
Pero si de endulzarme la vida se trata, con un Sublime está bien. Me gusta la combinación con maní. Y acá, eso siempre acompaña bien los 300 días soleados al año.
Pero es comprensible. A veces tenemos antojos específicos, a lo embarazada y queremos ESO y no aquello.
Qué tengas un buen día y que encuentres tus chocolatitos preferidos la próxima vez.
November 5th, 2009 @ 13:14
Adoro este post, adoro su autora, adoro los dia soleados, hoy es soleado aqui en TN y adoro a toda la humanidad, sin excepciones.
Magicman
PD olvidaba de darte tu beso, esta vez uno chiquito y timido.
November 11th, 2009 @ 11:21
Cua Cua! que rico chocolate… el mejor del universo.. también Mostro (súper crocante)!!!
Iré a comprar….
November 15th, 2009 @ 23:13
Son las 11:23 pm y ya me hiciste antojar un Cua cua, donde lo compro??? jaja Con el sol todo se pone bonito, con un sol te puedes comprar tu sanguchito d’onofrio
que siempre esta cerca de ti. Muy bueno tu blog.
Saludos
corre a comprarte uno Miguel!